El conjunto más numeroso de la exposición lo forman los dibujos del siglo XVII. En él están representadas las dos principales escuelas españolas, la andaluza y la madrileña.
Dibujos andaluces
En Sevilla, a la sombra de los prósperos talleres, se desarrollo una intensa labor teórica sobre el arte que condujo a la creación de una Academia de dibujo, en la que su práctica fue reconocida como fundamento de la actividad artística.
Enlazando con los dibujos del siglo XVI, de clara influencia italiana, se presenta uno de los pocos diseños conocidos del romano fallecido en Sevilla Angelino Medoro (1567-1633). Santa Inés mantiene el enfoque manierista italianizante de la figura humana.
Francisco Pacheco (1564-1644), pintor y tratadista, se dedicó intensamente a la práctica del dibujo. El rey David ejemplifica su estilo como dibujante, de trazo preciso y volúmenes angulosos que revelan la influencia flamenca. Fue también autor de un Libro de retratos, en el que representó, con extraordinaria precisión, a los más ilustres varones de la sociedad sevillana de su época. Constituidos como ejemplos técnicos y modelos iconográficos, sus retratos fueron copiados e imitados por discípulos y seguidores.
Francisco de Herrera “el Viejo” (h. 1590- 1654) es autor de vigorosos dibujos a pluma de caña en los que se refleja el conocimiento del lenguaje del grabado a buril y al aguafuerte.
Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) es el mejor dibujante de la escuela sevillana de la segunda mitad del siglo. Su dominio de las diferentes técnicas gráficas se pone de manifiesto en el dibujo muy acabado de la Inmaculada y en el rápido apunte a pluma de los Santos Juan Bautista, Justa, Rufina Y Félix de Cantalicio.
Antonio del Castillo (1616-1668) es uno de los más prolíficos dibujantes españoles y el mejor representante del foco cordobés. Su producción gráfica permite apreciar su dominio de las diferentes técnicas, desde la sanguina en composiciones preparatorias muy acabadas para pinturas, a la pluma en rápidos pero minucioso apuntes de figuras y composiciones. Discípulos y seguidores suyos en Córdoba como Antonio García Reinoso (1623-1677) y Antonio Acisclo Palomino (1655-1726) demostraron la pervivencia gráfica de su estilo en el dibujo a pluma.
Alonso Cano (1601-1667) fue el más afamado y valorado de los dibujantes de su época. Artista polifacético, en sus dibujos muestra su actividad como arquitecto, escultor y pintor. Creador de modelos de éxito, sus composiciones se divulgaron notablemente a través de los dibujos, siendo copiados e imitados por sus seguidores.
Dibujos madrileños
Vicente Carducho (h. 1578-1638), a la sombra de los artistas italianos de El Escorial, inicia en Madrid la reivindicación del dibujo como fundamento del arte. Incansable dibujante, realizaba rápidos apuntes de figura y dibujos muy acabados que servían de modelo para la posterior elaboración de las pinturas.
En la segunda mitad del siglo, al amparo de los numerosos programas decorativos de la capital, surge un nutrido grupo de artistas que van a dejar constancia de su actividad como dibujantes. El movimiento de las figuras, el abigarramiento de las composiciones y los acusados efectos lumínicos característicos del pleno barroco, constituyen las señas de identidad de los dibujos de estos artistas.
Francisco Rizi (1614- 1685) y Mateo Cerezo (1637-1666) están presentes con dos dibujos realizados con un trazo nervioso a pluma e intensas aguadas, preparatorias para pinturas religiosas. Más acabados son los dibujos de Sebastián Herrera Barnuevo (1619-1671) y José Antolínez (1635-1675).
En las obras de Juan Bautista Martínez del Mazo (h. 1611/4-1667) y Matías de Torres (h. 1635- 1711), se aprecia el uso exclusivo de la pluma para expresar la idea inicial de una composición. La utilización del dibujo como medio para definir el programa decorativo de un fresco se ejemplifica en la obra de José Jiménez Donoso (h. 1628 [?]-1690). Finalmente dos dibujos de Claudio Coello (1642-1693) muestran lo elaborado de su método de trabajo, con observaciones de rostros y estudios de figuras para sus lienzos. Especialmente relevante es la Alegoría de la Religión, preparatoria para su gran lienzo de la Sagrada Forma de El Escorial.
Una mención especial merece el conjunto de dibujos expuestos de Francisco de Herrera “el Mozo” (1627- 1685) que muestran la versatilidad de su actividad y el excelente dominio en el uso combinado de la pluma y la aguada.
Jusepe de Ribera (1591- 1652)
Los dibujos de Ribera revelan su continua práctica del dibujo y su valor como medio de expresión autónoma, propio del ambiente italiano en el que desarrolló gran parte de su carrera artística. Muy variados técnica y estilísticamente, entre ellos hay rápidos bocetos en los que utiliza la pluma y la aguada, mientras que otros son muy acabados, realizados con lápiz negro y sanguina, con la punta más o menos afilada, y que servirían de modelo de presentación para sus pinturas, de lo que es buen ejemplo David decapitando a Goliat, una de las obras maestras de esta exposición.