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Historia

La sierra de Guadarrama en el Museo del Prado

En este año de 2016 se cumple el centenario de la aprobación de la primera Ley de Parques Nacionales en España. El Museo del Prado se ha querido unir a la celebración de este aniversario organizando un recorrido a través de algunas de sus obras en las que se ha tomado como modelo para sus paisajes la sierra de Guadarrama y su entorno, declarado parque nacional mediante la Ley 7/2013, de 25 de junio.

La sierra de Guadarrama
en el Museo del Prado

Jaime Morera, Piornos de Guadarrama (detalle) h. 1901

La sierra de Guadarrama

La sierra de Guadarrama es una alineación montañosa perteneciente a la mitad este del Sistema Central, situada entre las sierras de Gredos y de Ayllón. Se extiende en dirección suroeste-noreste entre las provincias de Madrid, al sureste, y Segovia y Ávila, al noroeste. Mide aproximadamente 80 km de longitud y su pico más alto es el de Peñalara con 2.428 m. La palabra Guadarrama proviene del término árabe Uad-ar-rámel, que significa río del arenal y hace referencia al río Guadarrama. Uad(i) significa 'río', y ar-rámel 'arenoso'. Siendo esta última explicación la más común sobre el origen del término, es muy posible, sin embargo, que los árabes reinterpretaran el topónimo preexistente latino Aquae dirrama, como guaderrama, 'divisoria de aguas', por ser la sierra la divisoria principal de las cuencas del Tajo y del Duero.

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La sierra de Guadarrama en el Prado

Uno de los factores que justifican la aparición de la sierra de Guadarrama en el arte es su situación geográfica. A tan solo 60 km de Madrid, su proximidad al centro de creación pictórica más importante en la península Ibérica desde el siglo XVII hasta el XIX hizo que buena parte de los pintores de esas épocas que trabajaron en la Villa y Corte conocieran, al menos de lejos, estas montañas. Algunos de ellos tuvieron que atravesarlas, pues eran paso obligado de comunicación hacia el norte de la península, pero, además, a sus pies se establecieron dos sitios reales muy frecuentados por la corte: El Escorial, en la vertiente sur, y La Granja, en la norte, sin contar con el apenas usado de Riofrío o el de Valsaín, del que solo se conservan algunos restos.

Felipe IV a caballo

Para la representación del monarca, en la que se conjugan domino, serenidad y majestad Velázquez siguió la fórmula utilizada por Tiziano casi un siglo antes en Carlos V en la batalla de Mühlberg (1548) y situó al jinete ante un amplio paisaje que contribuye a transmitir la sensación de serenidad que domina el cuadro. Las curvas del horizonte nos recuerdan a la sierra de Hoyo de Manzanares vista desde el monte de El Pardo. Esta sierra sirve de barrera natural entre las cuencas de los ríos Manzanares y Guadarrama. Esta era una de las zonas frecuentadas por el monarca en sus sesiones de caza.

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