Ponte Vecchio
1984. Aguada de pigmentos opacos [gouache, témpera] sobre papel avitelado, 320 x 420 mmNo expuesto
Ramón Gaya fue seguramente el artista del siglo XX más concernido por la importancia del Museo del Prado, que visitó con asiduidad, y por la difusión de sus obras, a partir de su temprana colaboración en el Museo del Pueblo o Museo Circulante de las Misiones Pedagógicas, promovido por Manuel Bartolomé Cossío en 1931. Más tarde, la añoranza despertada por el Museo durante su forzado exilio a México, le llevó a representar las obras que más apreciaba en sus pinturas y así siguió haciendo el resto de su vida. Buena parte de sus obras son, así, homenajes a pinturas que se hallan en el Museo o a artistas representados en el mismo, aunque también se interesó por otros. Fue un gran conocedor del Prado como revelan su obra escrita y su correspondencia.
De vuelta a Europa en 1952 tras el exilio, la gran atracción por Italia y su arte le llevó a establecerse en Roma en 1956. Entonces representó numerosas de sus vistas más célebres como El Coliseo (D10136), tras el arco de Tito, Los baños del Tíber (D10140) y los pinos del parque de Villa Borghese, Pinos romanos (D10139). Las ciudades artísticas como Florencia y Venecia, le atrajeron también. La elección de los motivos italianos denota que, frente a la pura representación de los monumentos, el artista persiguió plasmar la belleza de los espacios vividos en ciudades que había hecho suyas, en donde la arquitectura es un fondo -La iglesia de la Pietà (D10138) en Venecia, el Ponte Vecchio (D010141) en Florencia-, o un reflejo incluso -el Castell Sant’Angelo en Roma-, que aporta su realce a lo verdaderamente esencial, el placer de la vida serena que procuran aquellas ciudades.
Barón, Javier, 'Ramón Gaya et al. Conjunto de 12 óleos, 15 gouaches, acuarelas y
pasteles, 14 dibujos y dos libros de Ramón Gaya; 7 fotografías de Juan Ballester y 1 de Isabel Verdejo Muñoz'. Museo Nacional del Prado. Memoria de actividades 2024, Madrid, Ministerio de Cultura, 2025, p.136-144