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Una pintura para una nación. El fusilamiento de Torrijos

Museo Nacional del Prado. Madrid 26/03/2019 - 08/09/2019

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En el marco del Bicentenario, cuya idea motriz es celebrar el Museo del Prado como el gran regalo que se ha dado la nación española, esta exposición, en la sala  61 A del edificio Villanueva, conmemora, hasta el 8 de septiembre, el 150 aniversario de la nacionalización de las colecciones reales con la única pintura de historia que se encargó por el Estado con destino al Prado, Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, obra de Antonio Gisbert, que se exhibe, con la colaboración de Ramón y Cajal Abogados, junto a su boceto preparatorio (expuesto por vez primera tras su reciente restauración), óleos, estampas y documentos relacionados con la pintura.

En 1868, durante el mandato de Antonio Gisbert en la dirección del Museo y al iniciarse el Sexenio Revolucionario, tuvo lugar la nacionalización de las colecciones reales, que pasaron a  depender del Estado, para convertir el Prado en Museo Nacional de Pintura y Escultura.

En 1886 el gabinete liberal de Práxedes Mateo Sagasta encargó la obra en torno a la que se articula la exposición, que se convirtió en un elemento simbólico de la construcción de la nación española desde la perspectiva de la defensa de la libertad.

Acceso

Sala 61A. Edificio Villanueva

Patrocinada por:
Ramón y Cajal Abogados

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Exposición

La exposición

El cuadro Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga (1888) resulta singular en las colecciones del Museo del Prado. Es la única pintura de historia que se encargó por el Estado con destino al Prado, denominado Museo Nacional de Pintura y Escultura desde el inicio del Sexenio Revolucionario (1868-74).

Precisamente en 1868 su autor, Antonio Gisbert (1834-1901), había sido nombrado director del Museo y durante su mandato tuvo lugar la nacionalización de las colecciones, antes de propiedad real, y la incorporación de los fondos del Museo de la Trinidad, tanto de las obras procedentes de la Desamortización como de las pinturas contemporáneas adquiridas por el Estado en las Exposiciones Nacionales, lo que daba un protagonismo nuevo a la pintura española en el Prado.

La primera obra importante de Gisbert había sido Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo, de 1860, también en la exposición, muy celebrada por los liberales y que le valió una primera medalla. El tema anticipaba, un cuarto de siglo antes, el del Fusilamiento, pues aquellos caudillos también habían sacrificado su vida en la defensa de las libertades. El general José María Torrijos (1791-1831) era un militar de prestigio internacional, amigo del marqués de La Fayette, el héroe de la independencia americana, de los poetas Tennyson, Espronceda, que cantó su muerte en un célebre soneto, y del duque de Rivas, que le retrató en el exilio. La última carta a su esposa, adquirida por el Congreso poco antes del encargo del cuadro, es testimonio elocuente de su humanidad valiente y generosa. Él y sus compañeros, entre ellos un antiguo presidente de las Cortes, Manuel Flores Calderón, un ex ministro de Guerra, Francisco Fernández Golfín, situados a su lado, y el teniente británico Robert Boyd, que había combatido, como Lord Byron, por la libertad de Grecia, fueron fusilados sin juicio previo por orden de Fernando VII en 1831. Muchos de los ejecutados habían luchado heroicamente en la guerra de la Independencia contra los franceses, de modo que unían, en su mérito, la defensa de la integridad de la nación y la de las libertades que debían fundar la legitimidad del gobierno fernandino.

En 1886 el gabinete liberal de Práxedes Mateo Sagasta encargó el cuadro, que se convirtió en un elemento simbólico de la construcción de la nación española desde la perspectiva de la defensa de la libertad. Su adquisición se hizo por Real orden de 28 de julio de 1888, con destino al entonces llamado Museo Nacional de Pintura y Escultura, en el que entró con el número de Inventario de Nuevas Adquisiciones 837.

