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El arte de Clara Peeters

Museo Nacional del Prado 25/10/2016 - 19/02/2017

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Tras su exhibición en Amberes, el Museo del Prado recibe en su sede una muestra dedicada a Clara Peeters, pintora flamenca perteneciente a la primera generación de artistas europeos especializados en naturalezas muertas y una de las escasas mujeres que pudo dedicarse profesionalmente a la pintura en Europa en la Edad Moderna.

La presencia de este grupo de quince obras relevantes de Clara Peeters en el Prado quiere destacar los logros de esta dotada y delicada artista, de la que se conocen apenas cuarenta obras de su mano.

Tanto la exposición como el catálogo que la acompaña suponen el estudio más actualizado hasta la fecha sobre su vida y su obra situando a Clara Peeters en el contexto cultural y artístico de Amberes y poniendo también el foco de atención en la situación de las mujeres artistas a principios de la Europa Moderna, cuando los prejuicios generalizados les cerraban muchos caminos.

Comisario:
Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo del Prado.

Acceso

Sala D. Edificio de los Jerónimos

Patrocinada por:
Fundación AXA
Coorganizada por:
Real Museo de Bellas Artes de Amberes (KMSKA)
Con la colaboración de:
Gobierno de Flandes

Clara Peeters. Una historia en imágenes

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Son escasos los datos que conocemos sobre Clara Peeters, una de las pocas mujeres que se dedicaron a la pintura en los comienzos de la Edad Moderna. Apenas contamos con unas pocas referencias documentales -exclusivamente sobre sus obras, no sobre su vida- y con los extraordinarios bodegones que pintó, unas cuarenta obras aproximadamente.

Esta exposición reúne 15 obras, procedentes de diversos museos y colecciones. Cuatro de ellas son propiedad del Museo del Prado.

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La escasa información que tenemos sobre Clara Peeters contrasta con los numerosos autorretratos que incluyó en sus composiciones, siempre a través de reflejos sobre metal y vidrio.

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La Flor de lis indica que formaba parte de la Colección de Isabel de Farnesio.

Dos de las tablas del Museo del Prado se documentan por primera vez en 1746 en el Real Sitio de La Granja de San Ildefonso como parte de la Colección de Isabel de Farnesio (Flor de lis). Las otras dos posiblemente se corresponden con dos bodegones citados ya en 1666 en el Alcázar.

Prácticamente todos los cuadros de Clara Peeters son bodegones, un tipo de pintura que empieza a ponerse de moda a comienzos del siglo XVI y que rápidamente alcanzará un gran éxito, especialmente en los Países Bajos.

Sus composiciones incluyen ricas vajillas, flores y todo tipo de alimentos: frutas, pescados, aves, pan, queso, aceitunas...

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Los saleros eran objetos muy preciados, debido sobre todo al precio de la sal, que se utilizaba para conservar la carne y diversos tipos de pescados, y también para hacer queso o adobar aceitunas. Se solía coger del salero con la punta de un cuchillo.

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Generalmente los alimentos y objetos se disponen sobre la superficie desnuda de una mesa de madera. En este caso la artista incluyó un rico mantel de damasco de lino, un tipo de pieza que se exportaba desde Flandes al resto de Europa. Presenta marcas de haber estado plegado.

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La Flor de lis indica que formaba parte de la Colección de Isabel de Farnesio.

No sabemos si Clara Peeters estuvo casada. En seis de sus obras incluye el mismo cuchillo, un regalo de esponsales, que quizás fuese suyo. Colocados siempre en un lugar destacado, en ellos coloca su firma. Varios presentan también una marca que indica que fueron fabricados en Amberes.

Diversos testimonios permiten suponer que la artista desarrolló su trabajo en Amberes, aunque pudo realizar algún viaje al Norte, a Holanda. Aunque no aparece inscrita en el gremio de pintores de la ciudad, es citada en un documento como pintora de Amberes y seis de sus cuadros tienen marcas que indican que las tablas fueron preparadas en esa ciudad.

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Una mosca se ha posado sobre el jarrón de cerámica. Es un recurso, de origen clásico, que sirve para reforzar el ilusionismo del cuadro, la sensación de estar ante una composición real, viva. Más abajo hay un saltamontes.

