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Riancho y Gómez de la Mora, Agustín de

Entrambas-Mestas, Cantabria, 16.11.1841 - Ontaneda, Cantabria, 25.10.1929

Pintor dedicado exclusivamente al paisaje, Riancho demostró a lo largo de su carrera una gran independencia respecto al sistema oficial tanto español como extranjero. Nacido en un entorno marcadamente humilde y ajeno a cualquier orientación artística –lo que ha dado pie a la difusión de numerosas anécdotas, no siempre contrastadas, sobre sus primeros pasos–, consiguió con 17 años trasladarse a Madrid gracias al respaldo económico que le ofreció un nutrido grupo de paisanos suyos. En la Academia de San Fernando aprendió al lado de Carlos de Haes, a cuya forma de hacer remiten sus primeras obras madrileñas. Guiado por sus consejos, se marchó en 1862 a Bélgica, donde residió durante dos décadas y participó de su vida artística. Gracias a su estudio directo del paisajismo belga y francés, pudo conocer la pintura de Camille Corot, en especial su sentido del color, y de Théodore Rousseau, dos de los autores a los que el propio Riancho citó como referentes en sus memorias.
Durante los cinco años que residió en Amberes, estudió en el taller de François Lamorinière (1828-1911), quien le inculcó el interés por la representación de grandes árboles y una técnica muy particular, basada en una pincelada ancha y pastosa y en una gama de colores muy reducida. A partir de 1867 se instaló en Bruselas, donde disfrutó de una situación económica estable, y reservó los veranos para pintar en Las Ardenas, una zona boscosa al sur de Bélgica. Las obras realizadas durante estas campañas resultan fundamentales en el estudio y comprensión de su obra, pues en ellas el pintor demostró su capacidad para captar el movimiento de los árboles y de las nubes y su conocimiento de los avances de otros paisajistas. Al regresar de nuevo a España, en 1884, volvió a su localidad natal donde, tras un breve paso por Valladolid y Santander, acabó recluyéndose. Ajeno desde principios de siglo a las influencias y contactos externos, su obra fue haciéndose cada vez más personal. Dejó atrás la serena visión de la montaña cántabra poblada por pequeñas figuras de campesinos y niños, no exenta de cierta concepción romántica, sobre la que había trabajado desde su vuelta a España y de la que es buen ejemplo Entrambasmestas (Santander, MAS). Desde entonces, la simplificación de la gama cromática le llevó al empleo de unos cuantos tonos negros, blancos y ocres, aplicados a veces directamente sin mezclar y en forma de gruesos empastes, trabajados incluso con el cuchillo, con los que conseguía efectos cromáticos muy originales. Esta intensidad expresiva, prácticamente sin parangón en el panorama artístico español de esos años, y que también aparece en muchos de sus dibujos, encontraba acomodo en su interés por pintar los árboles. Unas veces en pequeños grupos y otras de forma individualizada, como en Árbol (Madrid, Museo del Prado), pintado el mismo año de su muerte, se convirtieron en los protagonistas de su obra final (Barón J. “Donación Hans Rudolf Gerstenmaier al Museo del Prado”, Museo del Prado, 2019, pp. 72-73)

Obras (2)

Paisaje
Óleo sobre lienzo, 1890 - 1900
Riancho y Gómez de Porras, Agustín
Árbol
Óleo sobre lienzo, 1929
Riancho y Gómez de Porras, Agustín

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