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Luca Giordano en el Casón del Buen Retiro [exposición 2008]

Andrés Úbeda de los Cobos

21 de febrero-1 de junio.
Comisario: Andrés Úbeda de los Cobos.
Obras: 73.
Catálogo: Andrés Úbeda de los Cobos, «Introducción: Luca Giordano, ‘un pintor para el rey’», pp. 13-17; «Giordano en España», pp. 19-53; «El Casón del Buen Retiro y la bóveda de Giordano», pp. 55-89; «La bóveda del Casón, Apoteosis de la Monarquía española», pp. 91-138; «Luca Giordano alla maniera di», pp. 141-175.

Tras diez años de obras de reforma, el Casón del Buen Retiro abrió de nuevo sus puertas en febrero de 2008, lo que permitió admirar tras su restauración una de las obras más emblemáticas de las colecciones del Prado: la bóveda con la Alegoría del Toisón de Oro pintada al fresco por Luca Giordano, uno de los artistas más influyentes de la pintura barroca italiana y española. La presentación de la bóveda en el Casón constituyó el último capítulo de una larga investigación comenzada en 2001, con el inició de los trabajos de restauración. Dicha investigación, dirigida por Andrés Úbeda de los Cobos, Jefe de Conservación de Pintura Italiana y Francesa hasta 1700 del Museo, fue orientada hacia dos aspectos fundamentalmente. Por una parte, la historia de la bóveda y su significado. Por otra, el uso del fresco por parte de Giordano, sus variantes y heterodoxias, que permiten proponerlo como un pintor empeñado permanentemente en la experimentación de nuevos soportes materiales y en la aplicación de novedosas soluciones obligadas por el carácter específico de la arquitectura española. La exhibición sobre la bóveda restaurada se acompañó de una exposición en la que se repasó la figura de este artista, centrándose en su intervención en el Casón. Giordano residió en España entre 1692 y 1702, donde fue el pintor más relevante del final del reinado de Carlos II y llevó a cabo tareas de especial importancia, como la realización de siete conjuntos murales, cinco de los cuales han sobrevivido. Su primera intervención tuvo lugar en El Escorial (1692- 1694). Después pasó a Aranjuez, donde decoró el despacho de Carlos II (c. 1695- 1696). En tercer lugar decoró el Casón del Buen Retiro, del que sólo resta su Salón Central o «de embajadores» (c. 1696-1697). A continuación pintó la bóveda de la Sacristía de la Catedral de Toledo (1698) y, de vuelta en Madrid, la Capilla Real del Alcázar (destruida, c. 1699); la Iglesia de San Antonio de los Portugueses (o Alemanes, 1698-1700) y la Iglesia de Nuestra Señora de Atocha (destruida, después de 1700). Además de todo ello, pintó una enorme cantidad de obras al óleo y configuró la imagen del monarca en el tramo final de su vida. La exposición se centró en su relación con España, sus modelos para los trabajos de pintura mural en palacios e iglesias, así como en el interés del artista por copiar modelos de otros pintores como Rafael. Esta práctica constituye hoy una de las características más desconcertantes de su pintura. No cabe duda de que Giordano utilizó esta habilidad para aumentar su prestigio, al mostrarse capaz de engañar a los más acreditados conocedores residentes en Nápoles; o al propio Carlos II. Sus clientes, que en los primeros años se sintieron burlados por esta práctica, terminaron encargándole durante su etapa española obras «alla maniera di», consideradas ya entonces pruebas innegables de su talento. La muestra permitió contemplar por primera vez juntas obras prácticamente desconocidas junto a otras más célebres como Rubens pintando la alegoría de la paz (Prado), que constituyen hitos indiscutibles en su catálogo. También se mostró al público la historia del propio edificio, desde sus inicios como parte integrante del Palacio de Buen Retiro hasta su conversión en la sede del Centro de Estudios del Museo del Prado, pasando por la larga etapa en la que cobijó el Museo de Reproducciones Artísticas, explicando los avatares y mutilaciones que ha sufrido su fábrica.

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