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Goya en las colecciones madrileñas [exposición 1983]

María Teresa Martín Bourgon


19 de abril-20 de junio.
Comisario: Enrique Lafuente Ferrari.
Obras: 52.
Catálogo: Pierre Gassier, «Goya, pintor del infante don Luis», pp. 15-19; Nigel Glendinning, «La fortuna de Goya», pp. 21-47; Julián Gállego, «Los retratos de Goya», pp. 49-72; Enrique Lafuente Ferrari, «Introducción al catálogo», pp. 77-109.
Esta exposición fue la primera organizada por la Fundación Amigos del Museo del Prado y sirvió de presentación pública de la institución que había sido constituida en 1980. Desde sus inicios, uno de los propósitos prioritarios de la Fundación fue el de ser un instrumento para la realización de manifestaciones artísticas y culturales puestas al servicio de la sociedad y este fin se cumplía plenamente con la muestra dedicada a Goya en las colecciones madrileñas. El comisario fue el insigne académico Enrique Lafuente Ferrari, que era también presidente de la Fundación, además de un gran especialista en Goya. Él mismo había participado en la organización de otra exposición dedicada al pintor en el Prado en 1928, año en el que se cumplía el centenario de su muerte, y había redactado el catálogo para la ocasión. El interés de la muestra radicaba, fundamentalmente, en que al centrarse en el coleccionismo privado daba la posibilidad de acercarse a obras de difícil o casi imposible acceso. De esta forma se cumplía un doble objetivo: de una parte, poder deleitarse en la contemplación de obras de arte desconocidas en su mayoría para el gran público y, de otra, estudiar y profundizar en algunas de ellas para ampliar el conocimiento de la obra del pintor. El catálogo editado a tal fin consta de 239 páginas y recoge las cincuenta y dos obras exhibidas. De cada una de ellas se realizó una ficha comentada en la que se aportaban datos de interés sobre la obra en cuestión, acompañada de una ficha técnica, bibliográfica y de exposiciones. Gracias a ello, es posible constatar el hecho de que alguna obra no se había mostrado nunca, otras tan solo se habían presentado una vez y muchas de ellas lo habían sido en la lejana exposición del año 1928. Como ejemplo de ello citaremos cinco obras representativas de la situación. Concretamente, el retrato de La duquesa de Osuna (1785, colección de Bartolomé March, Madrid) no se había expuesto anteriormente. Por tanto, la muestra ofrecía una espléndida oportunidad de aproximarnos a una de las personalidades más sugestivas del entorno del pintor ya que, además de ser una de sus primeras protectoras, fue asidua cliente y con su mecenazgo contribuyó a que Goya fuera conocido en la sociedad madrileña. El Autorretrato (colección particular), tan solo había sido expuesto con anterioridad en una ocasión, en 1961 en Madrid. Realizado en época temprana, probablemente antes de su asentamiento en la corte, permite conocer el aspecto y el talante del joven artista. Los dos bocetos sobre la vida de san Francisco de Borja, de 1788, para sendos cuadros de la catedral de Valencia habían venido a Madrid tan solo con ocasión de la mencionada exposición de 1928. Por ser bocetos ofrecían un interés añadido, ya que en ellos se suelen expresar los artistas con mayor libertad y permiten apreciar su impronta en el dibujo y la pincelada. Y por último, La última comunión de san José de Calasanz (1819, iglesia del colegio de padres escolapios de San Antón, Madrid), obra religiosa de intensa piedad devocional, cercana por fecha y estilo al Goya de las Pinturas negras, se había mostrado al público una sola vez, en 1939 en Madrid.

Bibliografía

  • Goya en las colecciones madrileñas, cat. exp., Madrid, Fundación Amigos del Museo del Prado, 1983.
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