Aurelia Navarro Moreno
Pulianas (Granada), 1882 - Córdoba, 9.2.1968Aurelia Navarro fue primero discípula particular de José Larrocha -en cuyo estudio coincidió con José María López Mezquita y con José María Rodríguez-Acosta-, y después de Tomás Muñoz Lucena. Tras dos participaciones con discreto éxito en las Exposiciones Nacionales de 1904 y 1906, presentó en el certamen de 1908 su obra Desnudo femenino (Granada, Colección Diputación de Granada, inv. 325) que generó cierta expectación entre una parte de la crítica. Muchos reconocieron su mérito, si bien no faltaron comentarios que, aunque igualmente favorables, aparecían tintados de machismo por ser la autora de esta sensual imagen femenina una mujer. La posición de la modelo, desnuda sobre un lecho, y el reflejo irreconocible de su rostro en un espejo hacían evidente alusión a la famosa Venus del espejo de Velázquez, que solo dos años antes había sido adquirida por suscripción popular para la National Gallery de Londres.Las obras de Aurelia Navarro se salieron de la norma para llegar muy lejos, lo que le acabó procurando un éxito efímero, pero también precipitando su caída a raíz de las presiones familiares que sufrió por su polémica pintura de desnudo y que, incapaz de soportar, le condujeron a renunciar a su carrera en favor de la religión. El éxito que terminó logrando la artista en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, lejos de ser interpretado por sus padres como una confirmación del talento de su hija, se vivió como peligro de su inminente perdición. Por eso la obligaron a regresar de Madrid, cuyo ambiente cultural temían lleno de agitación y oscuras posibilidades, a la quietud de su ciudad natal y de la vida doméstica. Que la presión familiar (es decir, social) sobre una joven pintora como Navarro se agudizase en 1908 hasta el punto de frustrar una prometedora carrera artística se debe a que Aurelia, con 26 años, y soltera, se atrevió no solo a participar en aquellas multitudinarias muestras oficiales imprescindibles para obtener la visibilidad que buscaba todo artista con ambiciones, sino a hacerlo además con un tema tabú, el de la representación de un desnudo. Pero el abrupto fin de la carrera artística de Aurelia Navarro no acabó ahí. En 1923 la pintora ingresó como monja en la orden de las Adoratrices (Jiménez-Blanco, María Dolores, y G. Navarro, Carlos, en Carlos G. Navarro (ed.), Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931), Museo Nacional del Prado, 2020, pp. 364-365 y 382, n. 119).Su autorretrato corresponde a la obra P008373 del Museo del Prado