Bodegón con frutas y flores. Oxford, The Ashmolean Museum. Bequeathed by Daisy Linda Ward, 1939

En los Países Bajos se comía mucho pescado, tanto peces de agua dulce, que se consumían frescos, como peces de agua salada, que se conservaban en salazón, como los arenques. La abundante presencia de pescado en la dieta se relaciona con la prohibición de comer carne durante los días de ayuno: las seis semanas de Cuaresma, los viernes (porque era el día de la Crucifixión), los sábados (día de la Virgen María)…

Bodegón con pescado, gambas, ostras y cangrejos de río (detalle). Amberes, Koninklijk Museum voor Schone Kunsten

Clara Peeters fue una innovadora. Este es el primer bodegón con pescado que se conoce y quizás el primero que se pintó. Anteriormente ya se habían representado pescados en escenas de cocina y de mercado, pero no de manera aislada como protagonistas, casi exclusivos, de una composición. La artista hizo al menos nueve cuadros con pescados.

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Las alcachofas -prácticamente desconocidas hasta la segunda mitad del siglo XVI- se consideraban afrodisiacas. En realidad son la cabeza de una flor sin abrir; si se deja brotar se convierte en una flor rosada, roja o púrpura, como se ve en otros bodegones de Clara Peeters, al mostrarlas cortadas.

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La vela apagada es a menudo una referencia al paso inevitable del tiempo.

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1611-1612 es el período de mayor actividad de Clara Peeters.

Clara Peeters representó pocos animales vivos. Además de aves de presa, en alguna de sus composiciones incluyó un gato robando pescado o un mono, que ejemplifica el gusto por las mascotas exóticas que existía en la corte flamenca, y también en el resto de Europa.

Bodegón con pescado y gato (detalle). Washington D.C, National Museum of Women in the Arts. Gift of Wallace and Wilhelmina Holladay

Varias composiciones de Clara Peeters incluyen halcones y gavilanes. Aluden al arte de la cetrería, una modalidad de caza asociada desde la Edad Media a la realeza y la alta nobleza. Diversas leyes promulgadas en los Países Bajos del Sur en época de la artista mantienen esa exclusividad.

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Posiblemente los pájaros más pequeños del cuadro -los pinzones sujetos a una rama, el tordo situado junto al plato con dos pichones ya desplumados y el camachuelo común, de vivo plumaje rojizo- han sido presa del gavilán. No así la gallina y el ánade colocado sobre la cesta de mimbre, de mayor tamaño.

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Con frecuencia aparecen conchas exóticas en los bodegones. Vinculado a las expediciones científicas y comerciales a tierras lejanas, su coleccionismo era una afición popular entre las élites de los siglos XVI y XVII.

En los siglos XVI y XVII pocas mujeres pudieron dedicarse a la pintura de manera profesional. La mayoría de ellas eran hijas de pintores, bajo cuya órbita se formarían. Desconocemos si ese es el caso de Clara Peeters. En cualquier caso, tenían prohibido el dibujo anatómico, que generalmente se hacía a través del estudio del natural de modelos masculinos desnudos, lo que condicionaba su aprendizaje. Por ese motivo, muchas de esas mujeres pintoras se especializaron en la pintura de bodegones.

Este tipo de copas doradas eran típicas de Núremberg y otras ciudades alemanas, pero también se hacían en los Países Bajos Meridionales.

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Como otras mujeres pintoras, Clara Peeters a menudo incluyó autorretratos en sus cuadros, como signo de autoafirmación. En ocho de ellos vemos su imagen reflejada en las superficies de jarras y copas. Aquí se representa al menos seis veces. Parece joven, lleva la cabeza descubierta y sostiene los pinceles en una mano y la paleta en la otra.

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Esta rica copa se repite en otras obras de Clara Peeters; posiblemente era suya o pudo dibujarla con detalle en casa de su propietario. Debió de emplear calcos para reproducir algunos objetos o elementos que repetía en sus cuadros, pero siempre introducía alguna variante.

