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Adeva Pacheco, Manuel

Medina de Rioseco, Valladolid, 1720 - Madrid, 1791

Muy relacionado con Segovia, de donde era su padre, muchos lo consideran segoviano, aunque él mismo firma en su Memorial, en 1768, que es “natural de Medina de Rioseco” (documento en que firma Adeva), además de conservarse en esa ciudad la partida de bautismo. También fue conocido como Manuel Pacheco Arevalo y como Manuel Arévalo Pacheco. Su formación se desarrolló, fundamentalmente, junto al escultor Huberto Dumandré, así como en Italia a donde acudió sin ayudas en 1742. Primero estuvo en Roma contando con el apoyo del escultor Francisco Gutiérrez, y donde en 1750 obtuvo un premio de primera clase en la Academia de San Lucas, y ejecutó obras para Santiago de Compostela. Después pasó a Nápoles, donde estuvo seis años y trabajó en 1752 en el Palacio de Portici, realizando trabajos ornamentales.
El siete de agosto de 1768 fue nombrado Académico Supernumerario por la Escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, tras presentar, tal como indica en el citado Memorial, el relieve Diógenes en la cuba que conserva el Museo de la citada Academia. Más tarde, el tres de enero de 1773, fue nombrado Académico de Mérito por la Escultura, tras presentar el relieve El martirio de San Vicente, participando con esta obra en el amplio programa de relieves para las sobrepuertas del Palacio Real Nuevo, para el que se inspiró en un grabado de una composición de Domenichino del Martirio de San Andrés en Roma. Esta obra la había iniciado ya en 1758 cuando trabajaba en la decoración del Palacio Real, y hoy se conserva el Museo del Prado.
Desarrolló parte de sus creaciones en Segovia, particularmente en la Catedral. Entre ellas destaca la figura de San Frutos, patrón de la diócesis segoviana, en el primer cuerpo del conjunto de altar mayor. En Madrid tuvo varios encargos, en especial de grupos de ángeles niños, algunos en colaboración con Alfonso Bergaz, para la decoración del altar del convento de San Francisco el Grande, así como una colaboración en la decoración heráldica de La Encarnación, y según un escrito suyo de 1782, una escultura para la iglesia de Burgo de Osma. Según la documentación conservada en el Archivo de Simancas, recibió el encargo de cuatro esculturas para la iglesia de La Carolina, en Jaén, concluidas en 1785. Trabajó también en el Real Sitio de Aranjuez, y fue restaurador de sus esculturas desde 1789 (Azcue Brea, L. en: "Diccionario Biográfico Español", , Real Academia de la Historia, 2009, Vol. I, pp. 474-475, actualizado por la autora en 2015)

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