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Regnault, Henri

José Álvarez Lopera

(París, 1843-Buzenval, 1871). Pintor francés. Discípulo de Louis Lamothe (con el que se inició asimismo Degas), tras entrar en la Escuela de Bellas Artes de Alexandre Cabanel en 1861, Regnault ganó el gran premio de Roma en 1866 con un cuadro de tema mitológico. Pese al academicismo de sus maestros, mostró, sin embargo, desde el principio, una marcada predilección por Gèricault y Delacroix, y, ya en Roma, se sintió abrumado («aplastado bajo un doble sentimiento de asombro y admiración», escribía) por el Miguel Ángel de la Capilla Sixtina. Allí conocería por otra parte, en 1868, a Mariano Fortuny, que ejercería sobre él una profunda y duradera influencia. ­Regnault viajó a España en agosto de 1868 y en el Prado descubrió a los maestros españoles, que, según ­decía en una carta, «contienen enseñanzas más útiles para nosotros que Miguel Ángel o Rafael: te admiten más en su intimidad [...]. No buscan di­simular sus medios de ejecución, no piden más que mostrarte cómo lo han hecho». Por lo demás, aunque estudió a Goya (al que, sin embargo, apenas se referiría en su correspondencia) y, luego, en una estancia posterior, encontró en Sevilla «Murillos que -escribía- me han entusiasmado», su admiración se centraría en Velázquez, del que hizo, a medias con su amigo Georges Clairin, una copia de El niño de Vallecas, que se conserva en el Musée de Louviers (y en la que, al parecer, él se limitó a copiar la cabeza, siendo de Clairin el resto), y, ya solo y como envío de pensionado, otra de Las lanzas (una excentricidad para la época y que suponía una especie de desafío al canon italocéntrico de la Academia Francesa). El entusiasmo de Regnault por Velázquez, al que consideraba «el primer pintor del mundo», «el Molière de la pintura» («su estilo es fácil, sin pretensiones», decía), aparece desbordante en su correspondencia. Sin embargo, el único reproche que le hacía («¿Por qué no habrá aplicado el pintor sevillano su maravilloso talento y su divina ejecución a temas más interesantes?»), ciertas apreciaciones más bien equivocadas a propósito de su supuesta «facilidad» de ejecución («se trata», escribía, «de una pintura joven, llena de salud, nacida sin esfuerzo, sin trabajo, sin fatiga») y las dificultades que encontró en su copia de Las lanzas, que dejó inacabada, marcan las limitaciones de su acercamiento. Por lo demás, en los retratos que realizó en su primera estancia en España, que coincidió con la revolución que derrocó a Isabel II, son más claras, aunque solo ­sean aparentes en ciertos pormenores, las huellas de Goya que las de Velázquez, como muestran el de La condesa de Barck y el de El general Prim ante Madrid el 8 de oc­tubre de 1868 (ambos en el Musée d'Orsay, ­París). Tras verse obligado a volver a Roma en febrero de 1869 para cumplir con sus obligaciones de pensionado, Regnault estaría de nuevo en España entre agosto y diciembre de ese mismo año, y pasaría después a Tánger. Significativamente, viajó ya por Levante y Andalucía y su obra se fue tiñendo progresivamen­te de costumbrismo y orientalismo (Salo­mé, 1869-1870, Metropolitan Museum of Art, Nueva York; Ejecución sin juicio bajo los reyes moros de Granada, 1870, Musée d'Orsay, París). Su muerte, a los veintisiete años, en la batalla de Montretout-Buzenval, la última de la Guerra Franco-Prusiana, segó una evolución hoy difícil de evaluar pero que parecía alejarle de los caminos de la modernidad.

Bibliografía

  • Marx, Roger, Henri Regnault, París, Librairie de l'Art, 1886.
  • Brey Mariño, María, El viaje a España del pintor Henri Regnault. 1868-1870, Madrid, Castalia, 1964.
  • Les peintres français et l'Espagne de Delacroix à Manet, cat. exp., Castres, Musée Goya, 1997, pp. 142-148.
  • Velázquez et la France, cat. exp., Castres, ­Musée Goya, 1999, pp. 134-138.
  • Angellier, Auguste, Étude sur Henri Regnault, ­París, Boulanger, 1879.
  • Henri Regnault (1843-1871), cat. exp., Saint-Cloud, Musée Municipal, 1991.
  • Durand, Arthur, Correspondance de Henri Regnault recueillie et anotée par Arthur Duparc suivie du Catalogue complet de l'oeuvre de Henri Regnault, París, 1872.
  • Lafuente Ferrari, Enrique, «Henri Regnault et l'Espagne», Bulletin de l'Institut Français en Espagne, n.º 33, Madrid, marzo-abril de 1949, pp. 28-31.
  • Spain, Espagne, Spanien. Foreign Artists Discover Spain, cat. exp., Nueva York, Equitable ­Gallery, 1993, pp. 119-123.
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