El cuadro se convirtió en un elemento simbólico del proceso de  la construcción de la nación española, de un modo independiente y opuesto a la vertiente más conservadora, abordada por la derecha a través de sus ideólogos, el más destacado de los cuales fue Marcelino Menéndez Pelayo. Dentro de una orientación liberal se reivindicaba la identidad revolucionaria y de combate frente a los excesos de poder del pasado y se establecía  una línea histórica de exaltación de figuras heroicas y mártires de la libertad que partía de las Comunidades de Castilla hasta llegar a las víctimas de la represión absolutista. En el fusilamiento se producía la unión del pueblo con la burguesía revolucionaria, que había sido la base del triunfo del Sexenio. El gobierno liberal de Sagasta recordaba con esta obra los valores que habían hecho posible la derrota final del absolutismo y la construcción de una nación regida por la voluntad popular a través de las Cortes. La implantación, con la Constitución de 1869, de la soberanía nacional, del sufragio universal masculino y de las libertades individuales, incluida la religiosa, supuso un primer impulso progresista que pudo después recuperarse durante el mandato liberal. La serena contundencia con la que Gisbert mostró la defensa de la libertad contra el abuso del poder evidencia su completa convicción acerca de la consolidación del triunfo de aquellos principios.

En la composición, el artista relegó con acierto al pelotón de fusilamiento al último término, tras la larga fila de los condenados y los cadáveres del primer término, tendidos sobre la arena. Guiado por su deseo de veracidad viajó a Málaga para ver el lugar de la ejecución, se entrevistó con algunos testigos aún vivos, recabó imágenes de los fallecidos y, cuando no las había, fotografías de sus hijos, y compuso un convincente friso de noble enfrentamiento a la muerte. Gisbert planteó la pintura con grandes dimensiones e imponentes figuras, de tamaño superior al natural, que estudió en un dibujo. Este, de dimensiones también extraordinarias para lo que era habitual en un boceto, se expone, tras su restauración, por vez primera. En las modificaciones que hizo se advierte la voluntad de severa depuración que guio al artista. Este quiso mostrar una visión objetiva, próxima al naturalismo, estilo entonces triunfante en Francia, que se avenía con sus propósitos de veracidad. Esa objetividad, unida a una emoción muy contenida, ha sido el fundamento de la fortuna del cuadro, celebrado entonces por los críticos más destacados, como Francisco Alcántara y Jacinto Octavio Picón o, después, por escritores como Manuel Bartolomé Cossío, Ramón Gómez de la Serna y Antonio Machado.

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga
Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga
Antonio Gisbert
1888
Óleo sobre lienzo
Madrid, Museo Nacional del Prado

Representa el momento anterior a la muerte de José María Torrijos y sus compañeros el 11 de diciembre de 1831, ordenada por Fernando VII tras haber sido capturados con engaño. Junto a aquel destacado general, aparecen Francisco Fernández Golfín, antiguo ministro de Guerra, a su izquierda, y, a su derecha, Manuel Flores Calderón, que había sido presidente de la Cortes, el coronel Juan López Pinto, el teniente británico Robert Boyd, que había luchado en Grecia, el antiguo comisario de Guerra Francisco de Borja Pardio, y otros liberales, artesanos y marineros, de distintas regiones españolas. La presencia de los cadáveres en primer término, las dimensiones de las figuras, superiores al natural, y su acertada y expresiva caracterización individual causaron gran emoción cuando se expuso el cuadro.

Nada más conocer su muerte, el poeta liberal José de Espronceda escribió este soneto, en honor a Torrijos:

Helos allí: junto a la mar bravía
cadáveres están, ¡ay!, los que fueron
honra del libre, y con su muerte dieron
almas al cielo, a España nombradía.

Ansia de patria y libertad henchía
sus nobles pechos que jamás temieron,
y las costas de Málaga los vieron
cual sol de gloria en desdichado día.

