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Nerón y Séneca de Eduardo Barrón ‘dialogan’ en el Prado entre las esculturas que su propio autor catalogó y restauró Miércoles, 16 de febrero de 2011

El grupo escultórico de Eduardo Barrón, escultor, pintor y conservador y restaurador del Museo del Prado entre 1892 y 1911, año de su fallecimiento, se exhibirá temporalmente en un espacio privilegiado del Museo con el fin de mostrar al público los resultados de su delicada restauración, patrocinada por la Fundación Iberdrola, ‘miembro protector’ del programa de restauración del Prado.

Nerón y Séneca de Eduardo Barrón ‘dialogan’ en el Prado entre las esculturas que su propio autor catalogó y restauró

Nerón y Séneca (después de la restauración). Eduardo Barrón. Vaciado a molde, escayola, 135 x 260 x 148 cm. 1904. Madrid, Museo Nacional del Prado

A partir de hoy y hasta el próximo otoño, el público del Prado podrá contemplar el grupo escultórico Nerón y Séneca (Eduardo Barrón, 1904) en la sala 74 admirando el resultado del proceso de estudio y restauración llevado a cabo sobre el mismo por el área de restauración en coordinación con el de escultura del Museo. Este grupo escultórico, realizado en escayola y parcialmente policromado, obtuvo la medalla de oro la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1904. Obra de Eduardo Barrón, autor del primer catálogo razonado de la colección de escultura del Museo del Prado y conservador y restaurador del mismo hasta su prematuro e inesperado fallecimiento en 1911, hace ahora cien años, la pieza se mostrará temporalmente en la emblemática sala circular del Museo, conocida como 'Rotonda de Ariadna', tras haberse sometido a una restauración especialmente compleja por la pérdida de diversos fragmentos y el deterioro general sufridos por la obra debido a la especial fragilidad de su material base (escayola) y a sus inadecuadas condiciones de exhibición y conservación en el pasado.

Nerón y Séneca, de Eduardo Barrón (Moraleja del Vino, Zamora, 1858-Madrid, 1911), se expone ahora entre las esculturas clásicas del Prado que el artista estudió y catalogó, pues, además de destacado escultor, Barrón fue Conservador de la Sección de Escultura del Museo Nacional de Pintura y Escultura (actual Museo del Prado) desde 1892, labor que se amplió en 1895 a la de Conservador-Restaurador. Esta responsabilidad, en paralelo con su faceta escultórica, le permitió redactar el primer catálogo de la colección de escultura del Prado en 1908 e ir acometiendo restauraciones de obras del Museo, sobre todo en mármol y en marfil.

El grupo representa a Séneca instruyendo a Nerón, del que era tutor. Barrón retrata a los personajes dramatizando lo opuesto de sus caracteres, e insinuando el injusto final del filósofo cordobés, acusado de traición y obligado por el emperador a suicidarse. Este acontecimiento puede verse recogido en otras obras del Museo como La muerte de Séneca del taller de Rubens y el cuadro tan ilustrativamente titulado Séneca, después de abrirse las venas se mete en un baño y sus amigos, poseídos de dolor, juran odio a Nerón que decretó la muerte de su maestro, de Manuel Domínguez Sánchez.

Junto a la obra restaurada, se expone también, por primera vez, una reducción inédita de este grupo, hecha por el propio escultor y que regaló en 1907 a Don Antonio Maura en agradecimiento a las gestiones que éste hizo en el Ministerio para la edición del catálogo de escultura del Museo del Prado. En este grupo, depósito temporal de la Fundación Antonio Maura (nº inv. 242) conservado sin ninguna intervención y sin apenas deterioros, se puede observar la policromía original y la complejidad, el extraordinario detallismo y el dominio técnico con el que realizó esta pieza.

Las esculturas premiadas en las Exposiciones Nacionales ingresaban en el Museo y se pasaban a material definitivo con financiación del Estado, pero en este caso no llegó a poder hacerse, lo que hace todavía más valiosa la conservación de este grupo original en escayola policromada, de un tamaño excepcional, que permite constatar su talento, la exquisita factura y el grado de calidad técnica alcanzado por el escultor, y el lenguaje clásico de gran minuciosidad en el que se expresó, consecuencia de su aprendizaje romano. La obra estuvo depositada durante muchos años en el vestíbulo del Ayuntamiento de Córdoba.

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