El recorrido <em>TITULORECORRIDO</em> se ha creado correctamente. Añade obras desde la página de Colección
Añadido <em>TITULOOBRA</em> en el recorrido <em>TITULORECORRIDO</em>

Aprende <Atrás
Enciclopedia > Voz

Wilkie, David

María de los Santos García Felguera

(Cults, Fifeshire, 1785-1841). Pintor, dibujante y grabador británico que estudió en Edimburgo y Londres. Viajó por Europa, visitó Francia y Holanda (1814), Italia, Alemania, Suiza (1825-1828) y España (1827). Pintor de temas de la vida cotidiana, puso de moda este género en Gran Bretaña en la primera mitad del siglo XIX, con obras como Fiesta de pueblo (1811, National Gallery, Londres). Como otros contemporáneos, David Wilkie dedicó un interés especial a los temas que insisten en sentimientos de afecto familiar y ésta fue una de las razones de su triunfo. El tema, el tamaño de las figuras, la riqueza de detalles de estas escenas dejan claras sus fuentes: la pintura de género holandesa, Adriaen van Ostade y David Teniers, pero el escocés añade sentimientos más complejos que el simple humor de sus precedentes. Viajó a España por primera vez en 1827, cuando ya era un pintor importante y por razones de salud física y psíquica, como muchos de sus compatriotas (Richard Ford, entre otros); fue el primer pintor británico importante que visitó el país y ejerció una influencia enorme en los posteriores. En Madrid y Sevilla coincidió con el escritor norteamericano Washington ­Irving, que estaba como agregado a la Embajada de los Estados Unidos y se dedicaba a investigar para su libro Life and Voyages of Christopher Colombus (1828). En esa tarea lo retrató, ­Washington Irwing in the Archives of Seville (Leicester Museum). A cambio, el escritor le dedicó los Cuentos de la Alhambra (1832). Juntos vi­sitaron el monasterio de El Escorial, el Museo del Prado, Toledo y Sevilla. David Wilkie se movió en un medio de aristócratas y diplomáticos británicos bien relacionados en la capital de España y conoció a los principa­les pintores del momento: José de Madra­zo, Vicente López y Leonardo Alenza. Conocía ya la pintura espa­ñola y a Diego Velázquez; había visto un retrato ecuestre en la colección de Lord Elgin, y pensaba comprar más pinturas del artista sevillano para un coleccionista británico, Sir Robert Peel. Además, quería ver la pintura es­pañola en su ambiente, en la «reserva de caza de Europa», según sus propias palabras. Su interés mayor fue para Diego Velázquez y Bartolomé Esteban Murillo y contó sus impresiones a Sir Thomas Lawrence en una carta. El viaje fue muy fructífero, como él mismo escribía: «considero los seis meses y diez días que pasé en España el tiempo mejor empleado en mi vida profesional». Pintó mucho (tres cuadros grandes en cuatro meses, con temas de guerrilleros, y multitud de bocetos) y cambió su estilo. Empezó a utilizar una manera más rápida y suelta y un colorido más rico, como señaló Washington Irving: «Cuando pienso en lo despacio que [David Wilkie] solía trabajar y lo laborioso del acabado, me quedo atónito ante la facilidad con que ha adoptado una manera tan opuesta»; un cambio que tampoco pasó desapercibido a Eugène Delacroix, cuando David Wilkie le enseñó sus nuevas obras en París en 1828. El viaje sirvió también para ampliar su repertorio temático y desde entonces pintó cuadros de tema español: Señorita española, La defensa de Zaragoza, La partida del guerrillero y El retorno del guerrillero, que compró el rey Jorge IV (1762-1830) ­(Royal Collection, Londres); después Posada española, y él mismo se retrató recorriendo los conventos andaluces tras las huellas de Bartolomé ­Esteban Murillo. David Wilkie recibió en 1830 el nombramiento de ­«Painter in Ordinary» del rey Jorge IV y lo siguió siendo con Guillermo IV. Sus cuadros fueron muy populares en Gran Bretaña gracias a los grabados baratos, que los hacían accesibles a un público muy amplio. También fue un gran dibujante y sus dibujos, de tamaño considerable, hechos con tiza o tinta y, a veces, con toques de acuarela, recuerdan los de los maestros antiguos. Su afición a los viajes, y sus encargos, le llevaron a Constantinopla (1840), donde retrató al sultán, Esmirna y Jerusalén. En el viaje de regreso enfermó y murió en el barco, cerca de Gibraltar. Su cadáver fue arrojado al mar y el paisajista ­William Turner recordó este hecho en un cuadro. Detrás de David Wilkie viajarían a España una cantidad enorme de artistas, sobre todo pintores y escritores, muchos animados por él: Richard Ford, David Roberts y John Phillip, entre otros.

Bibliografía

  • Irving, David y Francina, «The Scots discover Spain», Apollo, Londres, 1974, p. 353.
  • Brooke, Xante, «British Artists Encounter Spain: 1820-1900», Spain, Espagne, Spanien. Foreing Artists Discover Spain: 1800-1900, cat. exp., Nueva York, The Equitable Gallery, 1993.
  • Sir David Wilkie of Scotland (1785-1841), Raleigh, North Carolina Museum of Art, 1987.
  • Imagen romántica de España, cat. exp., Madrid, Ministerio de Cultura, 1981.
  • Cunningham, Allan, The Life of Sir David Wilkie, Londres, John Murray, 1843.
Arriba