La demencia de doña Juana de Castilla
Hacia 1866. Óleo sobre lienzo, 63 x 83 cmSala 061B
La pintura es boceto de la obra Demencia de doña Juana de Castilla (P4669), que fue adquirida a su autor en 1867 con destino al Museo Nacional de Pintura y Escultura. En él están ya definidos los personajes principales, doña Juana y el cadáver de Felipe el Hermoso, en una disposición similar, aunque opuesta, a la que finalmente tendrían. Los tres nobles en pie a la derecha, cambiarían también su colocación y sus actitudes, más variadas en el cuadro definitivo, en el que uno de ellos se sustituyó por un eclesiástico.
El estudio de la luz, que proviene del primer término a la derecha, es patente en la importancia de las sombras y en la presencia de una puerta al fondo, ante la que se recorta un personaje, que supone un segundo foco. Esto hace pensar en la de Las meninas; de hecho, la importancia de Velázquez fue notable en estos años para artistas del círculo de Vallés, como Rosales. Aunque la puerta desapareció en el cuadro definitivo, la consecución de una medida atmósfera luminosa sería, también, una de las mayores aportaciones de la obra. En el gesto con el que hace callar a los nobles que la acompañan, que sigue el texto de Pedro Mártir de Anglería en el que se basó, las dos manos están cambiadas respecto al cuadro definitivo, a consecuencia de la inversión en la disposición de la figura.
Es obra de plenitud, en la que se advierte el vínculo con otros pintores de historia que también realizaron bocetos para sus cuadros, entre ellos, Eduardo Rosales. Sin embargo, tiene personalidad propia en la captación de los rasgos de las figuras, en la consecución de una atmósfera de recogimiento y en la contención de las actitudes y expresiones. Además, la disposición oblicua del lecho, resaltada por la de la alfombra, introduce un sentido espacial de mayor dinamismo que las obras de sus compañeros, a menudo compuestas como escenarios paralelos al espectador.
La suavidad del colorido es especialmente visible en los tintes rosados de las cortinas y en las calidades de la tela de la alfombra. La pincelada es aquí más deshecha y la pintura más diluida, en comparación con el mayor empaste que se advierte en las figuras. Cierta aspereza de la textura superficial puede deberse al empleo de alguna cola de protección en alguna intervención antigua sobre la pintura. La reflectografía infrarroja, realizada en el Gabinete de Documentación del Museo Nacional del Prado, ha permitido advertir la existencia de una cuadrícula trazada a lápiz, recurso propio de los bocetos para facilitar el traslado de su composición al lienzo definitivo. La pintura es el único boceto conocido del artista de su obra principal.
Barón, Javier, 'Lorenzo Vallés. Demencia de doña Juana de Castilla, boceto, 1866, o poco antes'. En: Memoria de Actividades 2022, Ministerio de Cultura y Deporte, 2023, p.116-118