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Noticia

El Prado completa el intenso diálogo de Velázquez con los grandes maestros que articula su nuevo discurso expositivo Martes, 19 de julio de 2011

El Museo del Prado ha presentado hoy uno de los hitos más importantes de su plan de reordenación de colecciones “La Colección. La otra ampliación”, la reapertura de la Galería Central de su planta principal, una vez concluida su remodelación y con importantes cambios en cuanto a la disposición de las colecciones que se presentan en la misma. Con la culminación de esta etapa del Plan de Colecciones 2009-2012, puesta en marcha tras la renovación y reordenación prácticamente completa de la planta baja, queda ya articulado el nuevo discurso expositivo de la Colección en las dos plantas principales del Museo, con Velázquez en el centro de las dos grandes tradiciones pictóricas europeas, la italiana y la flamenca. A día de hoy, el avance de este proyecto ha supuesto la recuperación de 25 nuevas salas para uso expositivo, quedando por recuperar 11 más en la segunda planta hasta la finalización del mismo. Gracias a la incorporación de salas realizada hasta la fecha, la colección permanente del Museo se ha incrementado ya en más de 300 obras. La ‘nueva’ Galería Central, el espacio más emblemático del Museo, se reabre al público ofreciendo el que posiblemente sea el más extraordinario recorrido de la pintura europea, desde Tiziano a Velázquez y desde Rubens a Goya.

El Prado completa el intenso diálogo de Velázquez con los grandes maestros que articula su nuevo discurso expositivo

La Galería Central, ya remodelada, desde la antesala

A un año y medio de la fecha prevista para la terminación definitiva del proyecto de reordenación de colecciones del Museo del Prado, la remodelación y reordenación de obras en su gran Galería Central, iniciada a finales del año pasado, constituye uno de los hitos más complejos y destacados del mismo. Los primeros tramos de este amplio y luminoso eje del Prado acogen ahora obras de gran formato que muestran la distinguida tradición pictórica con raíz en los maestros venecianos - Tiziano, Tintoretto y Veronés -, que tan gran influencia tuvieron sobre el desarrollo del arte europeo, y especialmente sobre la obra de Annibale Carracci, Diego Velázquez, Rubens y Van Dyck, con los que la actual presentación sitúa en estrecho diálogo. Esta historia de conexiones, influencias, admiraciones y rivalidades entre artistas a través de más de un siglo es lo que narran ahora los elegantes y airosos espacios de la noble galería de Juan de Villanueva.

La culminación de esta decisiva fase concluye un largo proceso que ha afectado también a la práctica totalidad de la planta principal del Museo, cuyo recorrido cronológico comienza con la presentación de las colecciones del siglo XVI, con la figura capital de Tiziano, culminando a finales del siglo XVIII, con Goya. La nueva ordenación permite establecer una relación de continuidad entre las dos grandes tradiciones modernas europeas representadas en el Prado -la italiana y la flamenca- y la pintura española, con la figura de Diego Velázquez en el centro. Por primera vez, en un doble recorrido longitudinal y transversal por esta planta, el espectador puede reconocer la influencia de los grandes maestros, como Tiziano o Rubens -ahora en la Galería Central- sobre los españoles, desde El Greco hasta Goya.

Por su parte, en el ala norte de las salas que flanquean la galería, Ribera y la particular versión española del naturalismo -con Maíno, Zurbarán y el primer Velázquez- se conectan con la pintura barroca italiana del Museo. En la sur, tras Velázquez y en paralelo a los mayores ejemplos de Rubens y la tradición flamenca moderna, se presenta la obra de los maestros españoles de la segunda mitad del siglo, con Murillo, Cano o Carreño de Miranda como principales protagonistas.

Finalmente, y no ajeno a este doble contexto español y europeo, se muestra a Goya junto a la obra de los pintores que trabajaron para la nueva dinastía borbónica en el siglo XVIII, como Mengs o los Tiépolo.

Por otra parte, las grandes salas consagradas al retrato de corte funcionan como rótula de esta nueva disposición de las colecciones en la planta principal del edificio de Villanueva. Frente a la sala de las Meninas, en la que se reúnen los principales retratos de Velázquez, se han instalado los tres grandes retratos de Tiziano de los primeros Habsburgos, Carlos V y Felipe II, presididos por una de las obras más célebres de la colección del Museo, Carlos V , a caballo, en Mülhberg. Y, en el ala meridional, la sala dedicada al retrato de corte de los primeros Borbones, presidida por el monumental retrato de La familia de Felipe V de Van Loo, tiene su contrapunto con la rotonda en la que se presentan los retratos reales de Goya, presididos por La familia de Carlos IV.

