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Chefs-d'oeuvre du Musée du Prado, Les [exposición 1939]

Arturo Colorado Castellary


Junio-agosto.
Comisarios: Fernando Álvarez de Sotomayor y Pedro Muguruza Otaño.
Obras: 195.
Catálogo: 29 páginas.
Los tres meses de la exposición de Ginebra del año 1939 fueron, en opinión de Fernando Álvarez de Sotomayor, delegado del Gobierno de Burgos para la recuperación de las obras evacuadas, «el periodo más glorioso que ha tenido el Museo del Prado», calificando el éxito de la misma de «inmenso y magnífico». Para ver el origen de esta inusitada exposición, recién acabada la Guerra Civil Española y a punto de desencadenarse la Segunda Guerra Mundial, hay que remontarse a principios de noviembre de 1936, cuando el Gobierno de la República ordenó el ­comienzo de la evacuación desde Madrid a Valencia de las obras más importantes del Museo del Prado, de otros museos, iglesias y colecciones particulares. Se iniciaba así una larga peregrinación, dirigida por la Junta Central del Tesoro Artístico, huyendo del frente de guerra y siguiendo al Gobierno en sus sucesivas sedes -Valencia, Barcelona, Ampurdán- que llevaría lo más importante del patrimonio español, en el transcurso de dos años y medio, hasta la frontera francesa. Finalmente, en las peores condiciones imaginables (éxodo republicano, carreteras colapsadas, bombardeos franquistas, alemanes e italianos, frío intenso), en febrero de 1939, las obras fueron evacuadas a Francia, gracias a la intervención del Comité Internacional para la Salvaguarda de los Tesoros Artísticos Españoles, llegaron a Ginebra, y fueron depositadas en el palacio de la Sociedad de Naciones bajo la custodia de Joseph Avenol, secretario general del organismo internacional. Los miembros del Comité Internacional, que habían organizado en colaboración con la Junta republicana la evacuación de las obras hasta Ginebra, realizaron el inventario pensando que la conclusión de todo este proceso conduciría a la organización de una gran exposición en París, Londres y Ginebra, que permitiría mostrar lo salvado y reembolsar los grandes gastos que habían tenido que afrontar. Pero el Gobierno de Franco no estaba dispuesto a reconocer mérito alguno al Comité Internacional, compuesto por los directores de los principales museos de los países democráticos con la colaboración de Avenol. Sin embargo, finalmente, el Gobierno español concedió la exposición al Cantón de Ginebra con unos claros objetivos políticos: desalojar las obras depositadas en la Sociedad de Naciones, trasladándolas a un local facilitado por el Cantón, apartar al Comité Internacional del evento y de cualquier manifestación de gratitud por su labor y, especialmente, realizar un acto de propaganda internacional, presentándose como los salvadores del patrimonio artístico español evacuado por los republicanos. Para el Cantón, la exposición ­suponía una promoción turística ­inimaginable en aquellos terribles meses de la preguerra mundial. El Gobierno de Franco envió a dos delegados, Fernando Álvarez de Sotomayor, director del Museo del Prado en los últimos años del reinado de Alfon­so XIII, y Pedro Muguruza Otaño, comisario general del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, para hacerse cargo de la organización de la exposición y de la repatriación. Aunque hubo un comité organizador por parte suiza (Marius Noul, concejal de museos; Waldemar Deonna y Louis Gielly, director y conservador del Musée d'Art et d'Histoire de Ginebra), fueron los dos españoles los que dirigieron y comisariaron la muestra, implantando su criterio de elección de obras y de montaje expositivo. Pronto surgieron dos concepciones de la muestra. Para los españoles había que destacar la importancia de la escuela española, para los suizos era toda la riqueza del Prado, con sus escuelas extranjeras, la que había que mostrar, derivando de ambas posturas dos concepciones de montaje diferentes. Bajo la amenaza de los delegados españoles de interrumpir la organización, se impuso la postura española, con ciertas concesiones. La inauguración de Les chefs-d'oeuvre du Musée du Prado tuvo lugar el día 1 de junio de 1939 ante lo más granado de la sociedad ginebrina e internacional, de la que los organizadores habían excluido a Avenol y al Comité Internacional. Las quince salas del Museo dedicadas a la exposición se abrían con la «Sala imperial», en la que, junto a los tapices de La conquista de Túnez por Carlos V, aparecían los retratos de los principales reyes españoles de la Casa de Habsburgo. Tras subir la escalera, decorada con tapices del Palacio Real de Madrid, se accedía a la exposición, situada en el primer piso. Dos salas estaban dedicadas a El Greco, tres a Velázquez, dos a Goya, una a la pintura flamenca y alemana de los siglos XV y XVI, dos a Rubens y Van Dyck, dos a la pintura italiana y otra a la pintura española de los siglos XVI y XVII. Patrocinado por la ciudad de Ginebra, se publicó un catálogo, que se limitaba a una relación de las obras expuestas y a dieciséis planchas en blanco y negro, en el que se incluía una breve introducción de agradecimiento «al pueblo español y al Gobierno español», sin hacer mención alguna al éxodo que ha­bían sufrido las obras que allí se exponían. Los discursos de la inauguración, de agradecimiento al general Franco, provocaron virulentas críticas por parte de la oposición y un intenso debate en la prensa. Proyectada para los meses de junio a agosto, la exposición tuvo tal éxito de público (unos cuatrocientos mil visitantes) que por parte ginebrina hubo intentos de prorrogarla y, a su vez, llegaron numerosas solicitudes de toda Europa para trasladar la exposición. Pero el Gobierno español se negó a aceptar ninguna de estas peticiones. En la noche del 31 de agosto se clausuró la exposición y a las pocas horas, en la madrugada del 1 de septiembre la Alemania nazi atacaba Polonia. El día 3 Francia declaraba la guerra. Las obras embaladas salieron en tren de la estación de Ginebra el 6 de septiembre y, tras atravesar territorio francés con las luces apagadas por la noche para evitar un posible ataque alemán, llegaron a la frontera de Irún. El día 9 de septiembre, después de tres años de peregrinación, los cuadros del Museo del Prado volvían a su sede. Cincuenta años después, del 16 de junio al 24 de septiembre de 1989, el Musée d'Art et d'Histoire de Ginebra conmemoró la exposición de 1939 celebrando la muestra titulada Du ­Greco à Goya. Chefs-d'oeuvre du Prado et de collections espagnoles. 50e anniversaire de la sauvegarde du patrimoine ­artistique espagnol, 1939-1989, siendo Charles Goerg el comisario general, Arturo Colorado Castellary el comisario científico de la exposición histórica y Javier Aiguabella el comisario técnico.

