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Una obra del taller de Velázquez

El Museo Nacional del Prado incorpora a su colección un retrato del Conde Duque de Olivares donado por sir John Elliott Miércoles, 2 de octubre de 2024

Se trata de un retrato vinculado al taller de Velázquez que permite ir completando la rica casuística de la producción relacionada con el maestro sevillano y, además, enriquecer la iconografía del Conde Duque en las colecciones del Prado.

Esta obra forma parte de un grupo de seis de pinturas que derivan del original que se encuentra en el Museo del Hermitage y es la que posee mayor calidad y una escritura pictórica más espontánea.

El Museo Nacional del Prado incorpora a su colección un retrato del Conde Duque de Olivares donado por sir John Elliott

El Conde duque de Olivares. Taller de Diego Velázquez. Madrid, Museo Nacional del Prado

En octubre de 2015 se ha aceptó la donación con derecho de usufructo de sir John Elliott, el que fuera Patrono de Honor del Real Patronato del Museo del Prado, de esta obra, un retrato de busto que representa al Conde duque de Olivares, uno de los principales personajes en los que el hispanista Elliott centró sus investigaciones acerca de la historia española de la Edad Moderna.

El retrato forma parte de un grupo del que se han identificado más de seis de pinturas que derivan del mismo original perteneciente al Museo del Hermitage, y de todas ellas, esta es la obra que, siguiendo más escrupulosamente la composición del original, posee mayor calidad y una escritura pictórica más espontánea. 

Este tipo de replicaciones fueron muy habituales durante el tiempo en que Velázquez actuó como retratista cortesano y obedecían a la amplísima demanda de imágenes que se generaban en torno a los miembros de la familia real y del primer ministro. Dada la necesidad de velar estrechamente por el decoro y la calidad de las imágenes del rey y de su valido, el método que se consideró más adecuado para ejercer ese control fue responsabilizar al pintor de cámara, que utilizó su taller como instrumento para propagar imágenes iconográficamente adecuadas y técnicamente excelentes, en muchos casos replicando originales de Velázquez.

Esta obra materializa la conexión de John Elliott con el Museo del Prado y al Salón de Reinos del que Olivares fue promotor.

 

 

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