José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca
Después de 1783. Óleo sobre lienzo, 198 x 112 cmDepósito en otra institución
Copia de fecha indeterminada y de autor anónimo del Retrato de Floridablanca original de Goya conservado en el Museo del Prado (P3255). Floridablanca luce como únicos elementos accesorios la espada al cinto, como testigo de su condición hidalga y las insignias, placa y banda, que le identifican como gran Cruz de la orden de Carlos III. Disfrutó de estos distintivos desde 1773, año de su concesión, por sus servicios a la Corona. Ese mismo año, el 7 de noviembre, y por la misma causa, fue creado I conde de Floridablanca. No presenta, sin embargo, la insignia del toisón de oro, que le fue concedida en 1791 por Carlos IV. Fuera de esos símbolos, porta en ambas manos sendos pliegos de papel. En el que sostiene en la mano derecha puede leerse “Memoria pa / la formacion / del Banco / nacional / de Sn Carlos”.
José Antonio Moñino y Redondo (Murcia, 21/10/1728 – Sevilla, 30/12/1808), fue hijo de José Moñino y Gómez, notario mayor de Murcia y de Francisca Redondo y Bermejo. Licenciado en Derecho por la Universidad de Orihuela, se doctoró en Leyes por la Universidad de Salamanca. En su carrera como abogado consiguió llegar a ser nombrado fiscal del Consejo de Castilla en 1766. Fue el inicio de un despegue meteórico en sus servicios al Estado. Entre 1772 y 1776 ejercería de embajador ante la Santa Sede en Roma. Tras la expulsión de España de los jesuitas, en 1767, su misión principal fue influir en el Santo Padre, Clemente XIV, para que dictase la supresión de la Compañía de Jesús, que finalmente llegaría en 1773. Llamado a España de nuevo, fue nombrado primer secretario de Estado, puesto que ocupó entre 1776 y 1792. Su ejercicio como primer ministro de la Monarquía durante tanto tiempo estuvo trufado de aciertos, sobre todo en lo tocante a la política exterior, como el reconocimiento al reformismo revolucionario francés, aunque desde una política independiente de la influencia de Francia; se intentó con múltiples movimientos la neutralización del poder emergente de Inglaterra, como el replanteamiento de las relaciones con Marruecos y Portugal, el inicio de relaciones con Prusia y, sobre todo, el reconocimiento y apoyo de la independencia de los nacientes Estados Unidos de América. Sin embargo, no pudo evitar el acoso de sus rivales políticos, capitaneados por el conde de Aranda, e instigados desde la sombra por la reina María Luisa, empeñada en promocionar a su favorito, Manuel Godoy hasta esas máximas cotas de la política nacional. El hundimiento de Floridablanca se produjo finalmente en 1792, padeciendo un encarcelamiento de tres años en Pamplona, en los que no se consiguieron pruebas que empañasen su prestigio político. Extrañado en su tierra murciana, asistiría a la invasión del país por la Francia napoleónica, aunque no permaneció impasible, formando la Junta Central de Murcia, para ser llamado después a presidir la Junta Suprema Central Gobernativa del Reino, lo que supuso su total rehabilitación pública. Al servicio de ésta pasaría a Sevilla, donde le sorprendió la muerte. En la ciudad hispalense fue sepultado, en el Panteón Real de la Catedral, bajo la urna del rey San Fernando, con honores de Infante de España. Pero el motivo concreto de creación de este retrato no es ninguno de los anteriores. Goya –y con él, el copista- representó en esta efigie a su protector con motivo de un hito de su carrera, que aunque fue importante para la Historia de la Economía española, no tuvo una conclusión muy afortunada: La creación del primer banco público estatal español, el Banco de San Carlos, en 1782, antecedente del Banco de España. Floridablanca presentó con esta intención, ya en 1779, hasta tres borradores de proyecto a los secretarios de Hacienda y Colonias, Múzquiz y Gálvez, aunque en dicha ocasión el proyecto no prosperó. Pero pronto, la situación crítica de las finanzas españolas volvió a empeorar, debido a los enfrentamientos con Inglaterra por el bloqueo a las comunicaciones con las colonias españolas, el asedio a Gibraltar y la recuperación de Menorca. La Hacienda Pública se vio obligada a emitir vales reales –lo que vendría a ser el primer papel moneda en España- pero la situación tampoco mejoró, descendiendo rápidamente el valor de dichos vales. Para sostenerlos, el banquero francés Francisco Cabarrús, presentó el 12 de octubre de 1781 al primer ministro, conde de Floridablanca, un proyecto de banco nacional, al que este dio su aprobación. Para ganarse a la totalidad de los ministros, Cabarrús redactó y presentó el 13 de abril de 1782 un memorial (“Memoria para la formación de un Banco Nacional”, impresa por Joaquín Ibarra, Madrid, 1782) defendiendo su proyecto, que sería aprobado y refrendado definitivamente por el rey Carlos III mediante Real Cédula de 15 de mayo de 1782, publicada el 2 de junio, constituyendo el Banco Nacional de San Carlos. Quedaba bajo protección real aunque sería de propiedad privada. Como modelo se tomaron los bancos nacionales inglés y holandés. Su sede se establecería en Madrid, en un local en el número 17 de la calle de la Luna, que se inauguró el 1 de junio. Su historia estuvo cuajada de intrigas políticas –nacionales y extranjeras-, movimientos de directiva y especulaciones de todo tipo, hasta la caída del conde de Cabarrús en 1790, aunque la vida de la institución resistió hasta 1829, en que sería sustituido por el Banco Español de San Fernando. El Banco de España, heredero del de San Carlos, conserva un retrato de Floridablanca –como promotor de la creación del Canal Imperial de Aragón-, obra de Goya, fechado en 1783, que sin embargo no es herencia del Banco de San Carlos, sino que se trata de una adquisición de la Institución, ya en pleno siglo XX. En esa obra, Goya incluyó su autorretrato, presentándose como protegido del Conde, quien fue su benefactor e introductor en la corte. Producto de su relación surgirían otros encargos, desde el entorno de Floridablanca, como la serie de consejeros del Banco de San Carlos en 1785 (el conde de Altamira, el conde de Cabarrús, el marqués de Tolosa, etc.), comisión en la que también pudo intervenir Ceán Bermúdez, funcionario del Banco y amigo de Goya. El lienzo de Goya y su réplica aquí analizados, se enmarcan en ese entorno de la creación del Banco Nacional de San Carlos, promovido por Floridablanca desde su alto ministerio, como atestigua el pliego que sustenta su mano derecha, cuyo título recuerda casi puntualmente a la Memoria presentada por Cabarrús a Moñino el 13 de abril de 1782 para su fundación, fecha en torno a la que habría que datar el original y las réplicas que se repartirían entre las diferentes instituciones implicadas.
Sánchez del Peral, Juan Ramón, 'El Conde de Floridablanca' En:. La nación recobrada: La España de 1808 y Castilla y León, Junta de Castilla y León, 2008, p.270-271, n. 53