Bibliografía

  • Colorado Castellary, Arturo, El Museo del Prado en sus 175 años de historia, Madrid, Ediciones del Prado-El Mundo, Ediciones Multimedia 1, 1996.
  • Colorado Castellary, Arturo, «Le trésor artistique pendant la Guerre Civile espagnole, de ­Madrid à Figueras», Du Greco à Goya. Chefs-d'oeuvre du Prado et de collections espagnoles. 50e anniversaire de la sauvegarde du patrimoine artistique espagnol, 1939-1989, cat. exp., Ginebra, Musée d'Art et ­d'Histoire, 1989, pp. 169-199.
  • Colorado Castellary, Arturo, «¡Salvad el Prado!», Historia 16, n.º 163, Madrid, noviembre de 1989, pp. 35-54.
  • Lachenal, François, «Le trésor artistique pendant la Guerre Civile espagnole, de Figueras à ­Genève», Du Greco à Goya: Chefs-d'oeuvre du ­Prado et de collections espagnoles. 50e anniversaire de la sauvegarde du patrimoine artistique espagnol, 1939-1989, cat. exp., Ginebra, Musée d'Art et d'Histoire, 1989, pp. 201-212.
  • Colorado Castellary, Arturo, El Museo del Prado y la Guerra Civil. Figueras-Ginebra, 1939, Madrid, Museo del Prado, 1991.
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