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Clara Peeters. Una historia en imágenes

Recurso interactivo (scrollytelling) sobre la obra de Clara Peeters.

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Son escasos los datos que conocemos sobre Clara Peeters, una de las pocas mujeres que se dedicaron a la pintura en los comienzos de la Edad Moderna. Apenas contamos con unas pocas referencias documentales -exclusivamente sobre sus obras, no sobre su vida- y con los extraordinarios bodegones que pintó, unas cuarenta obras aproximadamente.

Esta exposición reúne 15 obras, procedentes de diversos museos y colecciones. Cuatro de ellas son propiedad del Museo del Prado.

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La escasa información que tenemos sobre Clara Peeters contrasta con los numerosos autorretratos que incluyó en sus composiciones, siempre a través de reflejos sobre metal y vidrio.

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La Flor de lis indica que formaba parte de la Colección de Isabel de Farnesio.

Dos de las tablas del Museo del Prado se documentan por primera vez en 1746 en el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso como parte de la Colección de Isabel de Farnesio (Flor de lis). Las otras dos posiblemente se corresponden con dos bodegones citados ya en 1666 en el Alcázar.

Prácticamente todos los cuadros de Clara Peeters son bodegones, un tipo de pintura que empieza a ponerse de moda a comienzos del siglo XVI y que rápidamente alcanzará un gran éxito, especialmente en los Países Bajos.

Sus composiciones incluyen ricas vajillas, flores y todo tipo de alimentos: frutas, pescados, aves, pan, queso, aceitunas...

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Los saleros eran objetos muy preciados, debido sobre todo al precio de la sal, que se utilizaba para conservar la carne y diversos tipos de pescados, y también para hacer queso o adobar aceitunas. Se solía coger del salero con la punta de un cuchillo.

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Generalmente los alimentos y objetos se disponen sobre la superficie desnuda de una mesa de madera. En este caso la artista incluyó un rico mantel de damasco de lino, un tipo de pieza que se exportaba desde Flandes al resto de Europa. Presenta marcas de haber estado plegado.

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La Flor de lis indica que formaba parte de la Colección de Isabel de Farnesio.

No sabemos si Clara Peeters estuvo casada. En seis de sus obras incluye el mismo cuchillo, un regalo de esponsales, que quizás fuese suyo. Colocados siempre en un lugar destacado, en ellos coloca su firma. Varios presentan también una marca que indica que fueron fabricados en Amberes.

Diversos testimonios permiten suponer que la artista desarrolló su trabajo en Amberes, aunque pudo realizar algún viaje al Norte, a Holanda. Aunque no aparece inscrita en el gremio de pintores de la ciudad, es citada en un documento como pintora de Amberes y seis de sus cuadros tienen marcas que indican que las tablas fueron preparadas en esa ciudad.

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Una mosca se ha posado sobre el jarrón de cerámica. Es un recurso, de origen clásico, que sirve para reforzar el ilusionismo del cuadro, la sensación de estar ante una composición real, viva. Más abajo hay un saltamontes.

Bodegón con frutas y flores. Oxford, The Ashmolean Museum. Bequeathed by Daisy Linda Ward, 1939

En los Países Bajos se comía mucho pescado, tanto peces de agua dulce, que se consumían frescos, como peces de agua salada, que se conservaban en salazón, como los arenques. La abundante presencia de pescado en la dieta se relaciona con la prohibición de comer carne durante los días de ayuno: las seis semanas de Cuaresma, los viernes (porque era el día de la Crucifixión), los sábados (día de la Virgen María)…

Bodegón con pescado, gambas, ostras y cangrejos de río (detalle). Amberes, Koninklijk Museum voor Schone Kunsten

Clara Peeters fue una innovadora. Este es el primer bodegón con pescado que se conoce y quizás el primero que se pintó. Anteriormente ya se habían representado pescados en escenas de cocina y de mercado, pero no de manera aislada como protagonistas, casi exclusivos, de una composición. La artista hizo al menos nueve cuadros con pescados.

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Las alcachofas -prácticamente desconocidas hasta la segunda mitad del siglo XVI- se consideraban afrodisiacas. En realidad son la cabeza de una flor sin abrir; si se deja brotar se convierte en una flor rosada, roja o púrpura, como se ve en otros bodegones de Clara Peeters, al mostrarlas cortadas.

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La vela apagada es a menudo una referencia al paso inevitable del tiempo.

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1611-1612 es el período de mayor actividad de Clara Peeters.

Clara Peeters representó pocos animales vivos. Además de aves de presa, en alguna de sus composiciones incluyó un gato robando pescado o un mono, que ejemplifica el gusto por las mascotas exóticas que existía en la corte flamenca, y también en el resto de Europa.