La Galería Central

La Galería Central acoge ahora 59 obras, casi todas de gran formato -como requiere este amplio espacio arquitectónico bañado con luz natural-, que constituyen la columna vertebral de la nueva presentación de las colecciones.

Una vez traspasado el umbral de la sala 24, antesala de la galería desde la Rotonda de Goya, se presenta la pintura veneciana del siglo XVI, empezando por los retratos reales de los Austrias Felipe II e Isabel de Portugal de Tiziano y su gran composición religiosa devocional, La Gloria, encargada por Carlos V, que incluye retratos de la familia imperial y un autorretrato del propio artista (sala 24). Ya en el primer tramo de la galería (salas 25-26) se continúa con obras maestras de la pintura veneciana, como los Entierros de Cristo de Tiziano, el gran Lavatorio de Tintoretto, o el Venus y Adonis de Paolo Veronese. Seguidamente, se pueden contemplar algunas de las piezas maestras de los artistas italianos del siglo XVII, como Venus, Adonis y Cupido de Annibale Carraci, Moisés salvado de las aguas de Orazio Gentileschi o La Virgen de la silla de Guido Reni.

En el centro de la galería (sala 27) se encuentra el corazón del museo, desde el que Velázquez entronca con la tradición veneciana (dispuesta en los primeros tramos de la galería) y con las obras de Rubens (en los últimos). La nueva ordenación ofrece tal vez aquí uno de sus más llamativos resultados, con el encuentro visual de Las meninas y los demás retratos reales de Velázquez, en la sala 12, con el principal retrato de Tiziano en el Prado, el de Carlos V en la batalla de Mühlberg, y los retratos de Carlos V con un perro y Felipe II, que evidencian la deuda velazqueña con el retratista veneciano.

Tras la pintura veneciana de las dos primeras salas de la galería (salas 25 y 26), especialmente favorecida por la entrada de luz natural que proporciona este espacio, y el magnífico trío de Tiziano citado (sala 27), la parte final de la misma (salas 28 y 29) muestra la pintura flamenca del siglo XVII, con 31 pinturas de Rubens, desde los pequeños bocetos para la decoración de la Torre de la Parada -de pocos centímetros y expuestos en vitrina-, hasta su mayor composición en el Prado, La Adoración de los Reyes Magos, de casi cuatro metros de largo, y, por supuesto, su obra más célebre, la gran pintura sobre tabla de Las tres Gracias. La única excepción en cuanto a obras de Rubens en este espacio, la constituye la Coronación de espinas de Van Dyck.

Al margen de las novedades descritas respecto a la nueva disposición de la colección de pinturas que acogen ahora estas salas, el recorrido por la Galería se continúa complementando con las esculturas tradicionalmente visibles en la misma y con el Tablero de mesa de Felipe II y la Mesa de don Rodrigo Calderón sobre los leones de bronce adquiridos por Velázquez en su segundo viaje a Italia para la decoración del Álcazar.

Mejoras arquitectónicas

Por otra parte, la intervención en este gran espacio, que ha contado con el asesoramiento de Rafael Moneo, ha permitido el rescate de varios elementos arquitectónicos perdidos en remodelaciones del pasado. Se ha descubierto, en el tramo norte, la ventana dieciochesca que abre al patio de la planta baja y que permanecía tapada desde hace años, permitiendo así una nueva aportación de luz natural a este espacio expositivo. Se ha recuperado la puerta que daba a la llamada Galería Jónica (pendiente de renovar en 2012 y en la se expondrán esculturas) que había sido demolida ocultándose su vano, y se ha eliminado el cierre sobre la gran puerta que da paso a la Rotonda de Goya, lo que permite la visualización de los grandes capiteles jónicos de Villanueva desde la Galería Central. En el otro extremo de la Galería se han recuperado las puertas originales que dan a los pasillos (que se abrirán próximamente) y que comunican las salas de Goya y pintura europea del siglo XVIII.

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