Españoles, llorad; mas vuestro llanto
lágrimas de dolor y sangre sean,
sangre que ahogue a siervos y opresores,

Y los viles tiranos, con espanto,
siempre delante amenazando vean
alzarse sus espectros vengadores.

Su amigo, el también destacado escritor Enrique Gil y Carrasco (1815-1846), es el autor de un poema A la memoria del general Torrijos (1838), en el que remontaba la genealogía de su gesta hasta Juan de Padilla y expresaba, con ello, la continuidad de la referencia histórica en el mito romántico del enfrentamiento con el poder.

Costas del mar de Málaga la bella,
Que visteis apagarse en vuestra orilla
Del cielo de Cortés la última estrella
Con el último nieto de Padilla;
Arena que con peine de cristales
Pule esa mar tan lánguida y sonora
Do flotaron del Cristo las señales
Ante el pendón de la falange mora.
Aguas, de espuma coronad la huella
Donde duerme el caudillo de los bravos;
Velad, arenas, entre sombra espesa
La víctima inmortal de los esclavos.
No guarda el mar el rastro de su barca
Ni su huella la margen floreciente:
Serenó el mar la mano de la parca;
Borró su huella sangre del valiente.
Costas del mar de Málaga encantada,
Si por vosotros algún día errante
Se extendiera mi vista desolada;
Se perdiese mi paso vacilante
Arrodillado con los ojos fijos
Esa tumba sagrada adoraría,
Y la gigante sombra de Torrijos
Junto al sol del ocaso buscaría.
“Paz, le dijera a tu desierta losa!
Yo te cantara si laurel tuviera
Yo dejaría su guirnalda hermosa
Al pie del sepulcro en la ribera
Mas huésped de la bella Andalucía,
Cisne sin lago, bardo sin historia,
Mi lúgubre cantar empañaría
El rutilante sol de tu alta gloria”

(El Entreacto, nº 27, 30 de junio de 1839, p. 106)

Tanto en el poema de Espronceda como en el de Gil y Carrasco llama la atención la estatura heroica concedida a  Torrijos, quien reunía todas las características para encarnar un mito en cierto modo byroniano en su lucha primero por la independencia y luego por la libertad.

Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo

Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo
Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo
Antonio Gisbert
1860
Óleo sobre lienzo
Madrid, Congreso de los Diputados

Esta obra fue el primer gran éxito de su autor y le granjeó la ferviente estima de los liberales. La crítica al abuso del poder real y la presentación heroica de los comuneros, que pagaron con su vida la defensa de las libertades y las leyes de Castilla, hicieron que fuera adquirida por el Congreso, órgano de la soberanía nacional, donde se expone desde entonces. La contención expresiva del pintor, diferente en esto a otros pintores de historia, dio a la escena una dignidad y nobleza que impresionaron al público y a la crítica.

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, boceto

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, boceto
Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, boceto
Antonio Gisbert
1886 o 1887
Carboncillo, lápiz y clarión sobre papel
Madrid, Museo Nacional del Prado

Dada la complejidad y el número de figuras del cuadro, el artista estudió su composición en este boceto previo. Sus dimensiones, superiores a lo que era habitual en los bocetos preparatorios, le permitieron desarrollar ampliamente la disposición de los personajes. Al compararlo con el cuadro definitivo se comprueba que el pintor eliminó las figuras que resultaban más teatrales (como las tres de la derecha), modificó las posturas de los cadáveres y trasformó, para resaltar su dignidad heroica, las facciones de los principales condenados.

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, réplica reducida

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, réplica reducida
Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, réplica reducida
Antonio Gisbert
1888 o posterior
Óleo sobre tabla
Madrid, Museo Nacional del Prado

Antes considerado como boceto, es en realidad una inacabada réplica reducida de la obra, con la que no muestra variación alguna. Gisbert ya había realizado anteriormente reducciones de algunas de sus obras, como Los comuneros y Los puritanos. El artista reaprovechó una tabla con otra composición, revelada por la radiografía. La calidad de la pintura sobre este soporte, muy distinta a la del lienzo, permite apreciar los valores pictóricos de un modo diferente, así como la cuidadosa pincelada del artista.

