En colaboración con la Diputación de Zamora, el Museo refuerza su vocación de llevar el arte más allá de sus muros y continúa con este proyecto que adquiere un significado especialmente profundo al desplegarse en municipios de un territorio que, pese a sufrir el incendio forestal que más superficie ha quemado en España desde que hay registros, conserva una belleza sobrecogedora y un gran potencial para su recuperación. Al emplazarse en espacios naturales, obras como La Anunciación de Fra Angelico, la Maja vestida de Goya o el Autorretrato de Durero alcanzan una resonancia inédita, invitando a la ciudadanía a redescubrir la belleza y el arte en su día a día.
Las reproducciones, en tamaño real y con sus marcos y cartelas explicativas, recrean la experiencia del museo al aire libre, buscando despertar el asombro y la curiosidad de todos. Si en la Comarca de Belchite (Aragón) eran un guiño a la España vacía, en esta ocasión su presencia en Zamora aporta una mirada que enlaza cultura, resiliencia y futuro, contribuyendo a poner en valor un entorno natural único que, aun en proceso de recuperación, mantiene intacta su capacidad de emocionar a quienes lo visitan.
Estas reproducciones llegan a un total de catorce localidades: en Zamora, como centro desde donde se explica la iniciativa y se invita a conocerla, se ha instalado Lucha de san Jorge y el dragón, de Rubens; en Hermisende, La Anunciación, de Fra Angelico; en Lubián, se exhibe Cardenal, de Rafael; en Ribadelago, está El quitasol, de Goya; en San Martín de Castañeda, puede verse El sueño de Jacob, de Ribera; en Galende, se puede contemplar el Autorretrato, de Durero; en Trefacio, Bodegón con flores, copa de plata dorada, almendras, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre, de Clara Peeters; en El Puente de Sanabria, La rendición de Breda, de Velázquez; a Puebla de Sanabria llegan dos obras: El caballero de la mano en el pecho, del Greco y Carlos V a caballo en la batalla de Mülhberg, de Tiziano; a Otero de Sanabria llega Santa Isabel de Portugal, de Zurbarán; en Asturianos, La maja vestida, de Goya; y Mombuey, Santa Cruz de los Cuérragos y Villardeciervos reciben Venus y Adonis, de Veronés; Felipe II, de Sofonisba Anguissola; y Las hilanderas, de Velázquez, respectivamente.
Con “En un lugar …”, el Museo del Prado demuestra que su colección no solo habita en las salas, sino que puede ser un motor de recuperación y diálogo en nuestro entorno natural.