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Sargent, John Singer

José Álvarez Lopera

(Florencia, 1856-Londres, 1925). Pintor estadounidense. Nacido en el seno de una adinerada familia americana que vivía en Europa desde 1854, Sargent, tras asistir unos meses en 1873 a las clases de la Academia de Bellas Artes de Florencia, se formó en París con Carolus Duran, a cuyo taller asistió entre 1874 y 1879. En este último año tuvo su primer éxito en el Salón parisino con el Retrato de Carolus Duran (Sterling and Francine Clark Art Institute, Williamstown, Massachusetts) y, en el otoño, viajó a España. Estuvo en Madrid alrededor de un mes, entre mediados de octubre y mediados de diciembre de 1879, dedicado casi exclusivamente al estudio de Velázquez, del que realizó diez copias en el Prado (entre ellas, Las meninas, Las hilanderas, Retrato ecuestre del príncipe Baltasar Carlos, Retrato de Feli­pe IV, la cabeza del Esopo, y la figura de Apolo de La fragua de Vulcano). Después visitaría Granada, Ronda y Sevilla antes de pasar, a fines de año, a Marruecos. De su estancia en Andalucía extrajo el material necesario para El jaleo (1882, Isabella Stewart Gardner Museum, Boston), el cuadro con el que obtuvo su primer gran éxito en el Salón parisino. En agosto de 1880 hizo con Paul Helleu un viaje a Haarlem para estudiar las obras de Frans Hals, otro pintor que le impresionaría fuertemente y en el que parece haber encontrado una confirmación de las enseñanzas de Carolus Duran y, a la vez, una especie de paso previo a Velázquez, un pintor en el que resultaba más fácil penetrar y apoderarse de sus recetas técnicas. Años más tarde aconsejaría a un joven pintor: «Comienza con Franz Hals, copia y estudia a Franz Hals, y después de eso ve a Madrid y copia a Velázquez». A comienzos de los ochenta vivió por temporadas en Venecia, París, Londres y otras ciudades. Aunque no dejaría de llevar una vida itinerante, en 1886 trasladó su taller a Londres tras la reacción hostil que despertó en el Salón parisino de 1884 su Retrato de madame X (Metropolitan Museum of Art, Nueva York), y desde entonces Inglaterra se convirtió en el centro de su actividad pictórica, alcanzando una extraordinaria fama como retratista de la alta sociedad. El interés de Sargent por la pintura española surgió, obviamente, de su aprendizaje en el taller de Carolus Duran, en el que se impregnó de la religión de Velázquez y se apoderó plenamente del método de su maestro, basado en la técnica au premier coup, en una cierta bravura de pincelada y en la fiel reproducción de los valores tonales. El Retrato de Carolus Duran (1879) era, como ha escrito Richard Ormond, «casi una ilustración de libro de texto» del método de su maestro y mostraba que Sargent tenía ya poco que aprender de él. En esas circunstancias, su visita a España en el otoño siguiente debe ser contemplada como un viaje a los orígenes y, en cierto modo, como un trabajo de verificación y ahondamiento. Por lo demás, el conocimiento directo de la pintura de Velázquez tendría consecuencias inmediatas y duraderas en la obra de Sargent, que a partir de entonces se impregnó de una serie de características específicamente velazqueñas: un uso más refinado y sutil de la pincelada, la utilización de armonías cromáticas plateadas y una búsqueda clara de la captación de la atmósfera y de la sugestión del espacio a través de la luz. Por otra parte, Sargent absorbería el repertorio figurativo de Velázquez (poses y actitudes que citaría más o menos literalmente en el futuro) y parte de sus artificios compositivos (elementos como la relación de la figura con el ambiente de ciertos retratos de bufones o la composición equilibrada, medida cuidadosamente en profundidad y hecha mágica en virtud de la luz de Las meninas). De hecho, algunas obras suyas de comienzos de la década de 1880 podrían haberse titulado