Bodegón con flores, copas doradas, monedas y conchas. Karlsruhe, Staatliche Kunsthalle

Una categoría específica dentro de los bodegones son los llamados “bodegones dulces o de confitería”, donde encontramos almendras, higos, pasas, frutas escarchadas, barquillos, panecillos, galletas y dulces de mazapán.

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El soldado que decora la tapa de la rica copa de plata dorada ha hecho pensar que el cuadro contenga un mensaje cristiano: la necesidad de escoger entre lo material y lo espiritual. Probablemente se trate únicamente de un objeto de lujo, acorde con la decoración del comedor de una rica familia.

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Clara Peeters empleó oro -reducido a polvo y mezclado con un aglutinante- para reproducir la práctica real de utilizar oro y plata para adornar los hojaldres, como recogen algunos libros de cocina de la época.

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Este dulce en forma de letra “P” es probablemente una sutil referencia a su apellido, aunque la tabla está firmada -CLARA PEETERS- en el ángulo inferior izquierdo.

Bodegón con dulces, granada, copa dorada y porcelana. Colección Particular

Los bodegones de Clara Peeters ofrecen una información detallada y precisa sobre los alimentos que se consumían en los Países Bajos y también sobre la vajilla que se utilizaba. Muchas piezas eran importadas, como el plato de porcelana blanca y azul -del tipo conocido como kraak- que procede de China y es característico del reinado del emperador Wanli (1573-1620).

“El queso es el pan de Holanda, el queso es la riqueza de Holanda” decían los textos de la época. Era un producto barato, al alcance todo el mundo, pero la variedad es signo de opulencia.

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La mantequilla formaba parte esencial de la alimentación en Flandes. Al estar colocada sobre el queso puede ser una referencia a los excesos gastronómicos, como señalaba un proverbio de la época: “El queso y la mantequilla son obra del demonio”.

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La jarra de cerámica de Raeren (Bélgica) podía usarse para beber vino o cerveza. En su tapa de peltre puede verse el autorretrato de la artista.

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El queso marrón verdoso curado es del tipo edam. El más grande es un queso gouda y el que está encima es un queso de oveja triangular del que se ha cortado un trozo. Este tipo de quesos se producían, sobre todo, en la provincia de Holanda del Norte.

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La copa a la facón de Venise (a la manera veneciana) puede ser una pieza importada de Italia, aunque también se elaboraban cristalerías similares en Amberes y otras ciudades de los Países Bajos.

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El intenso color azul se debe a la utilización del costoso pigmento lapislázuli, que no se degrada con el tiempo, como sí ocurre con el azul cobalto empleado en otros bodegones. Su utilización puede deberse a una petición expresa del cliente o bien podría ser una opción que Peeters ofrecería a su posible clientela.

Bodegón con quesos, almendras y panecillos. Mauritshuis, The Hague

Multimedia

Exposición

La exposición

La exposición
Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas
Clara Peeters
Óleo sobre tabla, 50 x 72 cm
1611
Madrid, Museo Nacional del Prado

Clara Peeters cultivó el género del bodegón y un estilo que insiste en la apariencia real de las cosas, premisas que revelan un espíritu emprendedor y una mentalidad vanguardista, ya que, cuando comenzó a trabajar en este género, en la primera década del siglo XVII, solo unas cuantas obras de este tipo formaban parte de las colecciones de los Países Bajos Meridionales y el realismo se ofrecía como una alternativa al idealismo de la tradición renacentista.

Los bodegones expuestos, fechados entre 1611 y 1621, proceden de colecciones particulares (seis), instituciones del norte de Europa (tres), Inglaterra (uno), Estados Unidos (uno) y del propio Museo del Prado (cuatro). Quince obras que incluyen aves y pescados listos para ser cocinados; alimentos ya preparados y dispuestos sobre la mesa; y vajillas y objetos diversos, la mayoría de lujo, que se caracterizan por la minuciosa descripción de las formas y las texturas, y por el elegante contraste entre objetos luminosos y fondos oscuros, que contribuyen a crear una impresión general de sobriedad.

