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Retrato

 

La colección de retratos de Goya en el Prado abarca unas cuatro decenas de obras fechadas entre la primera y la última actividad del pintor como retratista. El ejemplo más temprano de la colección se fecha hacia 1783, en época de la Ilustración, y representa al Conde de Floridablanca, entonces secretario del Despacho de Estado, encargo que abrió a Goya las puertas de los importantes mecenas de la aristocracia madrileña, como los duques de Osuna, de Medinaceli o de Altamira, así como de personajes de relevancia, como los consejeros del Banco de San Carlos, del propio rey Carlos III y de su hermano, el infante don Luis. El retrato más tardío de la colección, ya de carácter romántico, representa a Juan Bautista de Muguiro y fue pintado en 1827, pocos meses antes del fallecimiento del artista.

A la apertura del Museo del Prado en 1819 figuraban, como ejemplos del arte de Goya procedente de la Colección Real, los retratos ecuestres de Carlos IV y María Luisa de Parma, que eran, junto con El picador ahora conocido como El garrochista (P00744), las únicas obras del artista expuestas en aquel momento. El gran lienzo de La familia de Carlos IV ingresó hacia 1828 junto con los cinco estudios del natural que se conservan, aunque no fue expuesto al público hasta 1867. En 1847 llegaron desde el Palacio del Buen Retiro los retratos de Carlos III cazador, de Carlos IV y de La reina María Luisa con tontillo.

En 1872 ingresaron, por la fusión del Prado con el Museo de la Trinidad, los retratos de Fernando VII con manto real y del actor Isidoro Máiquez, ambos procedentes del Ministerio de la Gobernación; además, el retrato de Leocadia Zorrilla (?), entonces titulado como la esposa del pintor y el Autorretrato pintado en 1815, que fueron adquiridos por el Ministerio de Fomento para el Museo de la Trinidad. También se incorporaron el retrato del Pintor Francisco Bayeu, adquirido por el Museo de la Trinidad al biznieto del modelo en 1866, y Fernando VII ante un campamento, cedido al mismo por la Escuela de Ingenieros de Caminos en 1869.

En 1906, en Ministerio de Estado adscribió al Prado el retrato del Cardenal infante don Luis de Borbón y Vallabriga, mientras en 1911 ingresó el retrato de Carlos IV, de rojo, procedente de la Casa de la Moneda, junto dos parejas de retratos de Carlos IV y de María Luisa de Parma, copias de originales de Goya.

La colección de retratos se enriqueció especialmente con adquisiciones y legados de obras de relevancia, la mayoría ofrecidas por descendientes directos de los retratados. Con los legados llegaron el retrato de Tadea Arias de Enríquez en 1896, el de Los duques de Osuna y sus hijos en 1897 y, en el mismo año, los retratos de varios miembros de la Casa Villafranca, precisamente El duque de Alba, La marquesa viuda de Villafranca y María Tomasa de Palafox y Portocarrero, marquesa de Villafranca, pintando a su marido. En 1884 se incorporó el Retrato ecuestre del General José de Palafox y en 1908 Juan Bautista de Muguiro. Con el legado de Pedro Fernández Durán de 1930 entró El general Antonio Ricardos. En 1975 fue donado el retrato del Conde de Floridablanca.

En 1896 se realizó la primera adquisición de un retrato de Goya, precisamente del General José de Urrutia, ofrecido en la venta de los bienes de la casa de Osuna. En 1931 se compró el retrato de Manuel Silvela. A lo largo de los años entre 1974 y 2000 se enriqueció la colección con la adquisición de los retratos de Gaspar Melchor de Jovellanos y de María Teresa de Vallabriga en 1985, y de los pequeños retratos de Juana Galarza de Goicoechea y de Manuela Goicoechea en 1978 y 1989. En 1986 el Estado español pudo recuperar el retrato de la Marquesa de Santa Cruz, exportado ilegalmente en 1983 y ofrecido en una subasta londinense en 1985. En 1995 se adquirió el pequeño Autorretrato pintado hacia 1796-97, y en 1997 La duquesa de Abrantes. En 2000, el Prado ha podido incorporar el retrato de La condesa de Chinchón, obra maestra pintada en 1800 y adquirida a los descendientes directos de la modelo.

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