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Historia

Pedro Berruguete y el teatro de la Inquisición

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Contexto cronológico

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  • 1290
  • 1320-21
  • 1347-53
  • 1391
  • 1412
  • 1449
  • 1478
  • 1480
  • 1485
  • 1491
  • 1492

IV Concilio de Letrán. Normas sobre la diferencia de la vestimenta de los judíos.

Affaire des Billettes en París. Leyenda sobre una profanación de la hostia.

Cruzada de los pastorcillos. Episodios de violencia contra judíos en la Corona de Aragón.

Peste negra. Asaltos a juderías.

Asaltos y destrucción de las principales juderías de los reinos de Castilla y Aragón

Leyes antijudías de Ayllón

Sentencia-estatuto de Toledo. Primeras leyes de limpieza de sangre.

Bula de Sixto IV por la que se establece el Santo Oficio de la Inquisición.

Decreto de institución de la Inquisición castellana.

Asesinato de Pedro Arbúes, inquisidor general de Aragón.

Auto de fe en Ávila en el que se condenó a un grupo de judíos y conversos por el crimen del Santo Niño de La Guardia en Ávila.

Decreto de expulsión de los judíos.

Durante el siglo XV, el clima de animadversión hacia los conversos fue en aumento y acabó desembocando en el establecimiento de la Inquisición (1478), una institución particular de los reinos hispanos fundada para perseguir a los nuevos cristianos sospechosos de judaizar. En este ambiente de persecución y sospechas, las imágenes religiosas volvieron a desempeñar un destacado papel. Las imágenes fueron también el medio para diseñar retóricos programas que justificaban y enaltecían el proyecto represivo desplegado por la Inquisición. 


Diferentes detalles de Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán, de Pedro Berruguete, en el que se ve a los judíos en distintos momentos de las sentencias.

El poder de la imagen

La imagen de presentación de este manuscrito: Asedio a la Fortaleza de la Fe, resume su contenido: una gran fortaleza –alegoría de la fe cristiana– presidida por Cristo Varón de Dolores es defendida por ángeles y clérigos del asalto de cuatro ejércitos enemigos. La agobiante y violenta composición traduce el imaginario de los cristianos más ortodoxos, contrarios a cualquier política de tolerancia religiosa.

 

Asedio a la Fortaleza de la Fe, en Alonso de Espina, Fortalitium fidei h. 1464. Pergamino iluminado. El Burgo de Osma (Soria), Catedral de la Asunción de Nuestra Señora, Biblioteca y Archivo Capitular.

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Los judíos, en el margen derecho, aparecen con rodelas rojas, lastrados con pesadas cadenas y cegados con vendas que revelan su imposibilidad de interpretar correctamente las Escrituras.

Tomás de Torquemada

Tomás de Torquemada
Detalle de La Virgen de los Reyes Católicos En el que aparece, probablemente, un retrato de Tomás de Torquemada.

Tomás de Torquemada, Inquisidor General de Castilla, convirtió el convento de Santo Tomás de Ávila en una de las principales sedes de la Inquisición. Para ello contó con la inestimable colaboración de Pedro Berruguete, uno de los pintores más afamados de finales del siglo XV, al que encargó la decoración de buena parte del interior del templo. 

De esta manera Santo Tomás de Ávila, un lugar todavía existente en la ciudad de Ávila se convirtió en uno de los escenarios principales de la escenografía de La Inquisición

Santo Tomás de Ávila

La fundación, en 1480 del Real Monasterio de Santo Tomás se debió al tesorero de los Reyes Católicos, Hernán Núñez de Arnalte, quien otorgó poder a favor de su esposa, María Dávila, y de fray Tomás de Torquemada para que actuasen en su nombre para la fundación de un convento de dominicos en Ávila en honor de Santo Tomás de Aquino.

Dicho edificio fue empleado como tribunal de la Inquisición. Sus estancias albergaron los últimos años de fray Tomás de Torquemada hasta su fallecimiento ocurrido el 16 de septiembre de 1498.

La decoración de Santo Tomás de Ávila

A Berruguete se le encargó de la realización de varios retablos y de pinturas sueltas.

Entre los retablos tenemos estos dedicados a los principales santos de la Orden Dominica: Santo Tomás de Aquino, Santo Domingo Guzmán y San Pedro Mártir. En estos conjuntos, por indicación de Torquemada, se introdujeron diversas modificaciones iconográficas concebidas para evocar la misión inquisitorial de la Orden y la lucha contra los herejes o falsos conversos. Las imágenes, los sambenitos y las reliquias se exponían así en una cuidada escenografía diseñada para conmover, recordar, incitar y legitimar.

No conocemos la disposición en el convento de las obras pero si que podemos asegurar que estuvieron colgadas en el convento.

Los sambenitos

Cuando se hicieron estas pinturas y se colgaron, se instalaron también los sambenitos por toda la Iglesia. Y aunque no conservamos los originales de Santo Tomás de Ávila, los sambenitos conservados en Coruña del Conde (Burgos) constituyen un excepcional testimonio, casi de primera hora —se trata de conversos procesados entre 1490 y 1509—, que han resistido al paso de los siglos.

Sambenitos con sentencias de la Inquisición, h. 1550. Pintura sobre lienzo, 68,5 × 326,3 cm. Coruña del Conde (Burgos), parroquia de San Martín de Tours.

La primera de todas ellas, presidida por una cabeza de lobo con una boca abierta de la que sale fuego —símbolo de la herejía—, está dedicada a maestre Juan, cirujano de Coruña, quemado en 1490 por «hereje apóstata judaizante». Una acusación que sufrieron igualmente los otros cinco vecinos de la misma población que fueron reconciliados y cuyos textos están encabezados por la cruz de san Andrés. En los seis casos, se repite el mismo esquema compositivo: nombre y motivo de la condena, pena y año.

Con su solemne exhibición los sambenitos contribuyeron a la definición de grandilocuentes escenografías.

Retablo de Santo Domingo de Guzmán

Para la elaboración de los ciclos de imágenes incluidos en los retablos del convento de Santo Tomás de Ávila, Tomás de Torquemada puso a disposición de Pedro Berruguete un manuscrito iluminado con leyendas de santos dominicos. Este sería el punto de partida de unos conjuntos pictóricos en los que, por indicación del autoritario fraile, se introdujeron diferentes modificaciones iconográficas concebidas para evocar la misión inquisitorial de la orden y su lucha contra los falsos conversos y criptojudíos.

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Retablo de San Pedro Mártir

Con su muerte a manos de unos herejes en 1252, Pedro de Verona se convirtió en la prefiguración de otros inquisidores asesinados. Aquí le vemos representado con su elocuente e impactante iconografía habitual: cuchillo hendido en la cabeza, punta de puñal asomando por el pecho, palma de tres coronas y libro abierto con las primeras letras del Credo.

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Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán

Ante un tribunal de la Inquisición se desarrolla el juicio a cinco conversos: dos de ellos son quemados vivos; otros tres llevan sambenitos amarillos, corozas decoradas con llamas y letreros (“condenado eretico”). La terrible escena, procedente de Santo Tomás de Ávila, fue encargada como recordatorio ejemplar de los autos de fe celebrados para purgar a los cristianos del judaísmo. Realizada en una fecha próxima a la expulsión de los judíos en 1492, esta pintura es un triste recordatorio del activo papel que desempeñaron las imágenes en la polémica religiosa y social que se vivió en España a fines de la Edad Media.

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