Estas obras revelan los gustos y costumbres de las clases más prósperas de los comienzos de la Edad Moderna, así se pueden observar productos importados como dulces, vinos, frutas o pescado -alimento este último que Peeters convirtió en protagonista de alguna de sus composiciones siendo la primera artista en hacerlo- como en Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas; gavilanes o halcones peregrinos junto a aves muertas -los primeros bodegones dedicados al tema de la caza, actividad asociada a la vida aristocrática- en Bodegón con halcón peregrino y su presa-; y conchas -cuyo origen exótico y peculiar belleza las hacían valiosas- representadas en Bodegón con pastel, taza de plata con dulces, porcelana, conchas y ostras.

También en sus pinturas aparecen otros muchos tipos de objetos que podrían asociarse a la riqueza, el buen gusto, la educación o la cultura. Entre ellos están la porcelana; las copas y tazas de plata dorada; el vidrio soplado; y los contenedores de plata para la sal.

Clara Peeters a menudo incluyó, en sus cuadros, autorretratos reflejados en las superficies de jarras y copas. Estos retratos, apenas visibles, aparecen en al menos ocho de sus obras, de las cuales, seis se pueden contemplar en esta exposición. En Bodegón con flores, copa de plata dorada, almendras, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre los reflejos en la copa de plata y la jarra de peltre muestran a la artista con un tocado, un gran cuello y un vestido de hombros altos. Otros como Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas, Bodegón con arenque, cerezas, alcachofa, jarra y plato de porcelana con mantequilla, Bodegón con quesos, almendras y panecillos, y Bodegón con quesos, gambas y cangrejos de río muestran tan solo la cabeza de la artista reflejada en las tapas de las jarras. Bodegón con flores, copas doras, monedas y conchas refleja, en la superficie de la copa de la derecha, hasta seis autorretratos de Peeters en los que se muestra con pinceles y paleta reafirmando su condición de mujer pintora y animando al espectador a reconocer su existencia.

Estos autorretratos también descubren su calidad como artista, ya que, su diminuta escala es una demostración de su maestría.

Clara Peeters

Clara Peeters
Mesa con mantel, salero, taza dorada, pastel, jarra, plato de porcelana con aceitunas y aves asadas
Clara Peeters
Óleo sobre tabla, 55 x 73 cm
c. 1611
Madrid, Museo Nacional del Prado

La escasez de referencias documentales sobre Clara Peeters convierte su obra en una fuente de información extraordinaria para descubrir a esta pintora, contemporánea de Jan Brueghel el Viejo, Rubens, Snyders y Van Dyck, formando parte de un período de apogeo en la historia del arte europeo.

Clara Peeters fue pionera en el campo de la naturaleza muerta y una de las pocas mujeres que se dedicaron a la pintura en Europa en la Edad Moderna. Diversos testimonios permiten suponer que desarrolló su trabajo en Amberes, aunque pudo realizar algún viaje a Holanda. Aunque no aparece inscrita en el gremio de pintores de la ciudad, es citada en un documento como pintora de Amberes y al menos seis de los soportes que empleó para sus cuadros tienen marcas que indican que las tablas fueron preparadas para esa ciudad. Además, en la hoja de tres de los cuchillos de plata, que se incluyen en sus obras y en los que aparece escrito su nombre, se puede ver una marca de la ciudad de Amberes. Estos cuchillos, que los comensales llevaban a los banquetes, se empleaban como regalo de boda y al contener su firma, podrían ser un recuerdo de su propio matrimonio que, en cualquier caso, no está documentado.

Clara Peeters nació alrededor de 1588-90. Once de sus obras conocidas están fechadas y las más tempranas son de 1607 y 1608. Su momento de mayor actividad fue alrededor de 1611-1612, pero se desconoce si pintó después de 1621.

La amplia distribución de su obra en colecciones de Róterdam, Ámsterdam o Madrid sugiere que aspiraba a obtener beneficios de su obra y que trabajaba de forma altamente profesional exportando su arte a través de marchantes.

Por otro lado, las diferentes calidades de su pintura sugieren que trabajaba con la ayuda de un taller.

