Trousse de veneur; estuche de utensilios para preparar la caza
1550 - 1555. Terciopelo, Metal, 34,6 x 33 cmSala 079B
Estuche de tapa cuadrada, forrado exteriormente en piel verde profusamente decorada con apretado semis de lises y delfines, para guardar utensilios para preparar la caza. Decorado con escudo central redondo, cuartelado con las tres lises y el delfín alternado. Rodeado por los collares de la Órden de san Miguel y la del Espíritu Santo. Se inscribe en una gran orla compuesta de varias cenefas: una de las grandes, lises y filetes, y otra doble con ramos estilizados separados por ovas. En el interior, forrado en terciopelo carmesí, con hendiduras para acoplar las piezas, se conservan catorce instrumentos con mangos de marfil y metal sobredorado: un martillo (O003498), un punzón (O003499), una navaja (O003500) dos cuchillos, uno de hoja recta (O003501) y otro de hoja curva (O003502); un hacha pequeña (O003503) y otra mediana (O003511); unas tijeras de hierro (O003504), dos brazos de tijera (O003505, O003506); una sierra pequeña (O003507), un cuchillo con muelle (O003508) y dos desclavadores (O003509, O003510).
La caza era una actividad cortesana relacionada con las ideas de nobleza y soberanía, y con lecturas morales, pedagógicas, y políticas, como alegoría de la paz y del ejercicio del buen gobierno. Las cualidades de un cazador se apreciaban como las de un buen guerrero, aunando coraje, habilidades tácticas, compartimiento de un objetivo común, y la victoria, por lo que era parte esencial de la educación de los jóvenes príncipes y nobles.
Este lote de instrumentos sirve para preparar las piezas cobradas en la cacería. Existe un paralelo muy similar en el Musée National de la Renaissance, Castillo de Ecouen, catalogado como trousse de veneur o estuche francés con instrumentos para el despiece de la caza datado en 1573 (inv. E.Cl. 1308). Piezas de formas muy similares e idénticos materiales, y catalogadas con el mismo uso, se conservan también en otras instituciones como el Museo del Bargello de Florenci (inv. Carrand 1731 y 883), y el Victoria & Albert Museum de Londres (inv, M. 627-1910), datado entre 1550 y 1600. De la misma forma, el conjunto de instrumentos de caza del Museo de Ciencia de Londres, catalogado entre 1560 y 1580 - aunque lo considera inglés -, así como los ocho instrumentos catalogados como posiblemente de caza conservados en Waddesdon Manor (acc. no. 5238.1-8), y datados en la segunda mitad del siglo XVI. Por otro lado, en alguna ocasión se ha relacionado el uso de estos instrumentos con la jardinería, por su similitud en el diseño del instrumental, aunque en el caso del Museo del Prado el grabado de un ciervo en el Hacha O3511 no ofrece duda. Ejemplos de instrumentos de jardinería son el conjunto conservado en la Staatliche Kunstsammlungen de Dresde (inv. NR. X 555), perteneciente al conde de Barby-Mühlingen Burchard VIII (1565-1586), datado en 1575, o el conservado en el Metropolitan Museum datado entre 1575 y 1600, inv. 64.101.1470–.1476. El Museo Royal Armouries en Leeds conserva un conjunto muy similar de siete instrumentos datado en 1580-1581, inv. X.269 que considera de caza, aunque señala que el uso es incierto.
Esta caja de instrumentos formó parte de la colección de alhajas que recibe el joven Felipe, duque de Anjou, tras la muerte de su padre Luis de Borbón (el Delfín de Francia). La colección llega a España con el joven rey, que reinará en España con el título de Felipe V. Estos catorce instrumentos guardados en un estuche, fueron tasados muy bajos y, en el momento del saqueo en 1803, fueron despreciados por los franceses y no viajaron a París. Posteriormente, este fue entregado, con el resto de las alhajas, al Museo del Prado, por la Junta Gubernativa del Museo de Ciencias Naturales. Desde al menos la segunda mitad del siglo XIX se perdió su pista y, cuando en 1873 fue entregado como depósito del Prado al Museo Arqueológico Nacional, ya no se le relacionaba como perteneciente al Tesoro del Delfín. Sin embargo, al cuadrar los inventarios, se advirtió que el presente lote no había sido mencionado entre los objetos robados en 1918. Al revisar diversas publicaciones, se reconoció este estuche como pertenecientes al Tesoro del Delfín.
Arbeteta Mira, Letizia, El tesoro del Delfín: alhajas de Felipe V recibidas por herencia de su padre Luis, Gran Delfín de Francia, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2001, p.202,203