San Juan Evangelista
Hacia 1605. Óleo sobre lienzo, 99,7 x 78 cmSala 008B
San Juan es representado como un joven imberbe de cabello cobrizo, vestido con túnica atornasolada en verde y amarillo y cubierto con manto rosáceo de gruesa seda. La figura, de algo más de medio cuerpo, está representada de frente, con la cabeza dirigida hacia su izquierda. En la mano derecha sostiene el cáliz del que brota un dragoncillo o serpiente alada, un elemento que, junto a la juventud del personaje, permite reconocer la exacta identidad del apóstol, pues recuerda un episodio popularizado en la Edad Media en el que san Juan se libró de morir envenenado tras bendecir una copa que portaba el mortal brebaje. Tanto las dimensiones como el tipo de representación ponen la tela en relación con los distintos ejemplares del san Juan Evangelista que se incluyen en los apostolados concebidos por el Greco en la etapa final de su producción. La misma figura, idéntica ropa y actitud, aparecen en los dos conjuntos más significativos: el del Museo del Greco (Toledo) y el de la catedral de Toledo.
La concepción del fondo será el elemento diferenciador de este lienzo del Prado con respecto a los apostolados. Si en estos las figuras quedan potenciadas por una homogénea entonación oscura, en el caso que nos ocupa al personaje le envuelven los característicos celajes tormentosos, fórmula que El Greco había iniciado en los santos de medio cuerpo que incluyó en el conjunto retablístico de Santo Domingo el Antiguo, su más temprana producción en suelo español. En su San Benito, hoy en el Museo del Prado, se concibe al santo de una manera muy parecida: una sencilla composición triangular en la que la media figura, en un rotundo primer plano proyectado di sotto in sú, se recorta sobre los celajes del fondo.
Los paralelismos entre esta obra y los apostolados señalados explicarían algunos intentos por vincular la tela con otros apóstoles aislados existentes en distintas instituciones y colecciones, en la pretensión de concretar otra serie, supuestamente concebida como tal y luego dispersada. No obstante, se ha preferido desligar esta imagen de un supuesto apostolado, considerándola una pieza aislada, un encargo concreto, que respondería a una devoción tal vez particular.
Numerosos autores señalados han ensalzado la calidad de la tela del Prado, considerándola incluso como el prototipo de las otras versiones. Una excepción a estos juicios fue Halldor Soehner, quien consideró el lienzo de la catedral toledana como la original, aludiendo al impecable dibujo que conforma la figura, y señalando las modificaciones del san Juan del Prado, comenzando por la construcción de la cabeza, la expresión e iluminación del rostro o la endeble construcción de las manos. En la tela catedralicia los dedos de san Juan toman con precisión el astil del cáliz, mientras que en los otros ejemplares se delinea un torpe amontonamiento de dedos. Aduciendo esta y otras consideraciones, el estudioso alemán incluyó el ejemplar del Prado entre las réplicas de taller. En nuestra opinión, compartimos en parte la argumentación de Soehner, tanto en lo que respecta a la preeminencia de la versión de la catedral con respecto a las otras dos telas reseñadas como a la participación del taller en esos ejemplares. Sin embargo, este análisis debe matizarse. Nuestro conocimiento actual de estos conjuntos apostólicos pone de manifiesto que en la mayoría de los lienzos la construcción pictórica se llevó a cabo en una labor conjunta del pintor con su taller. El Greco iniciaba el trabajo, trazando líneas de encaje y realizando algunas partes de cada obra. La calidad de los distintos lienzos depende por ello del grado de participación del cretense. Por este motivo, tanto la tela del Prado, con un excepcional tratamiento del fondo, como la de la catedral toledana, estarían pergeñadas por el maestro, aunque con participación del taller en las manos, cabello y parte de la vestimenta. Tampoco la fecha de realización debe estar muy alejada. Debe situarse hacia 1605 porque por entonces el pintor y su taller habían iniciado las series apostólicas, series que en algunos casos fueron acabadas en los años finales del maestro e incluso con posterioridad a su muerte. Sin embargo, la factura de la tela no parece que pueda adscribirse a un momento más tardío (Ruiz Gómez, Leticia, en Martínez Plaza, Pedro J., Ages of Splendor. A History of Spain in the Museo del Prado, cat. exp. Pudong, Shanghái, 2024).