Trampantojo
Después de 1756. Aguada de colores, Pluma, Tinta, Pincel sobre papel verjurado, 409 x 536 mmNo expuesto
Dibujo de autor anónimo muy colorido que incluye un variado repertorio de impresos, muchos de ellos en alemán: dos calendarios de 1754, una página del diario de Leipzig de 1752, y otras publicaciones en dicho idioma de 1755 y 1756. Uno de los documentos manuscritos reproducidos aparece firmado en 1752 por el comerciante alemán de origen francés afincado en Leipzig Jean Henri Thierot (1703-1761), a quien seguramente está dedicado el dibujo. La gramática italiana de Charles Placardi publicada en Basilea en 1752, un libro de meditaciones, dos mapas con representaciones de la India y China y dos naipes franceses con el rey de bastos (Alexandre) y la reina de corazones (Rachel), aluden a la variedad de intereses del comerciante y a su éxito.
El origen del trompe l’oeil o trampantojo se remonta al texto descrito por Plinio el Viejo en su Historia Natural (libro 35-65) en el que recoge el concurso entre Zeuxis y Parrasio. Como género pictórico autónomo, se desarrolló fundamentalmente en los Países Bajos en el siglo XVII y se extendió por toda Europa, practicándose en España desde el siglo XVII y ampliando su presencia en el siglo XVIII. El género evolucionó en el siglo XVIII en el formato de pèle-mêle o mesas revueltas, en los que los objetos, fundamentalmente obras sobre papel de muy variada condición, pasan de estar colgados o clavados en la superficie vertical del muro o el tablero a disponerse sobre una mesa. En estas, se representan y distribuyen obras sobre papel acompañadas de otros objetos que suelen aludir a la práctica de las diferentes artes. Dibujos, estampas, documentos variados, libros, periódicos y naipes se colocaban de manera aparentemente casual. La elección de las obras representadas no es sin embargo aleatoria, y el conjunto ha de ser interpretado de forma simbólica en relación con el autor o su destinatario, cuyos nombres en ocasiones aparecen en alguno de los documentos reproducidos. Son composiciones concebidas para demostrar el virtuosismo e ingenio del dibujante a través de un ejercicio visual dirigido a una clientela culta y aficionada a estos juegos de reconocimiento de carácter simbólico. Los animales, habitualmente presentes en la pintura desde el siglo XVI, se incorporan con la intención de engañar al ojo del espectador y el realismo con el que los artistas tratan de representar la fragilidad de las obras sobre papel, una forma de vanitas, motiva que muchas de ellas aparezcan rotas, quemadas, mojadas o devoradas por los insectos o los ratones.
Matilla, José Manuel, 'Anónimos italianos, alemanes y franceses, Giuseppe Maria Crespi, Antonio Prado. Conjunto de ocho mesas revueltas, siglos XVIII al XIX'. Museo Nacional del Prado. Memoria de actividades 2023, Madrid, Ministerio de Cultura, 2024, p.127-130