La Presentación de la Virgen en el Templo
Tercer cuarto del siglo XVI. Albayalde, Aguada, Pluma, Tinta parda sobre papel azulado, 245 x 512 mmNo expuesto
El encargo más prestigioso que recibió Trometta durante toda su carrera fue indudablemente la decoración al fresco del techo del coro de la iglesia romana de S. Maria in Aracoeli. El 30 de enero de 1565 firmó el contrato para llevar a cabo el proyecto que, según la inscripción de la bóveda, fue terminado en 1568. En el centro de la bóveda está el fresco de gran formato ovalado de la Virgen y el Niño con ángeles. Este fresco está flanqueado por Augusto y la sibila y Augusto ofreciendo un sacrificio ante el altar, dos escenas que aluden al hecho de que la iglesia esté construida en el lugar donde se encontraba el legendario Aracoeli (altar del cielo). El origen de esta historia se narra en la sugestiva leyenda recogida en Mirabilia Urbis Romae (ca. 1140) según la cual en este lugar el emperador Augusto, mientras consultaba a la sibila, habría tenido la visión de la Virgen con el Niño en brazos, sentada sobre un altar en el cielo; al tiempo escuchó una voz que decía: "Haec est Ara Primogeniti Dei", tomando entonces la decisión de levantar un altar en el Campidoglio dedicado a Jesús (sobre la iconografía y reproducciones de la decoración, Gere, 1963, pp. 4-8). La decoración se completaba con dos escenas de la Vida de la Virgen -el Nacimiento de la Virgen, sobre la entrada de la nave, y la Presentación de la Virgen, en el lado este del coro- y compartimentos con Evangelistas, Virtudes y Santos franciscanos.
Este dibujo es probablemente el estudio preparatorio acabado, cuadriculado para su reporte, para el cartón a tamaño natural del fresco de la Presentación de la Virgen. Las dos columnas salomónicas y del arco del fondo que se representan en la parte superior derecha del dibujo aparecen igualmente en el fresco. La disposición es típica del "concepto" manierista: la protagonista principal, la Virgen niña, es la figura más pequeña de la composición, si bien está situada en el centro del espacio. La proporción mucho mayor de los espectadores que aparecen a ambos lados, y cuyos movimientos se supone están destinados a dirigir la mirada del espectador hacia el sujeto principal, acentúan el reducido tamaño de la Virgen.
Se conocen otros tres dibujos de Trometta para esta misma composición de la Presentación de la Virgen; dos de ellos se encuentran en el Staatliche Graphische Sammlung, Múnich (inv. núm. 41596 y 6651; Gere, 1963, p. 16, núm. 28 y 25). Al igual que el dibujo del Prado, uno de los de Múnich es un estudio para la composición completa, pero el fondo arquitectónico y muchas de las figuras difieren del resultado final. El segundo dibujo de Múnich es un detalle que muestra las figuras del primer término a la izquierda y, en este caso, existe una mayor correspondencia con el fresco. La diferencia principal de este dibujo de Múnich con el del Prado y el fresco de Roma es la mujer que aparece de pie, segunda figura de la izquierda, que, en esta etapa preliminar, ocupaba el lugar del hombre con barba portando un cayado.
En el mercado de arte londinense (Londres, 1988, núm. 29) se encontraba anteriormente un tercer dibujo para el grupo central de la Virgen siendo recibida por el sumo sacerdote y su séquito en los escalones del templo. A juzgar por las diferencias en la disposición de las figuras, éste también parece ser anterior al del Prado.
Tanto Trometta como Nebbia (ca. 1536-1614), Federico Zuccaro (1540/41-1609) y Guerra (1544-1618) eran los mejores seguidores de Taddeo Zuccaro, adaptando el estilo exuberante y caprichoso del maestro a las necesidades de unos espectadores menos sofisticados y menos aristocráticos. Al suavizar las excentricidades y el fuego creador del maestro, las obras resultan, en comparación, sosas y rutinarias. A pesar de ser acertado y competente, el nivel de dibujo de Trometta no llega al de muchos de los grandes dibujantes del siglo XVI que trabajaron en los años centrales del siglo (Texto extractado de Turner, N.: Dibujos italianos del siglo XVI, Museo Nacional del Prado, 2004, pp. 134-135).