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Navarrete "el Mudo", Juan Fernández

Logroño, h.1526 - Toledo, 1579

Sordo desde muy niño, no aprendió a hablar. Muy dotado para la pintura, inició su formación con un fraile jerónimo del convento de la Estrella, y pasó luego a Italia, donde en Venecia hubo de conocer a Tiziano. Vuelto a España, Felipe II le nombró su pintor en 1569 y trabajó para El Escorial, donde queda casi toda su obra, de gran calidad e importancia, anticipando en el tratamiento de la luz y en el gusto, de origen bassanesco, por lo realista y cotidiano, efectos del posterior tenebrismo barroco.

Navarrete el Mudo, Juan Fernández de (Logroño, h. 1538-Toledo, 1579). Pintor español. Su temprana muerte cercenó la maduración de un artista que estaba llamado a convertirse en el pintor elegido por Felipe II para trasladar al lienzo las propuestas de la imagen devocional contrarreformista, que tanto preocupaban al monarca durante el proceso decorativo del monasterio de El Escorial. Fray José de Sigüenza, el historiador de la orden jerónima, ya apuntaba la melancolía de Felipe II por la pérdida de Navarrete, y la posterior utilización de artistas italianos en la decoración del monasterio, cuyos resultados no siempre fueron del agrado del rey. Navarrete, apodado «el Mudo» -a los tres años había quedado sordo a causa de una enfermedad y nunca pudo aprender a hablar-, fue instruido en el monasterio jerónimo de la Estrella en su Logroño natal. Allí recibió la primera enseñanza artística al lado de uno de los monjes del cenobio, fray Vicente de Santo Domingo, quien viendo la buena disposición artística del muchacho habría animado a sus padres a enviarlo a Italia. Sigüenza refiere el paso de Navarrete por Roma, Juan Fernández Navarrete 'El Mudo' (Logroño .1526-Toledo 1579)
Florencia, Venecia, Milán y Nápoles, llegando a señalar su estancia en el taller de Tiziano, aunque esto último debe ser tomado como una explicación a posteriori sobre la asimilación del estilo del maestro de Cadore por Navarrete. Sin embargo, sus primeras obras denotan un mayor influjo de lo que pudo conocer contemporáneamente en Roma y Florencia y se muestran muy cercanas a la maniera romanista tardía. En El Bautismo de Cristo (Prado), primera obra conocida del pintor, priman los ecos miguelangelescos, las anatomías robustas y los colores acrisolados. Parece ser que esta obra sirvió como prueba de su pericia para convencer al rey, quien inmediatamente le contrató a su servicio. Seguramente la vinculación de Navarrete con Felipe II y El Escorial tuvo relación con su pasado al lado de los jerónimos. Su propio maestro, fray Vicente, se había trasladado al real sitio en 1565, y la primera mención a Navarrete en El Escorial es del año siguiente, cuando se le cita como restaurador de varios lienzos de Tiziano, convirtiéndose definitivamente en pintor del rey en 1568. Esta actividad como restaurador de Tiziano y el propio gusto del monarca, tan proclive al maestro veneciano, han servido a los críticos como explicación del trasvase estilístico de Navarrete desde el romanismo del Bautismo al venecianismo posterior, aunque no hay que olvidar el paso del artista por Venecia y su conocimiento directo de las fuentes. Lo cierto es que en los años siguientes, su pintura se adentraría de lleno en el mundo veneciano. A través de una pincelada más ligera y fluida, dotará a sus obras de fondos paisajísticos de admirable atmósfera y dorados celajes. Además, su singular interés por los efectos lumínicos remite no sólo a Tiziano, sino también a los Bassano. A pesar de que su puesto en la corte le obligaba a permanecer en El Escorial, su delicado estado de salud le hizo ausentarse en ocasiones, conociéndose diferentes estancias en Logroño, Madrid o Toledo, ciudad donde le sorprendió la muerte en casa de su amigo el arquitecto Nicolás de Vergara. Aunque no pudo llevar a cabo las proyectadas pinturas para el altar mayor -contratadas en enero de 1579, tan sólo unos meses antes de su muerte-, su escasa obra permanece mayoritariamente en el monasterio de El Escorial. Ejemplo de ello son los primeros encargos del San Jerónimo penitente y el Martirio de Santiago, o su inacabada serie del «Apostolado» para la iglesia. Además, a su muerte dejó varios retratos, una faceta de su pintura que se conoce gracias al pequeño dibujo con un Autorretrato conservado en la Hispanic Society of America de Nueva York. El Museo guarda otro importante dibujo de Navarrete, León bebiendo, preparatorio para San Jerónimo, y varias copias del «Apostolado» de El Escorial, además de El Bautismo de Cristo. Este último, citado por Sigüenza en la celda del prior del monasterio, aparece inventariado en El Escorial desde 1574. Posteriormente formó parte del Museo Josefino y de la Academia de San Fernando, hasta su traslado al Prado en 1827.
(García López, D. En: E.M.N.P., 2006, Tomo. V, pág. 1615-1616)

Obras (2)

El Bautismo de Cristo
Óleo sobre tabla, Hacia 1567
Navarrete "el Mudo", Juan Fernández
León bebiendo
Lápiz negro sobre papel verjurado, amarillento, Siglo XVI
Navarrete "el Mudo", Juan Fernández

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