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El Museo de San Telmo incorpora a su discurso expositivo Patio de un parador de Elena Brockmann Lunes, 28 de febrero de 2022
Esta obra, de grandes dimensiones, fue depositada por el Museo Nacional del Prado en el Museo de San Telmo en 1901. Se trata de una de las primeras obras que ingresa en el museo de San Sebastián y la primera pintada por una mujer.
Ahora, con motivo de la exposición “Baginen Bagara. Artistas mujeres: lógicas de la (in)visibilidad”, la obra se ha restaurado y se mostrará durante un año en las salas de la colección histórica de arte del Museo de San Telmo.
Junto a la obra se presenta una tabla en la que se puede ver a la artista trabajando, así como un vídeo del proceso de restauración.
De izquierda a derecha: Jaime Otamendi, director de Donostia Kultura; Carlos G. Navarro, técnico del Área de Pintura del Siglo XIX del Museo Nacional del Prado; y Susana Soto, directora de San Telmo Museoa, durante la presentación. Foto © Oskar Moreno
Con motivo de la exposición “Baginen Bagara. Artistas mujeres: lógicas de la (in)visibilidad”, que aborda, a través de las colecciones del Museo San Telmo y la Diputación Foral de Gipuzkoa, las estrategias que el sistema del arte ha utilizado desde el siglo XIX para marginar a las artistas, la obra Patio de un parador de Elena Brockmann ha sido sometida a un proceso de restauración que ha permitido la recuperación de su textura y colores originales.
Así, el cuadro de Elena Brockmann se exhibirá durante un año en las salas de la colección histórica de arte del Museo San Telmo, y se ha situado cerca de varias obras de Joaquín Sorolla, coetáneo. Junto con la obra de Brockmann se muestra una tabla procedente de una colección particular, en la que podemos ver a la artista pintando el cuadro Paso de una procesión por el claustro de San Juan de los Reyes, Toledo en su taller, rodeada de sus útiles de trabajo.
Se presenta asimismo un vídeo que recoge el proceso de estudio y restauración que se ha llevado a cabo en Gordailua durante los últimos meses. La obra se encontraba en buen estado de conservación, pero debido a la oxidación de los barnices, los colores originales se encontraban envueltos en un halo amarillento, opaco. La limpieza les ha devuelto su frescura y permite ahora contemplar el cuadro con todos sus matices.