perfectamente «Ho­menaje a Velázquez», y los críticos percibieron inmediatamente su ascendencia (así, en 1888, Jean Dolent escribiría lapidariamente: «El pro­fesor de John Sargent es Carolus Duran. Su maestro, Velázquez»). Por ejemplo, las dos muchachas de la derecha de las Ensartadoras de cuentas de Venecia (1880-1882, National Gallery of Ireland, Dublín) traen inmediatamente a la memoria Las hilanderas, y la Señorita con una rosa (Charlotte Louise Burckhardt) (1882, Metropolitan Museum of Art, Nueva York) es una paráfrasis del Bufón Calabacillas (Cleveland Museum of Art). También el Retrato del Dr. Pozzi en casa (1881, colección Armand Hammer) exhibe claras resonancias velazqueñas. Además, algunas otras pinturas muestran un grado más profundo de asimilación que la mera adopción de motivos. Por ejemplo, el Interior veneciano (h. 1880-1882, Carnegie Institute, Londres) presenta, al margen de citas y referencias concretas, una espacialidad y un uso de la luz y la atmósfera impensable sin el conocimiento de Velázquez. O, sobre todo, el retrato de Las hijas de Edward E. Boit (1882), que es como un intento de crear unas Meninas modernas, un homenaje al maestro en el que Sargent se sirvió del mismo formato cuadrado de la pintura del Prado, utilizó la convención velazqueña del retrato como escena cotidiana captada casualmente, jugó con una estructura de grandes formas cuadradas y rectangulares para la determinación del espacio e impregnó la escena de magia gracias al juego sutil y misterioso de la luz y al recurso, también tan velazqueño, de la imagen reflejada en el espejo y la creación de espacios ficticios. La novedad y la plenitud de esta última pintura quedan, por lo demás, atestiguadas por sus numerosas secuelas, entre las que cabe citar el Retrato de R. L. Stevenson y su esposa, del propio Sargent (1885, colección Mr. and Mrs. John Hay Whitney, Nueva York), El juego del escondite, de William Merrit Chase (1888) e incluso Mis hijos, de Joaquín Sorolla (1904). La relación de Sargent con España no se interrumpió jamás. Volvió a viajar a este país al menos en otras cinco ocasiones entre 1892 y 1912; mantuvo relaciones de amistad con Joaquín Sorolla, Aureliano de Beruete, Manuel B. Cossío y otros intelectuales de la Institución Libre de Enseñanza, y a partir de la última década del siglo se convirtió en propagandista de El Greco, cuya Trinidad copió en el Prado en 1895, y del que poseyó, además, una versión de taller del San Martín y el pobre (John and Mable Ringling Museum of Art, Sarasota) que incorporó en el fondo de su cuadro Cuatro doctores (1905, Johns Hopkins University, Baltimore). Actuó, asimismo, como consejero e intermediario en la compra de Fray Hortensio Félix Paravicino, de El Greco, por el Museum of Fine Arts de Boston, en 1904, y en la del supuesto Autorretrato, también de El Greco, por el Metropolitan Museum of Art de Nueva York en 1926.

Bibliografía

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  • Olson, Stanley, John Singer Sargent. His Portrait, Londres, Macmillan, 1986.
  • Mount, Charles Merrill, John Singer Sargent. A Biography, Nueva York, W. W. Norton, 1955.
  • Ormond, Richard, John Singer Sargent: Paintings, Drawings, Watercolors, Nueva York, Harper and Row, 1970.
  • Luna, Juan J., «John Singer Sargent y el Museo del Prado», Historia 16, vol. XIII, n.º 146, Madrid, junio de 1988, pp. 100-107.
  • John Singer Sargent, cat. exp., Nueva York, ­Whitney Museum of American Art, 1986.
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  • John Singer Sargent, cat. exp., Londres, Tate ­Gallery, 1998.
  • Downes, William Howe, John Sargent: His Life and Work, Boston, Little, Brown and Company, 1925.
  • Simpson, Marc, «Velázquez comes to Life again. Sargent, Velázquez and the Critics», Apollo, septiembre de 1998, p. 3.
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