Cuando la obra de Abengoa llegó al Prado se encontraba en un buen estado de conservación, pero estaba oscura, apagada y sin volumen.
Los barnices acumulados y restauraciones anteriores restaban transparencia e impedían ver con claridad el lugar que debía ocupar cada una de las partes diseñadas para esta composición. Por eso, a pesar de su aparente buen estado, no mostraba estas necesarias referencias de espacio y profundidad.
Los tratamientos efectuados han ido dirigidos a la consolidación de la pintura –proceso que evita posibles desprendimientos o levantamientos de su craquelado- y a la eliminación de intervenciones anteriores que ocultaban la pintura original. Al suprimir los barnices y los repintes, la obra muestra el virtuosismo técnico y estilístico de Murillo en esta etapa de madurez. Los análisis técnicos y químicos han respaldado la pauta de intervención, a la vez que ayudan a entender la técnica y proceso creativo del autor.
En esta obra, donde la iluminación es uniforme pero con marcados contrastes, Murillo proyecta primero el celaje y los fondos sobre el medio tono de la preparación, que tiene un color grisáceo. Después encaja la figura en la zona que ha dejado reservada para ello, la penumbra de la gruta, resaltando del fondo por su pincelada mucho más empastada.
La pincelada es muy versátil, y es la protagonista de su estilo. Con el pincel cargado modela las carnaciones, marcándose la huella del pincel. Consigue los efectos etéreos en el paisaje diluyendo su carga, y alcanza las transparencias de los fondos licuando al máximo el pigmento. Los toques finales los hace con pinceladas secas que marcan los puntos importantes de luz.
Trabaja por capas, superponiendo las claras sobre las oscuras, para hacer que se aprecien los contornos. El modelado de rostro y manos es más pastoso que el del manto. A su vez las telas son más empastadas que el fondo. El efecto oscuro de la gruta se consigue con una pincelada muy homogénea y poco marcada.
La restauración ha permitido volver a entender el mensaje, y comprender cómo se comunica el autor a través de la materia pictórica.
En paralelo se ha restaurado el marco, que si bien no es el original que se conserva en el altar de la iglesia del Hospital de los Venerables, se trata de una magnífica pieza de estilo “Primer Imperio” realizada, probablemente, cuando el cuadro llegó a Francia por obra del ejército de Napoleón.