La mujer artista en el siglo XVII

La mujer artista en el siglo XVII
Bodegón con flores, copas doradas, monedas y conchas (detalle)
Clara Peeters
Óleo sobre tabla, 59,5 x 49 cm
1612
Karlsruhe, Staatliche Kunsthalle

Aunque la costumbre y la ley no favorecían la integración de la mujer en el mundo profesional, un reducido número de mujeres consiguieron salvar las limitaciones existentes y convertirse en pintoras. Pero condicionantes como la dificultad del aprendizaje del dibujo anatómico a partir de modelos vivos, normalmente masculinos que posaban desnudos, a los que las mujeres no tenían acceso, limitaban su producción al género del bodegón o al retrato.

Catharina van Hemessen (1527/28-1560) es la primera mujer artista documentada en Flandes y una de las primeras en Europa. Nació en Amberes y fue la profesión de su padre, el pintor Jan Sanders van Hemessen, lo que le permitió aprender en casa. La mayor parte de los cuadros que se conocen de esta artista son retratos.

Para Sofonisba Anguissola (h. 1532-1625) fue su condición social lo que le permitió ser artista. Trabajó como dama de honor de Isabel de Valois y de su hija la infanta Isabel Clara Eugenia. Su talento artístico hizo que le encargaran retratos por los que nunca recibió un salario, pero sí joyas y vestidos.

Artemisia Gentileschi fue una de las mujeres pintoras más reconocidas al inicio de la Edad Moderna. Hija del famoso pintor Orazio Gentileschi, nació en Roma en 1593. Cultivó el género del bodegón, un aspecto poco conocido de su carrera, pero también pudo aprender con su padre a pintar otro tipo de obras.

Varias mujeres pintoras de los siglos XVI y XVII fueron también hijas de pintores, entre ellas Lavinia Fontana, Fede Galizia, Isabel Sánchez Coello, Levinia Teerlinc y Elena Recco.

Obras

3

Bodegón con pastel, taza de plata con dulces, porcelana, conchas y ostras

Clara Peeters

Óleo sobre tabla, 51,2 x 84,2 cm

c. 1612 - 1613

Colección particular

4

Bodegón con frutas y flores

Clara Peeters

Óleo sobre cobre, 64 x 89 cm

c. 1612-1613

Oxford, The Ashmolean Museum. Bequeathed by Daisy Linda Ward, 1939

5

Bodegón con cesto de fruta, aves muertas y mono

Clara Peeters

Óleo sobre tabla, 47,6 x 65 cm

c. 1615 - 1621

Colección particular

6

Bodegón con halcón peregrino y su presa

Clara Peeters

Óleo sobre tabla, 32 x 44,2 cm

c. 1612 - 1621

Colección particular

9

Bodegón con pescado, gambas, ostras y cangrejos de río

Clara Peeters

Óleo sobre tabla, 34,8 x 50 cm

c. 1612 - 1621

Amberes, Koninklijk Museum voor Schone Kunsten

10

Bodegón con pescado y gato

Clara Peeters

Óleo sobre tabla, 34,3 x 47 cm

c. 1612 - 1621

Washington D. C., National Museum of Women in the Arts. Gift of Wallace and Wilhelmina Holladay

11

Bodegón con flores, copas doradas, monedas y conchas

Clara Peeters

Óleo sobre tabla, 59,5 x 49 cm

1612

Karlsruhe, Staatliche Kunsthalle

12

Bodegón con dulces, granada, copa dorada y porcelana

Clara Peeters

Óleo sobre tabla, 45,5 x 33 cm

c. 1612

Colección particular

13

Bodegón con arenque, cerezas, alcachofa, jarra y plato de porcelana con mantequilla

Clara Peeters

Óleo sobre tabla, 45,5 x 33 cm

1612

Colección particular

14

Bodegón con quesos, almendras y panecillos

Clara Peeters

Óleo sobre tabla, 34,5 x 49,5 cm

c. 1612 - 1615

La Haya, Mauritshuis, acquired with the support of the Friends of the Mauritshuis Foundation, the BankGiro Lottery, the Rembrandt Association (thanks to its A. M. Roeters van Lennep Fund, Utrech Rembrandt Circle and Caius Circle) and a private individual, 2012

15

Bodegón con quesos, gambas y cangrejos de río

Clara Peeters

Óleo sobre tabla, 40,8 x 57,9 cm

c. 1612 - 1621

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