San Agustín entre Cristo y la Virgen
Hacia 1665. Óleo sobre lienzo, 274 x 195 cmNo expuesto
Una parte importante de las creencias que sustentan la religión católica se basa en el concepto de milagro; es decir, la existencia de fenómenos sobrenaturales, que son expresión de la voluntad divina, y que frecuentemente ponen en relación al ser humano con Dios o los santos. En muchas ocasiones esos milagros se incluyen entre lo que podríamos catalogar como "favores divinos", o premios espirituales que reciben hombres y mujeres por su vida ejemplar, su fe o su trabajo al servicio de la propagación de la religión. Los había de muchos tipos, como la Virgen descendiendo a la tierra para entregar una vestidura sagrada o una escultura de un Cristo crucificado que toma vida para entablar un diálogo con el fiel que ora ante ella. Entre los favores más preciados figuraba la recepción de fluidos corporales: en el caso de la Virgen, leche de sus pechos, y en lo que se refiere a Cristo, sangre que brota de una llaga en un costado. Todo ello, por otra parte, resulta lógico dentro de un sistema de creencias que sostiene que en la Eucaristía el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo.
El arte español del siglo XVII fue muy amigo de representar este tipo de favores, en consonancia con la gran presencia que tuvieron en los relatos de las vidas de los santos o de personas vivas con fama de santidad. Dado el hecho de que alrededor del noventa por ciento de las obras de Murillo fueron de tema religioso, en su catálogo encontramos varias escenas de "favores", sobre todo en obras relacionadas con órdenes religiosas.
Este cuadro muy probablemente fue pintado para el convento de San Agustín de Sevilla. El santo (354-430) era una de las personalidades más importantes de la historia temprana de la Iglesia, y está identificado a través de sus vestiduras y de los objetos que tiene junto a sí: la casulla que viste, la mitra que sostiene un ángel y el báculo que sostiene otro aluden a su condición de obispo; el hábito negro es el propio de los frailes agustinos; y los libros que aparecen a nuestra izquierda, formando un espléndido fragmento de naturaleza muerta, dan fe de su actividad intelectual, y nos recuerdan que Agustín fue uno de los escritores más influyentes del cristianismo.
Se encuentra arrodillado entre Cristo y la Virgen, y recibe en su rostro la sangre de uno y la leche de la otra. A diferencia de otras imágenes parecidas protagonizadas por otros santos (como san Bernardo), no nos encontramos ante una aparición real, sino ante una plasmación plástica de una meditación que una fuente apócrifa atribuyó al santo: "en medio de los dos, no sé dónde volverme: dudo entre la sangre de Cristo y la leche de su madre". Pero las fronteras entre apariciones, visiones y meditaciones eran lo suficientemente fluidas como para que el espectador de la época en la que Murillo pintó su obra entendiera el contenido general del cuadro.
Se trata de una obra que nos pone en contacto con algunas de las cualidades que convirtieron a su autor en uno de los mejores pintores españoles de su época: un sentido muy poderoso de la composición (a lo que le ayudaba ser un gran dibujante), una concepción monumental del tema (para lo cual sitúa a san Agustín en un término muy cercano y su figura se ve de abajo arriba) y un gran sentido del color, que se impone sobre el dibujo. También característica de Murillo es la suavidad del contraste entre luces y sombras, cuyas transiciones resultan muy delicadas y eficaces.
Aunque Murillo es el autor esencial del cuadro, la obra presenta varias manos. Las figuras de Cristo y la Virgen parecen acabadas por algún pintor de su entorno; y durante el siglo XVIII se recreció el lienzo en su parte superior, donde se incluyeron numerosos angelitos que también se desparraman más abajo. Se ha supuesto que el autor de esa adición sea el pintor sevillano Alonso Miguel Tovar (1678-1758). En cualquier caso, la obra es un ejemplo magnífico del estilo monumental, eficaz y seductor de Murillo, y explica el gran éxito que alcanzó el artista en Sevilla (Portús Pérez, Javier, en Martínez Plaza, Pedro J., Ages of Splendor. A History of Spain in the Museo del Prado, cat. exp. Pudong, Shanghái, 2024).