Francisco de Ocáriz y Ochoa
Siglo XVIII. Óleo sobre lienzo, 196 x 84 cmNo expuesto
La pintura es copia de un original (muy probablemente de Velázquez) que en 1701 se cita en el Buen Retiro con el nombre de "Ochoa, portero de corte", junto con una serie de bufones de Velázquez (Pablo de Valladolid, Juan de Austria, Barbarroja, Calabazas, Cárdenas) y con unas dimensiones de dos varas y media de alto por vara y tercia de ancho. En 1772 la misma obra se cita con solo una vara de ancho, y unos años después sirvió como modelo para una de las estampas de Goya que copian cuadros de Velázquez. A partir de la Guerra de la Independencia se perdió su pista en las colecciones reales, al igual que ocurre con el retrato de Calabazas (ahora en Cleveland) y con el de Cárdenas (desaparecido). En esa época, también fue conocido en ocasiones como "el alcalde Ronquillo".
En un momento anterior a 1922, la obra objeto de estas líneas pasó a un coleccionista (Eugenio Iruñigarro), que la compró en Astigarraga (Guipuzcoa). Más tarde la adquirió el marqués de Casa Torres, que la publicó ese año de 1922, creyéndola el original que estuvo en el Buen Retiro. Como tal, figuró en la exposición Velázquez y lo velazqueño (1960), que fue la última ocasión en que se mostró a la vista del público. Durante esas décadas fue atribuida al entorno de Velázquez, y a Juan Carreño de Miranda (Mayer); y se han hecho varios intentos de identificación, que han fluctuado entre Francisco Ochoa, que fue portero de cámara desde 1665, y Francisco de Ocáriz y Ochoa, que fue bufón en la corte en los mismos años en que también lo fueron Juan de Austria, Pernia o Pablo de Valladolid, por la década de 1630.
A pesar de lo expuesto en el párrafo anterior, la presente obra no es un original, sino una copia, que se hizo una vez que el cuadro original fue reducido en su anchura. Como tal copia fue ya reconocida por López-Rey en 1963. Ese carácter derivativo lo sugiere su escritura pictórica, algo desigual, con zonas de bastante continuidad de trazo y otras imitando la franqueza de pincelada asociada a Velázquez. Pero de su condición de copia no deja duda el estudio de sus bordes laterales: como se ha indicado, entre 1701 y 1772, la anchura del cuadro original fue reducida en un tercio de vara. La anchura de nuestro cuadro refleja estas últimas dimensiones, pero el estudio de sus bordes laterales indica que no fueron modificados; es decir, que el cuadro se concibió de origen con la misma anchura que tuvo el original una vez que fue intervenido. El examen del soporte sugiere que es una tela antigua, y que la copia fue realizada en la época en que se documenta el original en las colecciones reales; es decir, entre el momento indeterminado (1701-1772) en que el original fue cortado, y la Guerra de la Independencia.
El interés de esta pieza radica en que (más aún que el aguafuerte de Goya) es el mejor testimonio que tenemos del cuadro original, que formaba parte de un conjunto decorativo tan relevante como la serie de bufones del palacio del Buen Retiro. Su calidad, y la posibilidad de compararlo con las obras que sobreviven de ese conjunto, permiten imaginar de una forma bastante precisa las fórmulas estilísticas y las soluciones compositivas del original. Esa comparación apoya la idea de que la obra original fue realizada por Velázquez, pues lo que refleja de la escritura pictórica de la misma o de sus recursos compositivos (por ejemplo, el sutil modelado del espacio a través de la proyección de las sombras) lo acercan más a este pintor que a Carreño. En ese sentido, aunque los papeles que lleve en la mano coincidan con lo esperable en un portero de corte, muy probablemente no estamos ante el "portero Ochoa", sino ante el bufón Francisco de Ocáriz y Ochoa, cuya cronología cuadra mucho más con Velázquez y con la del resto de los bufones que le acompañaban en el Buen Retiro.
Portús Pérez, Javier, Anónimo (copia de Velázquez). Francisco de Ocáriz y Ochoa (XVIII). en: Memoria de actividades del Museo Nacional del Prado 2020, Madrid, Ministerio de Cultura y Deporte, 2021, p.32-34