La reina Isabel de Farnesio
Hacia 1715. Óleo sobre lienzo, 135,8 x 105 cmDepósito en otra institución
Isabel Farnesio (1692-1766), se casó con Felipe V de España en 1714. En el contexto de las negociaciones que precedían a la formalización de un matrimonio dinástico, el intercambio de retratos prenupciales cumplía una función esencial. No se trataba únicamente de representar con fidelidad el aspecto físico de los futuros cónyuges, sino que también era una práctica cargada de significado político; una poderosa herramienta diplomática y un símbolo anticipado de la alianza entre dos linajes. Así, la primera efigie de Isabel de Farnesio enviada a la corte española llegó en el marco de los acuerdos previos a su matrimonio con Felipe V. Ese retrato —probablemente obra de Lorenzo Ferramonti— fue remitido desde Parma por el cardenal Francesco Acquaviva, pero no debió de estar a la altura de las expectativas del monarca, pues se sabe que lo consideró de pésima calidad. Quizá por esta razón, y consciente de la importancia simbólica de aquella primera imagen, la corte de los Farnesio convocó con urgencia a Giovanni Maria delle Piane, más conocido como il Molinaretto, para realizar un nuevo retrato de Isabel, que gozaría de gran éxito y sería copiado en múltiples versiones. Entre ellas destaca este retrato conservado en el Museo del Prado, enviado desde Parma poco después de la llegada de la reina a Madrid.
La obra muestra ya a Isabel en su nuevo estatus de reina consorte al incorporar elementos iconográficos que refuerzan su posición: la corona, dispuesta sobre una mesa en segundo plano, y el manto de terciopelo y armiño que descansa sobre sus hombros, símbolo inequívoco de su dignidad regia (N. García Pérez, Prado en Femenino (III), Museo Nacional del Prado, 2025, 20-21).
Un retrato muy cercano de la soberana, debido al mismo autor y presentándola de cuerpo entero, se conserva en el Palacio Real de Caserta (inv. 1874/493, óleo sobre lienzo, 221 x 155 cm).