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Siglo XIX en el Prado, El [exposición 2007]

José Luís Díez y Javier Barón


31 de octubre-20 de abril de 2008.
Comisario: José Luis Díez y Javier Barón.
Obras: 107.
Catálogo: Javier Barón, «Pintura y escultura españolas del siglo XIX en las colecciones del Prado», pp. 20-99; Ana Gutiérrez Márquez, «Historia de la colecciones del siglo XIX del Museo del Prado», pp. 430-463.

Con esta exposición el Museo del Prado inauguró la más importante de sus ampliaciones a lo largo de su historia. A través de las noventa y cinco pinturas y doce esculturas que se presentaron en las nuevas salas de exposición del Edificio Jerónimos se difundió a un público muy amplio la mejor parte de la más importante colección artística del siglo XIX español, que llevaba más de una década sin poder ser visitada debido a las obras realizadas en el Casón del Buen Retiro, donde anteriormente se exponía. La riqueza de las colecciones del Prado permitió una selección que representaba a los principales pintores y escultores españoles del siglo XIX a través de sus obras más sobresalientes. Muchas de las obras fueron limpiadas y restauradas para esta exposición el la que se mostraron también adquisiciones recientes y levantamientos de depósitos. La exposición aprovechó la amplitud de las salas, para dar cabida a los diferentes ámbitos estilísticos, que se sucedieron de modo cronológico, organizados en nueve secciones. La primera, que abarcaba el arte del primer tercio del siglo, se inició con tres retratos de Goya, que compartían sala con otros de Vicente López y con las obras de los artistas formados en el neoclasicismo internacional, como José Álvarez Cubero, Juan Antonio Ribera y José de Madrazo. La sección dedicada al romanticismo mostraba la importancia del retrato y la presencia del desnudo (Antonio María Esquivel), el interés del cuadro de costumbres de inspiración goyesca (Leonardo Alenza y Eugenio Lucas) y etnográfica (Valeriano Domínguez Bécquer), el paisaje (Genaro Pérez Villaamil) y la escultura de inspiración religiosa (José Piquer). Las dos siguientes secciones, dedicadas fundamentalmente a Federico de Madrazo y Eduardo Rosales, presentaban las obras maestras de ambos artistas, de quienes el Prado conserva una representación de la mayor calidad, junto con algunas esculturas descollantes del tercer cuarto del siglo. La pintura de historia ocupó en su totalidad, con doce grandes cuadros, debidos a pintores como José Casado del Alisal, Antonio Gisbert, Antonio Muñoz Degrain, Francisco Pradilla y José Moreno Carbonero entre otros, una de las tres grandes salas de la ampliación, en consonancia con la importancia capital que este género tuvo entre 1856 y 1890 en España. A ella seguían otra sección temática dedicada al paisaje realista, con obras de Carlos de Haes, Ramón Martí Alsina y Martín Rico, y un espacio dedicado a las obras de Mariano Fortuny y su círculo, que lograron una proyección internacional en la década de 1870. Los artistas que van del realismo al fin del siglo, como Francisco Domingo, Antonio Muñoz Degrain, Ignacio Pinazo, Emilio Sala, José Jiménez Aranda y el escultor Agustín Querol, mostraban el interés en la captación de la luz y el movimiento, precediendo al triunfo del naturalismo en la pintura de Joaquín Sorolla y Aureliano de Beruete, que protagonizaron la última sala junto a esculturas de Mariano Benlliure y Joseph Llimona. La exposición en el Museo, fundado en 1819, de las mejores obras coetáneas al primer siglo de su vida, refleja la evolución del arte español en este periodo. En ella intervino el propio Prado, a través de los maestros del siglo de oro, como referencia decisiva en el progreso hacia la modernidad. Por otra parte, muchos de los artistas representados tuvieron una estrecha relación a lo largo del siglo con los principales centros artísticos europeos, París y Roma. Ambos aspectos permiten comprender la significación del arte español del siglo XIX y su singularidad respecto a otras escuelas europeas de su tiempo.

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