Bodegón con pescado y gato (detalle). Washington D.C, National Museum of Women in the Arts. Gift of Wallace and Wilhelmina Holladay

Varias composiciones de Clara Peeters incluyen halcones y gavilanes. Aluden al arte de la cetrería, una modalidad de caza asociada desde la Edad Media a la realeza y la alta nobleza. Diversas leyes promulgadas en los Países Bajos del Sur en época de la artista mantienen esa exclusividad.

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Posiblemente los pájaros más pequeños del cuadro -los pinzones sujetos a una rama, el tordo situado junto al plato con dos pichones ya desplumados y el camachuelo común, de vivo plumaje rojizo- han sido presa del gavilán. No así la gallina y el ánade colocado sobre la cesta de mimbre, de mayor tamaño.

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Con frecuencia aparecen conchas exóticas en los bodegones. Vinculado a las expediciones científicas y comerciales a tierras lejanas, su coleccionismo era una afición popular entre las élites de los siglos XVI y XVII.

En los siglos XVI y XVII pocas mujeres pudieron dedicarse a la pintura de manera profesional. La mayoría de ellas eran hijas de pintores, bajo cuya órbita se formarían. Desconocemos si ese es el caso de Clara Peeters. En cualquier caso, tenían prohibido el dibujo anatómico, que generalmente se hacía a través del estudio del natural de modelos masculinos desnudos, lo que condicionaba su aprendizaje. Por ese motivo, muchas de esas mujeres pintoras se especializaron en la pintura de bodegones.

Este tipo de copas doradas eran típicas de Núremberg y otras ciudades alemanas, pero también se hacían en los Países Bajos Meridionales.

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Como otras mujeres pintoras, Clara Peeters a menudo incluyó autorretratos en sus cuadros, como signo de autoafirmación. En ocho de ellos vemos su imagen reflejada en las superficies de jarras y copas. Aquí se representa al menos seis veces. Parece joven, lleva la cabeza descubierta y sostiene los pinceles en una mano y la paleta en la otra.

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Esta rica copa se repite en otras obras de Clara Peeters; posiblemente era suya o pudo dibujarla con detalle en casa de su propietario. Debió de emplear calcos para reproducir algunos objetos o elementos que repetía en sus cuadros, pero siempre introducía alguna variante.

Bodegón con flores, copas doradas, monedas y conchas. Karlsruhe, Staatliche Kunsthalle

Una categoría específica dentro de los bodegones son los llamados “bodegones dulces o de confitería”, donde encontramos almendras, higos, pasas, frutas escarchadas, barquillos, panecillos, galletas y dulces de mazapán.

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El soldado que decora la tapa de la rica copa de plata dorada ha hecho pensar que el cuadro contenga un mensaje cristiano: la necesidad de escoger entre lo material y lo espiritual. Probablemente se trate únicamente de un objeto de lujo, acorde con la decoración del comedor de una rica familia.

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Clara Peeters empleó oro -reducido a polvo y mezclado con un aglutinante- para reproducir la práctica real de utilizar oro y plata para adornar los hojaldres, como recogen algunos libros de cocina de la época.

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Este dulce en forma de letra “P” es probablemente una sutil referencia a su apellido, aunque la tabla está firmada -CLARA PEETERS- en el ángulo inferior izquierdo.

Bodegón con dulces, granada, copa dorada y porcelana. Colección Particular

Los bodegones de Clara Peeters ofrecen una información detallada y precisa sobre los alimentos que se consumían en los Países Bajos y también sobre la vajilla que se utilizaba. Muchas piezas eran importadas, como el plato de porcelana blanca y azul -del tipo conocido como kraak- que procede de China y es característico del reinado del emperador Wanli (1573-1620).

“El queso es el pan de Holanda, el queso es la riqueza de Holanda” decían los textos de la época. Era un producto barato, al alcance todo el mundo, pero la variedad es signo de opulencia.

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La mantequilla formaba parte esencial de la alimentación en Flandes. Al estar colocada sobre el queso puede ser una referencia a los excesos gastronómicos, como señalaba un proverbio de la época: “El queso y la mantequilla son obra del demonio”.

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La jarra de cerámica de Raeren (Bélgica) podía usarse para beber vino o cerveza. En su tapa de peltre puede verse el autorretrato de la artista.

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El queso marrón verdoso curado es del tipo edam. El más grande es un queso gouda y el que está encima es un queso de oveja triangular del que se ha cortado un trozo. Este tipo de quesos se producían, sobre todo, en la provincia de Holanda del Norte.

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La copa a la facón de Venise (a la manera veneciana) puede ser una pieza importada de Italia, aunque también se elaboraban cristalerías similares en Amberes y otras ciudades de los Países Bajos.

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El intenso color azul se debe a la utilización del costoso pigmento lapislázuli, que no se degrada con el tiempo, como sí ocurre con el azul cobalto empleado en otros bodegones. Su utilización puede deberse a una petición expresa del cliente o bien podría ser una opción que Peeters ofrecería a su posible clientela.

Bodegón con quesos, almendras y panecillos. Mauritshuis, The Hague
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