J. Laurent y Cía.
1873 - 1900Alphonse Roswag Nogier –conocido como Alfonso en España– nació en Sélestar (Francia) en 1833. Sus padres, Augustin y Marie Anne, eran dueños de un próspero negocio de fabricación de mallas metálicas en la misma ciudad. A partir del año 1852, Alfonso viajó por España junto a su hermano Clemente, ingeniero de minas. Es posible que en su estancia en Madrid en 1857 entrara en contacto con J. Laurent. No se sabe exactamente cuándo comenzó a trabajar en el estudio de la Carrera de San Jerónimo, pero se cree que fue entre ese año y julio de 1860, fecha de su matrimonio con la hijastra de Laurent, Catalina Melina Dosch Daillecq (h. 1842-1905), en la parroquia madrileña de San Sebastián. Roswag pronto se volvió alguien imprescindible para su suegro, y llegó a ser el segundo fotógrafo del estudio, el encargado de la gestión administrativa e incluso el director en las ausencias de Laurent. Por todo ello, fue una figura clave para la expansión y desarrollo del negocio. La firma J. Laurent y Cía. fue creada en 1873 por Laurent junto a Catalina Melina Dosch y Manuel Sánchez Rubio, y al año siguiente se hizo efectivo el nombre de la sociedad. En 1875, Sánchez Rubio la abandonó y Laurent y Dosch asumieron su parte del negocio. A partir de entonces comenzaron a usar un sello en seco que entrelazaba las letras del nombre de la compañía, que se puede transcribir como “JL&c”.Unos años más tarde, en 1879, Roswag publicó la "Nouveau guide du touriste en Espagne et Portugal: itinéraire artistique", con un estudio previo que acompañaba a las fotografías del archivo Laurent realizadas hasta ese año, y que ofrecía al viajero un trazado artístico y monumental a través de las líneas ferroviarias de la península. En el prólogo, Roswag introdujo un homenaje a su maestro donde recalcaba que “Veinte años antes de que la idea viniese a algunos gobiernos de hacer reproducir los tesoros de sus museos por la fotografía, el señor Laurent lo había hecho ya en España […]”. Esta idea la remarcaría J. Lacoste en 1915 cuando en su Memoria dirigida al Museo del Prado de 1914 escribió “Sabido es de todos que la Casa Laurent fue la primera y única en España, hasta 1890 y tantos, que hizo reproducciones de las obras de arte existentes en la Península, especialmente de los Museos públicos y privados, de las iglesias y más especialmente del Museo del Prado […]”.En 1881, Laurent se retiró parcialmente del negocio, dejando a Catalina como dueña única y exclusiva del estudio situado en la Carrera de San Jerónimo, la tienda de comisionado de París en la rue Drouot, la colección de negativos y los derechos de las fotografías; a cambio, debía pagar una renta anual a Laurent y, tras su fallecimiento, a la hermana de este, Anne Appoline. En ese momento el archivo estaba compuesto por 6.340 negativos, 32 tomos con muestrarios fotográficos y 7.350 fotografías sobre cartón. El lote se completaba con cuatro cámaras con sus objetivos y accesorios, diez cubetas, un laboratorio móvil, 24 prensas para imprimir, una máquina de satinado y distintos materiales para el revelado. Roswag continuó con la labor de su suegro y emprendió nuevos proyectos fotográficos. En esos años, Catalina vendió una casa que tenían en propiedad en Alcalá de Henares con el fin de saldar deudas e invertir el dinero en la construcción de una nueva sede para la firma comercial en el madrileño barrio de Pacífico: un ambicioso proyecto ubicado en la calle Granada, esquina con Narciso Serra, n.º 5, cerca de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. El arquitecto Ricardo Velázquez Bosco llevó a cabo el proyecto del edificio, que concluiría en 1885. Este nuevo espacio, por entonces en el extrarradio de la capital, supuso un giro hacia una industrialización del proceso que mejoraba los tiempos de producción. El edificio se inspiraba en otros similares, como el ideado por Hector Horeau para el fotógrafo Nadar, en París, y estaba compuesto por tres plantas distribuidas en numerosas dependencias: estudio fotográfico, taller de fototipia, laboratorio, archivo, almacén y sala de recepción, entre otras.El 24 de febrero de 1882, Alfonso Roswag presentó la solicitud de patente en el Conservatorio de Artes de Madrid del aparato al que denominó “Grafoscopio o cuadro de rotación, aplicable a toda clase de vistas y de carteles-anuncios” con la finalidad de ser colocado dentro de un mueble. La patente se autorizó el 3 de junio de ese mismo año y fue revocada por impago el 4 de junio del año siguiente. Este aparato estuvo expuesto como reclamo en la tienda que la firma tenía dentro del Museo del Prado. Aun con todo, el negocio no prosperaba. Durante esta etapa, Roswag se centró en la producción de nuevo material, a través de reportajes de numerosas ciudades mediante la técnica de la fototipia, y también ejerciendo como editor en publicaciones. Desde 1879, la compañía tenía los derechos de reproducción de las obras del Museo del Prado y en 1892 el por entonces director, Federico de Madrazo, otorgó a la compañía la exclusividad de la venta de las fotografías. A pesar de estos éxitos, el matrimonio no pudo afrontar las deudas contraídas hasta la fecha y, en febrero de 1893, vendieron el negocio y archivo a Juan María de Gamoneda García del Valle (1875-1963) a un precio muy bajo. Entre otras cuestiones, Gamoneda se comprometía a saldar las deudas de los herederos de Laurent y a que Roswag enseñara a su hermano Eudoro la técnica de la fotografía y la fototipia. Tras varios litigios con el nuevo dueño, Catalina y Alfonso recuperaron el negocio hacia 1895 y, así, pudieron reabrir el taller de Pacífico y un establecimiento de venta en la Carrera de San Jerónimo n.º 29. Desde 1896 hasta 1898, la compañía publicó varios catálogos que reproducían obras artísticas de museos de España y Portugal y colaboró con la prensa de la época. En 1898, se sucedieron una serie de pleitos y se retiró a la firma comercial la licencia de venta de fotografías y álbumes de todos los museos. La tienda del Museo del Prado pasó a manos de otro operario.El matrimonio intentó sacar adelante el negocio y solicitaron un nuevo préstamo a sus amigos José Lacoste y Margarita Amengual, que solventó parcialmente su quiebra. Asolados por las deudas, en febrero de 1900 terminaron por vender la empresa a Lacoste. Alfonso Roswag murió tan solo unos meses después y Catalina lo haría en 1905.








