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Luis Meléndez. Bodegones

17.02.2004 - 16.05.2004

El Museo Nacional del Prado organiza la presente exposición para evocar la figura de este artista del siglo XVIII a través de sus bodegones, en los que destaca como magnífico intérprete del género. Además de los cuadros del Museo, el proyecto reúne un grupo de obras de colecciones europeas y norteamericanas, pertenecientes al ámbito privado y a centros públicos.

En la segunda sala se muestran a la vez objetos habituales en las cocinas tradicionales de aquel tiempo, o algo posteriores, similares, prácticamente en todo, a los que aparecen en las pinturas del maestro, con la finalidad de evaluar su afinada captación de la realidad y sorprenderse ante su prodigiosa ejecutoria.

La selección de obras abarca un período entre 1760 y 1776 y presenta un total de 40 bodegones del pintor que sirven para poner de relieve la inventiva en el tratamiento de temas habituales y ya reiterados.

Luis Meléndez, biografía

Comisarios:
Peter Cherry y Juan J. Luna

Acceso

Sala 51 A y 51 B

Exposición

El bodegón: la vida cotidiana

El bodegón: la vida cotidiana
Bodegón con peritas, pan, alcarraza, cuenco y frasca
1760.
Óleo sobre lienzo, 47.8 x 34.6 cm.

A través de la pintura de Meléndez podemos introducirnos en la vida cotidiana de las clases populares en el Madrid del s. XVIII. Los magníficos bodegones que se presentan en la exposición nos acercan a los modos y maneras de comer y a los utensilios y recipientes de las cocinas de la época.

Entre las viandas mas consumidas destaca la carne, la caza y sobre todo el tocino, no existiendo puchero que se precie que no lo llevase. También era muy apreciado el pescado, ya fresco o seco, a pesar de las dificultades de su recepción por la situación geográfica de la villa, siendo ello además un indicador de la posición social toda vez que el fresco era mucha mas caro que el seco. También las especias, el pan, que en Madrid tenía fama de ser delicioso, frutas y verduras, así como los dulces están muy bien representados en toda la producción del pintor. En cuanto a la bebida, no había nada mejor para calmar la sed que el agua fresca o aromatizada sin olvidar refrescos como la limonada o la horchata. No podemos olvidar, sin embargo los vinos, siendo bastante famosos en la época los de Valdemoro.

En lo referente al ajuar Meléndez incluye en su repertorio ejemplos de cacharrería tradicional destinada al fuego o a servir de contenedor de líquidos, destacando pucheros, lebrillos, escudillas, orzas y cántaros. Casi toda esta producción procedía de Alcorcón , centro alfarero por excelencia en la época. También están representadas la lozas de Talavera en platos y en la clásica jarra de bola así como las de Manises y sus características piezas de reflejo metálico. Meléndez no olvida la producción de cobre sirviéndose de una preciosa chocolatera de éste material para presentarnos una de las bebidas de mayor éxito entre las damas de la época: el chocolate. Esta costumbre asombró a los viajeros de la época dejando constancia de que se tomaba muy recio y espeso.

Pero el despliegue de objetos y materiales no concluye aquí, Meléndez introduce vidrio, madera, cesta, e incluso producciones del Virreinato de Nueva España, como la cerámica de Tonalá, Guadalajara (Méjico).

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