Desnudo masculino
1759. Clarión, Lápiz negro, Lápiz rojo, Sanguina sobre papel verjurado, papel preparado, 433 x 506 mmNo expuesto
Las pensiones en Roma constituyeron uno de los proyectos más importantes que la Academia de San Fernando llevó a cabo a mediados del siglo XVIII cuando, a semejanza de la Académie des Beaux-Arts francesa, determinó que una estancia en Roma de los jóvenes artistas constituía un paso ineludible en su formación. Fruto de este planteamiento fue el envío en 1758 a Roma de los pintores Domingo Álvarez Enciso (1737-1800) y José del Castillo (1737-1793), los escultores Isidro Carnicero (1736-1804) y Antonio Primo y los arquitectos Juan de Villanueva (1739-1811) y Domingo Lois (1723-1786), a los que se añadieron de forma extraordinaria los pintores Mariano Salvador Maella (1739-1819) y Antonio Martínez Espinosa (1739-?).
La Academia elaboró una serie de precisas Instrucciones para los pensionados en las que la práctica del dibujo desempeñaba un papel esencial. En el punto 11, primero de los destinados a los pensionados de pintura, se indica que "han de asistir con la mayor freqüencia al estudio del Desnudo siempre que la haya en la Academia fundada por el Papa Benedicto XIV en el Campidoglio". Conocida como la Accademia del Nudo, en ella los jóvenes no sólo practicaban la copia de modelos del natural, sino que también tenían a su disposición una de las más ricas colecciones de escultura de la capital italiana.
Domingo Álvarez llegó a Roma, junto a José del Castillo, el 20 de diciembre de 1758. A lo largo de 1759, y de acuerdo con las instrucciones dictadas, se dedicó a copiar en la "Galería Farnesiana el quadro de Júpiter y Juno, con el de Paris y Mercurio. Del Museo Capitolino las Estatuas de Flora, del Antinóo, del Filósofo Cenón, con el grupo de Sichis y Cupido, y dos docenas de Academias", obras que fueron remitidas a la Academia por Manuel de Roda, Agente General del Rey en Roma, junto a las del resto de pensionados en un cajón, el 10 de enero de 1760 (ARABASF, Junta Ordinaria del 8 de abril de 1760, 78v). En la misma Junta se determinó que se mostrasen al rey dos dibujos y dos academias de cada pensionado para que apreciase sus progresos, y que a su vuelta a la institución, "los que se juzguen más perfectos se coloquen en Marcos y Cristales en sitio oportuno". Este dibujo adquirido para el Prado pertenece a aquel grupo de veinticuatro academias. De ellas solo conocemos nueve, ocho conservadas desde 1967 en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid procedentes de la Real Academia de San Fernando, y otra que fue subastada en diciembre de 2017 (Subastas Segre).
Entre 1760 y 1765, años en los que Álvarez permaneció pensionado en Roma, consta según las actas de la Academia que remitió siete academias más, cuatro en 1763 y tres en 1765. Además, en la Academia de San Fernando se conservaban en una "cartera" o carpeta, 305 dibujos "de Discípulos pensionados en la Corte de Roma". El inventario de dicha carpeta, que puede ser fechado hacia 1785 por los nombres de los discípulos que menciona, empieza por los dibujos de Francisco Preciado de la Vega y termina por los del arquitecto Ignacio Haan (ARABASF, 1-48-7). Entre ellos consta que había muchas más academias de Domingo Álvarez, concretamente "48 figuras de Academia de lápiz encarnado, otras ocho figuras de academia de lápiz negro y un dibujo de un cupido de lápiz negro". Estos dibujos estaban a disposición de los discípulos en los primeros cursos como modelos de copia antes de pasar al dibujo del natural. No es por tanto de extrañar que su uso motivase la pérdida de un buen número de ellos. Cabe también mencionar que según consta en la documentación de la institución, fueron vendidas pinturas de pensionados a comienzos del siglo XIX y es posible que también hubiese dibujos. Es interesante mencionar que para los estudios de la Merced y de Fuencarral se llevaron numerosos dibujos y estampas de la Academia que sirvieron para la enseñanza del dibujo en sus diferentes modalidades: adorno, figura, geometría, perspectiva y aritmética. No consta que hubiese entre ellos ningún dibujo de Domingo Álvarez, al contrario de lo muy numerosos que fueron los de Maella. La razón quizá deba encontrarse en la singularidad de sus academias. Su estilo, pese a ajustarse a las convenciones del dibujo académico, es muy personal, caracterizado por la representación de rostros muy expresivos, que invitan a pensar en un reflejo de su propio carácter, poco receptivo a las recomendaciones de sus profesores como consta en las numerosas quejas que el director de pensionados remitió a Madrid, que además señalaba su afición al buen vestir y a las mujeres.
El dibujo del natural no era simplemente un ejercicio de copia, sino que trascendía la realidad para convertirse en la representación, al igual que la escultura clásica, de un ideal de belleza y proporción. De ahí la importancia en la selección de los modelos, jóvenes y bien formados, y el hieratismo de los rostros pese a lo forzado de las posturas. El estudio de las tipologías de las Academias revela el modo de dibujar y los objetivos que se buscaban en estas sesiones de dibujo. El referente a la Antigüedad es obligado y, así, muchos de los posados recuerdan las posturas de esculturas clásicas expuestas en el Campidoglio.
La singularidad de este dibujo radica precisamente en la extraña mirada y el sonriente rostro del modelo, excepcional en el conjunto de las academias conservadas de este periodo, y que nos invita a pensar en que su separación del resto de las utilizadas como modelo para los más jóvenes, quizá se debe a su falta de adecuación a la norma clasicista.
Matilla José Manuel, 'Domingo Álvarez Enciso. Desnudo masculino'. Memoria de actividades del Museo Nacional del Prado 2020, Madrid, Ministerio de Cultura y Deporte,, 2021, p.36-38