Grabado en madera de Bernardo Rico

La fama del cuadro hizo que se reprodujera en fotografías. La realizada por Jean Laurent Minier, fotógrafo especializado en la reproducción de obras de arte, sirvió de base para la realización de este grabado en madera de Bernardo Rico, director artístico de La Ilustración Española y Americana, que lo publicó a página completa en su número de agosto de 1888, mientras el cuadro estaba expuesto en el Museo-Biblioteca de Ultramar en el Retiro.

José María Torrijos de José María Cardano

José María Torrijos de José María Cardano
José María Torrijos
José María Cardano
Post. 1831
Litografía a pluma
Madrid, Museo Nacional del Prado

Liberal, como Torrijos, y exiliado como él en Inglaterra, José María Cardano había sido uno de los introductores de la litografía en España. Como era habitual entonces, incluyó dos escenas relacionadas con el personaje representado, la de la izquierda relativa a su fusilamiento. La inscripción al pie señala los hechos destacados de su biografía.

José María Torrijos de Ángel Saavedra, después duque de Rivas

José María Torrijos de Ángel Saavedra, después duque de Rivas
José María Torrijos
Ángel Saavedra, después duque de Rivas
h. 1824-25
Óleo sobre lienzo
Madrid, Museo de Historia

Ángel Saavedra, como Torrijos, se exilió a Inglaterra en 1824, donde permaneció hasta enero de 1825. Junto con José de Espronceda, que dedicó un soneto a la muerte de Torrijos, fue el más destacado escritor del romanticismo español. Además, Saavedra recibió una formación como pintor, de la que es buena prueba la calidad de este retrato, en el que Torrijos parece tener unos treinta y tres años.

Práxedes Mateo Sagasta

Práxedes Mateo Sagasta
Práxedes Mateo Sagasta
José Casado del Alisal
1884
Óleo sobre lienzo
Madrid, Congreso de los Diputados

Como parte de la galería de retratos de presidentes de las Cortes, esta institución encargó a Casado del Alisal, pintor vinculado sobre todo con los conservadores, el retrato de su más destacado jefe liberal que, como Torrijos, había sufrido el exilio. Sagasta estaba ya representado por otro retrato, debido a Ignacio Suárez Llanos, pero Casado supo reflejar con más veracidad el espíritu del efigiado, cuya perspicacia, simpatía y naturalidad muestra.

Última carta de José María Torrijos a su esposa, Luisa Sáenz de Viniegra

Última carta de José María Torrijos a su esposa, Luisa Sáenz de Viniegra
Última carta de José María Torrijos a su esposa, Luisa Sáenz de Viniegra
1831
Urna de madera ebonizada con aplicaciones de metal dorado
h. 1883-85
Madrid, Archivo del Congreso de los Diputados

La última carta de Torrijos a su esposa denota la firmeza de sus convicciones y su talante de generosa humanidad. Fue adquirida por el Congreso en 1881, y para exponerla se encargó una urna en estilo neogriego, diseñada seguramente por el arquitecto Arturo Mélida y Alinari (1849-1902). En forma de templete dístilo con columnas toscanas, remata en un frontón con antefijas en cuyo tímpano aparece, en una láurea sobre un trofeo militar, la inicial de Torrijos. Su apariencia evoca lejanamente el cenotafio del Dos de mayo en Madrid, que también presenta símbolos funerarios, como las antorchas invertidas, y cuya significación heroica comparte.

«Málaga, convento de Ntra. Sra. del Carmen, el día 11 de diciembre de 1831 y último de mi existencia.

