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Pasión por Renoir. La colección del Sterling and Francine Clark Art Institute [exposición 2010]

A. P.


19 de octubre-13 de febrero de 2011.
Comisarios: Javier Barón y Richard Rand.
Obras: 31.
Catálogo: Michael Conforti, «Introducción al Clark Art Institute», pp. 12-13; James A. Ganz, «Sterling Clark como coleccionista», pp. 15-39.
 
El Museo del Prado mostró treinta y un obras de Pierre-Auguste Renoir reunidas por el coleccionista norteamericano Robert Sterling Clark, en la que fue la primera exposición monográfica del artista en España. A través de ella, pudo estudiarse la contribución del artista a los diferentes géneros pictóricos, que abordó con una amplitud mayor que la de sus compañeros impresionistas. La exposición se presentó, por ello, en secciones temáticas, que mostraron su tratamiento de los distintos motivos, en los que podían percibirse, no solo sus puntos de contacto con otros artistas del impresionismo, sino también la influencia de diversas tradiciones como la pintura veneciana, la flamenca y la pintura francesa del siglo XVIII. El profundo interés de Renoir por la figura humana, superior al que mostraron la mayoría de los maestros impresionistas, le llevó en numerosas ocasiones a abordar su expresión más individual; el retrato y, en ocasiones, el autorretrato, con dos ejemplos señeros en la exposición. Dentro de la figura humana, la significativa atracción de Renoir por los motivos femeninos llamó la atención de Clark, que adquirió, no solo retratos de familiares, amigos, mecenas y marchantes del artista, sino, sobre todo, asuntos de género con jóvenes muchachas en actitudes muy variadas. En consecuencia con su aprecio por el motivo femenino, el desnudo fue capital en la producción de Renoir. En algunas de sus pinturas, como Bañista peinándose, muestra, en la rigurosa construcción de la figura su proximidad a Ingres, mientras que en otras, como Bañista rubia, deja ver en mayor medida la alegre sensualidad. Como otros impresionistas, Renoir vio en el paisaje el género en el que podría conseguir los objetivos de representación del natural con la mayor fidelidad. Sin embargo, su interpretación es muy personal y sus vistas de Venecia, Nápoles y Normandía muestran su tendencia a disolver las formas en áreas de color. Dada la valoración del color, sus inicios como pintor decorador de porcelanas y que el bodegón le permitía una gran libertad, la pintura de flores y bodegones le atrajo especialmente. Estos temas le llevaron a experimentar con el color, como se muestra en la intensidad de Peonías, o con la libertad de pincelada de sus Cebollas. En Frutero con manzanas, además, el artista plantea una rigurosa composición, que le acerca a Cézanne. La exposición de este singular conjunto de las primeras etapas de Renoir se completó con unas pocas obras posteriores a 1890. En ellas el artista, tras un periodo de fascinación por el dibujo y la precisión de las formas, evolucionó hacia su estilo tardío, desarrollando su preferencia por las formas femeninas de amplias curvas y suave sensualidad. Como un eco moderno de la pintura galante francesa del siglo XVIII, estas obras contribuyeron a fijar la personalidad del Renoir más difundido. Sin embargo, este periodo del artista interesó menos a los Clark, que solo adquirieron tres obras para su colección.

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