El rapto de las Sabinas
Finales del siglo XVII - Primera mitad del siglo XVIII. Óleo sobre lienzo, 290 x 408 cmDepósito en otra institución
El centro de la obra genera una fuerza centrífuga que separa los dos grupos. En esta dinámica de gestos y cuerpos amalgamados, dos diagonales compositivas incrementan el movimiento de la escena. Como si de un tableau vivant se tratara, la escenificación se desarrolla en dos planos. En un primer plano, los dos grupos citados, y en el fondo, la arquitectura con otros personajes. Si nuestra mirada recorre el lienzo, se encuentra a la izquierda con un jinete sobre un caballo blanco que en sus manos lleva a una mujer con los brazos alzados, que acentúa las líneas de tensión. A sus pies, otros hombres intentan llevarse a las damas que, arrodilladas, miran hacia diferentes puntos. Una de ellas, a la derecha del caballo, centra su atención en el grupo de la parte contraria. En una vertical, un soldado de espaldas, con gran torsión de su anatomía, eleva a la que se resiste, intentándose librar, haciendo fuerza sobre los hombros del romano. El pathos se acentúa con el niño que, a los pies del hombre, eleva su mirada y sus brazos siendo testigo de la escena. Detrás, otras parejas de cuerpos incrementan el patetismo de la composición ante un obelisco. El fondo se abre a una arquitectura que continúa con un paisaje a lo lejos. Entre las columnas, un personaje coronado y con cetro extiende su brazo derecho. A este gesto parece responder el soldado romano que lo mira y que, con su brazo, señala el lado siniestro. Completan la escena tres putti, tensando uno su arco y otro sosteniendo una flecha. El tercero, sobre la nube de la que surgen los tres, nos muestra la parte posterior e inferior de su cuerpo en un meticuloso estudio anatómico.
La pintura tiene todos los elementos que nos permiten situarla en el periodo barroco: el dinamismo de la composición, la teatralidad narrativa, la atención realista, el claroscuro en la aplicación del color o la expresividad de los sentimientos son algunos de los factores clave. Destacan los contrastes cromáticos entre las zonas más iluminadas y el claroscuro de tradición italiana. Se ha prestado especial atención a las anatomías y a la indumentaria de tradición clásica, lo que permite relacionar la escena con un episodio de la historia romana: el rapto de las sabinas. El pueblo romano, falto de mujeres, se dispone a arrebatar a las sabinas a su pueblo, y los sabinos interceden y luchan por protegerlas. Fueron muchos los autores antiguos que, de modo más o menos extenso, trataron esta fábula perteneciente al ciclo legendario relacionado con los primeros tiempos de Roma. Los testimonios más completos son los de Tito Livio, Dionisio y Plutarco. También la encontramos en Cicerón, Ovidio, Floro, Varrón, Servio o Tertuliano, entre otros, manteniéndose la narración de todos ellos de forma muy similar a lo largo de la Antigüedad.
El cuadro figura en el inventario del Real Museo de 1857 como obra de la escuela de Sebastiano Conca (1680-1764), pintor originario de Gaeta. Esta atribución ha sido mantenida desde entonces, aunque parece lo más prudente asignarla a un autor anónimo, por la dificultad de establecer conexiones estilísticas con el catálogo conservado del propio Conca, así como con el mundo de su maestro Francesco Solimena u otro de sus discípulos. Posiblemente se trata de un autor de calidad discreta, que se mueve en un ámbito giordanesco o cortonesco-giordanesco. Luca Giordano (1634-1705), conocido con el sobrenombre de Luca fà presto, elaboró hacia 1680 este mismo tema en una pintura conservada en Génova (Galería Nacional del Palacio Spinola, inv. GNL 75/2010 [121524]), que nos habla del establecimiento de ciertos modelos iconográficos de este episodio a finales del siglo XVII.
Ortiz García, José Antonio, 'Anónimo. El rapto de las Sabinas', Edicions de la Universitat de Barcelona, 2022, p.193-197 nº7