El recorrido <em>TITULORECORRIDO</em> se ha creado correctamente. Añade obras desde la página de Colección
Añadido <em>TITULOOBRA</em> en el recorrido <em>TITULORECORRIDO</em>

Con el apoyo de American Friends of the Prado Museum gracias al patrocinio de The Engh Foundation

El Museo Nacional del Prado recorre más de veinte siglos de escultura en la galería jónica norte Jueves, 19 de mayo de 2022

El Museo Nacional del Prado ha rehabilitado arquitectónicamente el espacio de la galería jónica norte, situada junto a la Galería Central en la primera planta, para ampliar la visibilidad de sus colecciones de escultura y artes decorativas de manera permanente. Se trata de un recorrido en el que se dan cita 56 obras desde el Antiguo Egipto, pasando por el mundo romano y el Renacimiento para concluir a finales del Barroco.

Esta intervención recupera el espíritu de la actuación del arquitecto Alejandro Sureda que, en 1881, ya concibió, con otros planteamientos, este espacio para la exposición de obras de escultura.

El Museo Nacional del Prado recorre más de veinte siglos de escultura en la galería jónica norte

Leticia Azcue Brea, Jefa del Área de Conservación de Escultura y Artes Decorativas del Museo Nacional del Prado; Miguel Falomir, Director del Museo Nacional del Prado; Christina Simmons, Executive Director. American Friends of the Prado Museum, y Manuel Arias, Jefe de Departamento de Escultura del Museo Nacional del Prado, en la galería jónica norte. Foto © Museo Nacional del Prado.

 

 

 

La nueva propuesta de exhibición de una selección de las colecciones de escultura y artes decorativas en la galería jónica del edificio Villanueva, ofrece al visitante una posibilidad de acercamiento más panorámica, completa y sugestiva a la creación en estas disciplinas artísticas desde al Antiguo Egipto al Barroco. La rehabilitación de la galería jónica norte ha contado con el apoyo de American Friends of the Prado Museum gracias al patrocinio de The Engh Foundation.

Las 56 obras seleccionadas son piezas que se muestran en una elocuente recreación a la manera de las que formaban parte de las galerías de grandes coleccionistas y que abarcan un amplio arco cronológico. El retrato es uno de sus principales hilos conductores.

La presencia y la importancia de la escultura en el Museo del Prado se remonta a sus orígenes mismos. Una vez fundado el Real Museo de Pinturas en 1819, ya en 1826, se encargó al primer escultor de Cámara, José Álvarez Cubero visitar los Palacios Reales para seleccionar obras que deberían incorporarse al Museo. Esta tarea la continuó el escultor Valeriano Salvatierra trayendo esculturas en diferentes remesas, y exponiendo algunas de ellas. En 1838 la institución pasó a denominarse Real Museo de Pintura y Escultura y al año siguiente se abrieron, de manera oficial, las salas destinadas a esta materia.

En la segunda mitad del siglo XIX, la colección escultórica continuó ampliándose y, sobre todo, incorporó obras premiadas en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. En 1862 el arqueólogo y estudioso alemán Emil Hübner, publicó el amplio catálogo de la escultura clásica del Museo, dando un nuevo impulso al proponer una clasificación que la situaba en el panorama de las más importantes colecciones europeas.

Además de las salas destinadas a la exposición de escultura en la planta baja del edificio de Juan de Villanueva, el arquitecto Alejandro Sureda acondicionó, entre 1878 y 1881, las dos galerías de fachada de la primera planta, abiertas al Paseo del Prado y articuladas, al exterior, con grandes columnas de orden jónico. Las esculturas encontraban su acomodo sobre pedestales y ménsulas de escayola, material que también se utilizó para diseñar grandes cartelas con nombres de escultores nacionales e internacionales, que todavía hoy permanecen in situ. Estos espacios se destinaron a galerías de escultura hasta 1919.

El actual proyecto, que hoy se inaugura, quiere recuperar uno de ellos, el situado en el lado norte, recién acondicionado arquitectónicamente, evocando de manera permanente, el valor expositivo de esa antigua fórmula que es la “galería”. Las esculturas se muestran en un sugestivo espacio dotado de luz natural, donde poder disfrutar de las mismas y detenerse en su contemplación, en su realización plástica y en su particular cromatismo.

Esta actuación se inscribe dentro de la actividad que desarrolla el Área de Conservación de Escultura y Artes Decorativas del Museo Nacional del Prado, del que es responsable Leticia Azcue Brea y cuyo Jefe de Departamento es Manuel Arias Martínez.

La selección abarca una amplia secuencia cronológica, que se inicia con dos cabezas egipcias, una representación de este periodo artístico, muy reducido en la colección, que se completa, a nivel expositivo, con otras dos obras que el Prado tiene depositadas permanentemente en el Museo Arqueológico Nacional.

La enorme variedad de modelos nos hablan de la validez del lenguaje clásico y de su reinterpretación. El retrato tiene un protagonismo muy especial, donde conviven al mismo tiempo estereotipos, idealización y el realismo más veraz. La necesidad de conocer los rostros de personajes ilustres se remonta al pasado grecolatino y esto se puede observar en ejemplos muy significativos, desde versiones hechas en Roma, de filósofos y escritores griegos, como Homero, Jenofonte o Sófocles, a retratos de grandes personajes de su historia como la emperatriz Julia Domna, pasando por elaborados retratos de damas o interpretaciones romanas de iconografías egipcias. Es una idea que se recupera en el Renacimiento, como se puede apreciar en una importante colección de grandes medallones destinados a la decoración arquitectónica e inspirados en la numismática, o relieves de gran formato en mármoles de colores como el de Lucio Vero.  Composiciones de bulto redondo renacentistas nos muestran retratos como los de Julio Cesar o Cicerón, o idealizadas composiciones como la de Hermes-Antinoo, para concluir en el intenso rostro de una Medusa de finales del siglo XVIII. Emperadores, emperatrices, reyes, filósofos, poetas, damas romanas, musas y otros personajes mitológicos, alegorías y hasta detalladas representaciones animalísticas entre otros, dan una precisa idea de una parte de las ricas y variadas colecciones del Museo del Prado.

El conjunto se completa con destacados vasos de pórfido, el material imperial por excelencia, y con una evocación a los viajeros por Italia con una vista de la “Gruta de Posillipo en Nápoles”, lugar de peregrinación relacionado con la tumba de Virgilio.

Todas estas esculturas nos recuerdan que, en su día, pertenecieron a algunos de los personajes más destacados en la historia del coleccionismo internacional, como Cristina de Suecia, Diego Hurtado de Mendoza o José Nicolás de Azara y que fueron adquiridos, en su mayoría, por los monarcas españoles para la decoración de sus palacios y sitios reales, desde donde pasaron en el siglo XIX al Museo del Prado.

Arriba