Amadísima Luisa mía: voy a morir, pero voy a morir como mueren los valientes. Sabes mis principios, conoces cuán firme he sido en ellos y al ir a perecer pongo mi suerte en la misericordia de Dios, y estimo en poco los juicios que hagan las gentes. Sin embargo, con esta carta recibirás los papeles que mediaron para nuestra entrega, para que veas cuán fiel he sido en la carrera que las circunstancias me trazaron y que quise ser víctima por salvar a los demás. Temo no haberlo alcanzado, pero no por eso me arrepiento. De la vida a la muerte hay un solo paso y ese voy a darlo sereno en el cuerpo y el espíritu. He pedido mandar yo mismo el fuego a la escolta: si lo consigo tendré un placer, y si no me lo conceden me someto a todo, y hágase la voluntad de Dios. Ten la satisfacción de que hasta mi último aliento te he amado con todo mi corazón. Considera que esta vida es mísera y pasajera y, que por mucho que me sobrevivas, nos volveremos a juntar en la mansión de los justos, a donde pronto espera ir, y donde sin duda te volverá a ver, tu siempre hasta la muerte.

José María de Torrijos.

P. D. Recomiendo a sir Thomas [Dyer Baronet], a mi Abuelo [el general Lafayette] y al Griego [el general Fabvier] y a todos, todos mis amigos, que te atiendan, te consuelen y protejan considerando que lo [que] hagan por ti lo hacen por mí. Te remito por Carmen [su hermana] el reloj con tu cinta de pelo, única prenda que tengo que poderte mandar. También te enviará Carmen lo que le haya sobrado de 15 onzas que tenía conmigo. Carmen se ha portado perfectamente. Adiós, que no hay tiempo. Él te dé su gracia, y te dé fortaleza para sufrir resignada este golpe. Por mí no temas. Dios es más misericordioso que yo pecador, y tengo toda la resignación y toda la fuerza que da la gracia.»

Obras

Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo
2

Los comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo

Antonio Gisbert

1860

Óleo sobre lienzo

Madrid, Congreso de los Diputados

5

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga

Bernardo Rico

1888

Grabado en madera a la testa

Madrid, Museo Nacional del Prado

José María Torrijos
6

José María Torrijos

José María Cardano

Post. 1831

Litografía a pluma

Madrid, Museo Nacional del Prado

José María Torrijos
7

José María Torrijos

Ángel Saavedra, después duque de Rivas

h. 1824-25

Óleo sobre lienzo

Madrid, Museo de Historia

Práxedes Mateo Sagasta
8

Práxedes Mateo Sagasta

José Casado del Alisal

1884

Óleo sobre lienzo

Madrid, Congreso de los Diputados

Última carta de José María Torrijos a su esposa, Luisa Sáenz de Viniegra
9

Última carta de José María Torrijos a su esposa, Luisa Sáenz de Viniegra

1831

Urna de madera ebonizada con aplicaciones de metal dorado

h. 1883-85

Madrid, Archivo del Congreso de los Diputados

10

Taco de tarjetas postales del Museo de Arte Moderno

Hauser y Menet

h. 1925-30

Madrid, Museo Nacional del Prado

11

Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga

En Museo de Arte Moderno. Primera Serie. 20 Tarjetas, Madrid, Heliotipia Artística Española, h. 1940-50. Tarjeta postal

Colección particular

12

El Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga en una de las salas del Museo Nacional de Arte Moderno

h. 1931-36.

Tarjeta postal

Colección particular

13

La burguesía revolucionaria (1808-1874)

Miguel Artola

Madrid, Alianza Editorial y Alfaguara, 1974 (1.ª ed. 1973)

Biblioteca del Museo Nacional del Prado

14

El siglo XIX en el Prado

José Luis Díez y Javier Barón (eds.)

Madrid, Museo Nacional del Prado, 2007

Biblioteca del Museo Nacional del Prado

15

The Burlington Magazine, vol. CL, n.º 1260, marzo de 2008

Biblioteca del Museo Nacional del Prado

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