Interior de la Capilla Paolina en Santa María la Mayor de Roma
Segundo tercio del siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 176 x 250 cmDepósito en otra institución
Esta pintura, junto con la obra del mismo título P5291, con la que sin duda forma pareja por su temática y dimensiones afines, han sido consideradas tradicionalmente como vistas interiores de la Capilla Sixtina de la iglesia romana de Santa María la Mayor. Los lienzos, de grandes dimensiones, reproducen frontalmente los dos laterales de un mismo espacio arquitectónico, del cual llegan a representarse, en extremos opuestos, el arco de ingreso y el retablo mayor. En el margen superior se recorta en ambas pinturas la circunferencia sobre pechinas que genera la cúpula que no alcanzamos a ver. Las obras muestran, por tanto, un audaz juego de perspectiva pictórica con la intención más que probable de sumergir al espectador en el interior de este espacio religioso. El estilo realista y la técnica minuciosa permiten reconocer con seguridad el lugar en cuestión. Sin duda una simple confusión entre el nombre de las dos capillas dispuestas en el transepto de la basílica liberiana explica el error en su identificación, que parece remontarse al proceso de testamentaría de Carlos III (1794). La visión lateral en ambas pinturas del retablo tabernáculo que custodia la Salus Populi Romani no permite albergar ninguna duda. El 27 de enero de 1613 este icono, que la tradición atribuye al pincel del evangelista Lucas y que salvó a la ciudadanía de Roma de un brote de peste en el año 590, se trasladó solemnemente a la nueva capilla financiada por el papa Pablo V Borghese, emplazada en el brazo del Evangelio del transepto de Santa María la Mayor enfrente del espacio funerario de su homólogo Sixto V. Por su comitente, es también llamada -aunque con menor frecuencia- Capilla Borghese.
Bajo el punto de vista descrito, los dos cuadros reproducen de manera minuciosa el espacio arquitectónico y la prolífica decoración de esta capilla, proyectada por Flaminio Ponzio (1606-1617). En una de las pinturas (P5291) la centralidad recae en el monumento funerario de Clemente VIII, mientras que en la otra el foco se sitúa en la tumba del promotor (P5295). Identificamos con claridad la silueta arrodillada y orante de Pablo V, obra de Sylla Longhi y Nicolas Cordier, dirigiendo su mirada hacia el retrato de la Virgen. Sin embargo, la proeza técnica no reside tan solo en la ficción de la planta centralizada, sino en la reproducción fidedigna de todas las esculturas y pinturas apreciables desde el punto de vista escogido. En estos laterales fingidos de la Paolina reconocemos algunos de los frescos de Guido Reni, en pechinas y lunetos, o de Giovanni Baglione, en los recuadros de los arcos torales.
Las dos pinturas del Prado presentan importantes similitudes temáticas y estilísticas con la obra de Filippo Gagliardi, también conservada en el Museo del Prado (P145) titulada Perspectiva interior de la basílica de San Pedro del Vaticano, la única firmada conocida del autor (1606-1659). Es probable que esta obra llegara a la corte española formando parte de las pinturas encargadas para la galería de paisajes del Palacio del Buen Retiro; una de las series para este Real Sitio aún más desconocidas en cuanto a su composición y distribución exactas. Las dimensiones de esta obra coinciden con el tamaño de los lienzos de formato vertical (210 x 155 cm), que fueron enviados desde distintas ciudades italianas a través de aristócratas diplomáticos y agentes comerciales, y por la descripción y medidas puede identificarse con el número 8018 del inventario realizado a la muerte de Carlos II en 1701. Resulta tentador relacionar las dos vistas de la Capilla Paolina con el ciclo de paisajes y perspectivas encargado para la decoración del Palacio del Retiro. Ambas pinturas tienen unas dimensiones semejantes, aunque no exactas, con las obras de módulo horizontal (155 x 235 cm).
Sin duda, el autor de estas pinturas, cabe imaginar que romano o residente en la Ciudad Eterna, conocía el interior de la Capilla Paolina; aunque es improbable, por las grandes dimensiones y los condicionantes técnicos, que las realizara en directo. Las estampas con las maravillas antiguas y modernas de la ciudad pontificia fueron de gran utilidad para la mayoría de pintores especializados en perspectivas arquitectónicas. En el caso de las pinturas aquí analizadas, las fuentes visuales son fáciles de localizar. Además del frontispicio, son 39 los grabados que ilustran la primera historia de la basílica liberiana escrita y dibujada por el abad Paolo de Angelis (1580-1647), cuya edición princeps está precisamente dedicada a Felipe III (1621). Mapas, planimetrías, alzados interiores y exteriores acompañan las noticias históricas, la transcripción de inscripciones y las descripciones de altares y monumentos. En particular son nueve las estampas dedicadas a la Capilla Paolina en la última sección del libro, que reproducen desde el vano de ingreso a la planta o la cúpula. De especial interés son dos de las cuatro secciones transversales, las llamadas occidental y oriental, por corresponder al objeto de representación de los lienzos del Prado. Prescindiendo voluntariamente del alzado de la cúpula y de la linterna, el pintor pudo disponer en estas estampas de buena parte de la información necesaria -escala, estilo arquitectónico, esculturas, pinturas o vidrieras- para reproducir con precisión los muros laterales de la Paolina. El artista pudo recabar naturalmente otros datos en directo o mediante el uso de otras estampas, como la de Mathias Greuter donde un reclinatorio está dispuesto ante la Salus Populi Romani.
Canalda Llobet, Silvia, 'Anónimo escuela romana. Perspectiva interior de la capilla Paolina en Santa Maria la Mayor, en Roma', Edicions de la Universitat de Barcelona, 2022, p.351-359 nº 35 y nº36