María Amalia de Sajonia, reina de Nápoles
Hacia 1738. Óleo sobre lienzo, 103 x 76 cmDepósito en otra institución
La pintura muestra la condición regia a través del manto de armiño y la corona real dispuesta sobre un cojín, aunque el motivo que permite desvelar la personalidad retratada es el medallón prendido al pecho, que sostiene delicadamente con su mano, en un gesto muy significativo. En él es posible apreciar el rostro del Soberano de Nápoles, con quien Amalia se casó en junio de 1738.
El retrato puede identificarse con el cuadro que el futuro Carlos III había prometido a sus padres el 5 de mayo de 1739 para que pudieran ver como se encontraba la reina y que sería enviado unos meses más tarde, ya que esperaron a que le desaparecieran las manchas provocadas por la viruela. En las misivas posteriores, tanto el rey de Nápoles como el Marqués de Salas se mostraron disconformes con el resultado, indicando que no había un gran parecido y que Molinaretto no fue capaz de tomar bien los rasgos, haciéndole la cabeza más pequeña, como puntúa el soberano, o lo que expuso el marqués de salas, que se expresó con total sinceridad: «alguna semejanza, pero no se puede decir de ninguna manera muy parecido, pues aunque es verdad que las facciones de la Reyna después de las viruelas han perdido mucho de aquella su primitiva natural delicadeza, no se han alterado tanto como muestra el retrato, al que falta principalmente una cierta vida, gracia y atractivo natural». Por este motivo, el monarca hace toda clase de diligencias «para encontrar un pintor que pueda hacer uno parecido» de la Reina y otro suyo con el fin de remitirlos inmediatamente a Madrid.
En el Prado se conserva otro cuadro de la retratada, realizado por Louis de Silvestre (P2358) con un año y medio de diferencia, en la cual se observan notables cambios en el aspecto físico de la reina.
Carlos III en Italia. Itinerario italiano de un monarca español (1731-1759), Madrid, 1989, p.102