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La obra invitada: La acróbata de la bola, Picasso

16.09.2011 - 08.01.2012

A través del programa expositivo “La obra invitada”, el Museo del Prado brinda ahora a sus visitantes la excepcional oportunidad de contemplar durante un trimestre completo La acróbata de la bola, una de las obras más sobresalientes del periodo rosa de Picasso, en la que será su primera salida del Museo Pushkin de Moscú en 40 años y su primera exposición en España.

Comisario:
Javier Barón, Jefe de Departamento de Pintura del Siglo XIX

Acceso

Sala 60

Patrocinada por:
Fundación de Amigos del Museo del Prado
Año dual España-Rusia 2011

Multimedia

Exposición

La acróbata de la bola, Picasso

La acróbata de la bola, Picasso
L´Acrobate à la Boule
Picasso
Óleo sobre lienzo. 147 x 95 cm
1905
Museo Pushkin, Moscú

Desde 1904, Picasso visitaba a menudo el Circo Medrano, instalado cerca del estudio que el artista tenía en el Bateau-Lavoir, en Montmartre. La afición al circo se había desarrollado ya entre los pintores impresionistas atraídos por su luz y su movimiento. Sin embargo, la aproximación de Picasso tiene un carácter más universal y profundo. A través de las simbólicas figuras del circo, el pintor realizó una reflexión sobre la vida del artista y la vinculó a su investigación sobre los problemas fundamentales de la pintura. Las dos figuras principales de esta obra revelan los polos del arte de Picasso, la creatividad y la fantasía, por un lado, y la seriedad y el rigor, por otro. La acróbata sobre la bola, presente también en otra pintura importante de ese momento, Los saltimbanquis (The Baltimore Museum of Art, The Cone Collection), muestra el temperamento de juego propio del artista. Su amigo íntimo, el escritor Guillaume Apollinaire, la interpretó en términos de una danza estelar, alusiva a la radiante armonía del cosmos.

Tras la intensa y melancólica expresividad de su época azul, en esta nueva etapa, desarrollada en París en 1905, Picasso indagó de un modo esencial sobre los aspectos más plásticos de la pintura: el dibujo, conciso y enérgico; la forma, cerrada y perfecta; y el volumen, muy marcado. Su búsqueda se orientó así hacia un rumbo muy distinto al de los jóvenes artistas franceses, fascinados por el colorido violento del fauvisme.

El artista malagueño, necesitado por entonces de materiales, reutilizó uno de sus lienzos grandes en el que había pintado un retrato del pintor Francisco Iturrino (1864-1924), del que existe testimonio fotográfico y radiográfico, y que se había expuesto en 1901 en la galería Ambroise Vollard, en París, durante la primera muestra de Picasso, que compartió con el propio Iturrino.

La composición de La acróbata de la bola, que estudió en varios dibujos preparatorios, revela un cuidado equilibrio entre la ligereza de la acróbata y el peso del atleta. La esfera y el cubo en los que, respectivamente, se apoyan, realzan aquellas cualidades y el consiguiente contraste entre ambas figuras. Por otra parte, son sólidos geométricos asociados desde antiguo, en la tradición platónica, a las características de perfección y estabilidad. Además, la muchacha aparece pintada casi en dos dimensiones, lo que resalta su ingravidez frente al volumen, modelado por las gradaciones de luz y sombra, del hombre. El color, con calidades de pintura mural en una gama restringida de rosas y ocres, y el depurado paisaje del fondo, que se ha relacionado con los de la infancia malagueña del artista, contribuyen de modo decisivo a la esencialidad de la obra.

La obra, adquirida por la norteamericana Gertrude Stein, pasó luego a la Galería de Kahnweiler, que la vendió en 1913 al coleccionista ruso I. A. Morosov. Tras la Revolución, pasó a formar parte de las colecciones estatales, y sólo en contadas ocasiones ha sido prestada por el Museo Pushkin de Moscú, en el que se conserva.

 

El Museo Pushkin

El Museo Pushkin
Museo Pushkin

El Museo Pushkin de Moscú, situado en el centro de la ciudad, posee una de las colecciones dedicadas al arte europeo más importantes de Rusia, tan solo superada por el Hermitage de San Petersburgo. Alberga en sus fondos más de 500.000 piezas entre las que se encuentran obras desde la Antigüedad hasta los primeros años del siglo XX.

Fundado con fines educativos por el profesor universitario y filólogo Ivan Vladimirovich, se inauguró en 1912 como Museo de Bellas Artes con el nombre del Emperador Alejandro III.

Tras la Revolución Rusa pasó a denominarse Museo Estatal de Bellas Artes y durante el período de 1924 a 1930 se produjo el mayor crecimiento de sus fondos debido a la nacionalización de obras de arte procedentes de coleccionistas particulares y la aportación de antiguas colecciones de San Petersburgo, especialmente del Hermitage.

La institución, que recibió su nombre actual en 1937, alberga momias egipcias, cerámicas y esculturas griegas, y pintura europea, colección en la que destacan autores como Bronzino, Botticelli, Rembrandt, Poussin o Canaletto y cuyo repertorio de pintura de finales del siglo XIX y comienzos del XX ha dado renombre mundial a este Museo con obras de Monet, Renoir, Degas, Cézanne, Van Gogh, Gauguin, Matisse, Picasso y Kandinsky.

La directora del Museo Pushkin, Irina Antónova (Moscú, 1922), ocupa el cargo desde 1961, lo que hace de ella la persona con más años de experiencia en esta responsabilidad y la más longeva entre los directivos de los grandes museos de arte a nivel mundial. La trayectoria de Irina Antónova ha sido reconocida, entre otros numerosos premios y galardones, con el Premio Estatal de la Federación Rusa y con la Orden de las Artes y las Letras de Francia.

Actividades

La obra invitada

2011

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