Visión de san Francisco
1601 - 1603. Óleo sobre lienzo, 200 x 147 cmSala 004
La Visión de san Francisco de Ludovico Carracci aparece descrita por primera vez en el altar de la capilla del palacio de la familia Zambeccari, “detrás de Santa María la Mayor”, en Bolonia, en 1630: “Un retablo de San Francisco con la Santísima Virgen y Nuestro Señor”. Es casi seguro que el cuadro fue encargado por Luigi Zambeccari (1570-1630), quizás poco después de su matrimonio con Pantasilea Bentivoglio en 1600. El erudito Marcello Oretti (1714-1787) vio esta Visión en otro palacio de los Zambeccari (antigua Casa Danzi) y lo menciona en dos ocasiones en sus notas. Es innegable que este cuadro es el mismo que se describe en el inventario de los bienes de Francesco Maria Zambeccari, redactado en 1752. Se desconoce cuándo y cómo el futuro rey de España, Carlos IV, adquirió la Visión de san Francisco de Ludovico, pero podría haber sido incluso antes de su salida de Italia (donde nació) en 1765. El cuadro se localiza en la Casita del Príncipe, en El Escorial, hacia 1787 y posteriormente fue trasladado al Palacio Real de Aranjuez, donde es mencionado en 1818.
La pintura parece inspirada en un episodio relatado en I fioretti di san Francesco (Las florecillas de san Francisco) -un texto escrito por el hermano Ugolino Brunforte en 1327-, en el que un joven novicio es testigo de un acontecimiento milagroso en el bosque: “Al llegar al lugar donde san Francisco rezaba, empezó a oír muchas voces que hablaban, y acercándose para ver y entender lo que oía, vio una luz maravillosa que rodeaba a san Francisco, y dentro de ella vio a Cristo y a la Virgen María, y a san Juan Bautista, y al Evangelista, y a una gran multitud de ángeles, que conversaban con san Francisco.”
Aunque Ludovico se inspiró en este relato, es muy probable que tuviera presente otro episodio también recogido en las Florecillas, la visión del hermano Pietro: “Un día estando el hermano Pietro rezando y pensando con gran devoción en la Pasión de Cristo, y en cómo la santísima Madre de Cristo y Juan el Evangelista, su discípulo más amado, y san Francisco estaban pintados al pie de la cruz, crucificados con Cristo por el dolor que sentían, le invadió el deseo de saber quién de los tres había soportado el mayor dolor de la Pasión de Cristo, si su madre, que lo había engendrado, o su discípulo, que había descansado sobre su pecho, o san Francisco, que había sido crucificado con Cristo; y mientras se sumía en esta devota reflexión, se le apareció la Virgen María con san Juan Evangelista y con san Francisco.”
El hermano Pietro supo entonces que primero la Virgen y luego san Juan experimentaron el mayor dolor en aquella ocasión, pero que casi igual a la de ellos fue la agonía de san Francisco, cuya adhesión a la pobreza evangélica era aún mayor que la de san Juan.
Al omitir la figura de san Juan Bautista y subrayar el tema de la Pasión de Cristo mediante la representación de las heridas del pie y de la mano de Jesús alineadas con la mano de los estigmas de Francisco desplegada en un gesto de devoción, Ludovico evita representar literalmente cualquiera de estos dos episodios de las Florecillas y los combina en una reflexión visual sobre la imitatio Christi de Francisco -quien tomó enteramente como modelo a Cristo- para exaltar la singularidad de su santidad. En el cuadro, Ludovico escenifica una especie de disputatio, en la que la Virgen se señala a sí misma como recordatorio de su sufrimiento maternal, mientras que Cristo por su parte señala a Francisco como si lo añadiera al grupo de los que, junto con la Virgen y san Juan Evangelista, “sufrieron con él” durante la Pasión. En un lugar destacado, la palma de la mano de Cristo, atravesada por la herida del clavo, se dirige hacia Francisco, situado más abajo y embelesado en su visión, recordando al espectador el famoso episodio de la estigmatización de Francisco en el monte Alverna. De este modo, Ludovico subraya el papel de Francisco como alter Christus, mientras que su representación en un nivel inferior dentro del cuadro restablece su diferente estatus dentro de la jerarquía teológica.
Es posible que Ludovico ejecutara la Visión de san Francisco en 1601-36. Aunque Guido Reni se encontraba en Roma en ese momento, había estado compitiendo con Ludovico, su antiguo maestro, por diferentes trabajos desde 1597-98, cuando abandonó el taller de los Carracci. En 1600, por ejemplo, Guido había intentado arrebatar a Ludovico el encargo de un Nacimiento de san Juan Bautista para la iglesia y el convento de San Giovanni Battista, en Bolonia, sin éxito. Es interesante que el cliente que encargó la Visión de san Francisco a Ludovico, Luigi Zambeccari, se convirtiera en un gran defensor de Guido, a quien encargó importantes cuadros, como Sansón y Baco y Ariadna (Pericolo, Lorenzo, en David García Cueto (dir.), Guido Reni, Museo Nacional del Prado, 2022, pp. 156-158).
Una copia a escala reducida y sobre cobre, fechable hacia 1640, se conserva en la Galleria Spada de Roma (no179), procedente de la colección del cardenal Bernardino Spada (Información actualizada por el Departamento de Pintura Italiana y Francesa hasta 1800 el 22/10/202).