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Poleró y Toledo, Vicente

Cádiz, 5.4.1824 - Madrid, 12.1.1911

Vicente Poleró y Toledo fue discípulo de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Su vida estuvo siempre ligada a la restauración, cuya práctica dejó teorizada en 1853 en la publicación de su "Arte de la Restauración", que durante muchos años y hasta bien entrado el siglo XX fue un tratado de referencia obligada en la materia.
Por mediación de José de Madrazo recibió el encargo de la restauración de los cuadros de El Escorial y durante tres años, hasta 1857, realizó además del encargo preferente, estudios críticos e históricos sobre la colección de pintura, códices y manuscritos del Monasterio. El 14 de abril de 1863, siendo director del Museo del Prado Federico de Madrazo, fue nombrado tercer restaurador del Museo, cargo que desempeñó hasta el 21 de noviembre de 1866.
Cabe hablar de fructuosa e intensa relación de confianza personal y profesional entre Madrazo y Poleró. Es indudable -según relata Madrazo en su diario y en su correspondencia- que eran ambos un mutuo apoyo, a veces en tareas de interés para el Museo "26-6-1861. Esta mañana he estado en el Museo con Poleró, dirigiendo la colocación de cuadros de la Escuela italiana", en ocasiones dirimiendo asuntos delicados: "12-8-1868. Esta mañana ha venido Poleró y hemos estado viendo un largo y escandaloso expediente que me han mandado de la Intendencia de Palacio sobre pago a Benjumea que pide 40 mil reales por dos mamarrachos (¡!)", gozando también de espectáculos "15-8-1862. Por la nochehemos ido con Luis y Poleró al Circo de Price", "29-10-1882. A las 2 1/2 con Poleró al Retiro a ver subir en la Mongolfiera al Capitan Mayet con un periodista", siendo muy a menudo Poleró el acompañante servicial y atento para cuanto Madrazo dispusiera "24.7.1862. A las nueve de la mañana he ido con Poleró al funeral del padre de Don Tomás Santero. Después hemos estado todo el día Poleró Román y yo ocupadps en la colocación de mis libros", "26-4-1863... después he estado con Poleró y Barroeta arreglando un dibujo original de Rafael para ponerle un marco", "17-10-1880... con Poleró he estado en (casa) del difunto Carderera viendo algunas antiguallas", y en tantas y tantas visitas, tertulias y encuentros hasta el final de sus días.
A raís de esta intensa relación profesional se erigió Poleró en defensor abierto de la gran reforma museística que, bajo la cobertura de la nueva situación política del país, abogaba por la concentración en un solo museo de las colecciones del Prado y del Museo Nacional -ubicado éste en el Convento de la Trinidad-, con la publicación en 1868 de sus "Breves observaciones sobre la utilidad y conveniencia de reunir en uno solo los dos Museos de Pintura y sobre el verdadero estado de conservación de los cuadros que constituyen el Museo del Prado", augurando que "esta medida ofrecería desde luego dos importantes resultados: el primero, que no siendo hoy los dos Museos separados más que unas ricas colecciones de pintura, y por lo tanto inmerecedores de aquella calificación, reunidos ambos y robustecidos con las agregaciones oportunas, entonces y solo entonces vendrían a formar un verdadero Museo; el segundo, que a merced de este acertado consorcio serían bien pronto estimados y conocidos en lo que valen nuestros artistas, a la vez que se haría un señalado servicio al arte y a la Nación en general", como así ocurrió con la fusión de 1872.
De su faceta de escritor cabe resaltar, además de sus innumerables estudios sobre colecciones privadas, iconografías, retratos, trajes, etc., su gran obra "Tratado de la pintura en general", publicada en Madrid en 1886, que por informe favorable de la Real Academia de San Fernando fue declarada de interés histórico, artístico y profesional, pasando por r.O. de 8-2-1887 a ocupar un lugar en todas las bibliotecas públicas y Escuelas de Bellas Artes del país.
Su personalidad como pintor quedó un tanto subyugada por la de escritor y restaurador, pero no obstante hay que reseñar una mención honorífica de segunda clase en la Nacional de 1860 y otra en la de 1867 por sendas pinturas de escenas de interior ambientadas en arquitecturas y escenarios monumentales, que sin duda eran excusa para dar paso a su erudición documental. El Prado conversa, dentro de este mismo estilo la Cámara del Rey Felipe IV en el Palacio del Buen Retiro (P6814), presentado a la Nacional de 1881 (Gutiérrez, A.En: Artistas pintados. Retratos de pintores y escultores del siglo XIX en el Museo del Prado, 1997, p.134-135).

Su retrato realizado por Federico de Madrazo y Kuntz corresponde a la obra P05849 del Museo del Prado.

Obras (1)

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