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El Museo del Prado y la Fundación Amigos del Museo del Prado presentan la exposición Rogier van der Weyden Sábado, 21 de marzo de 2015

El Museo del Prado y la Fundación Amigos del Museo del Prado presentan la exposición “Rogier van der Weyden”, una muestra que gira en torno a la culminación de la restauración del Calvario de El Escorial, proyecto realizado en colaboración con Patrimonio Nacional y con el patrocinio de la Fundación Iberdrola. La exposición constituye una oportunidad única y difícilmente repetible de contemplar la obra recuperada junto al Descendimiento de la Cruz en el Prado, el Tríptico de Miraflores, actualmente en Berlín, y el Retablo de los Siete Sacramentos de Amberes. Cuatro obras maestras de Van der Weyden que se reúnen por primera vez en la historia y a las que se suman otras pinturas del maestro flamenco como la Virgen Durán, de las colecciones del Prado.

Esta exposición, compuesta por casi una veintena de piezas, permite apreciar no sólo las mejores obras del artista sino también diversos aspectos de su creación artística que son fundamentales como la fuerte relación de sus obras con la escultura, la gran influencia posterior que tuvo su arte y su repercusión en España.

El Museo del Prado y la Fundación Amigos del Museo del Prado presentan la exposición Rogier van der Weyden

El Descendimiento, Rogier van der Weyden, 220 cm x 262 cm, h. 1435. Madrid, Museo Nacional del Prado

El Museo del Prado y la Fundación Amigos del Museo del Prado presentan “Rogier van der Weyden”, una exposición sobre el que fue, probablemente, uno de los artistas más influyentes del siglo XV y uno de los más grandes pintores de la historia.

Esta muestra celebra la finalización de los trabajos de restauración realizados sobre el Calvario, una intervención que se ha llevado a cabo en el marco de un convenio de colaboración suscrito en 2011 entre Patrimonio Nacional y el Museo Nacional del Prado y en virtud del cual la obra se exhibe en el Prado durante tres meses antes de su regreso a El Escorial. Este proyecto de restauración ha contado también con la colaboración de la Fundación Iberdrola como miembro protector del programa de restauración del Museo del Prado. Esta obra maestra de la pintura flamenca del siglo XV fue donada por el propio Van der Weyden a la cartuja de Scheut (Bruselas) poco antes de su muerte y, posteriormente, fue entregada oficialmente en 1574 al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

Junto al Calvario, en esta exposición se pueden contemplar el Descendimiento, realizado para la iglesia de Nuestra Señora de Extramuros de Lovaina y que custodia el Museo del Prado, y el Tríptico de Miraflores, obra que el rey Juan II de Castilla donó a la cartuja de Miraflores en Burgos y que ahora es propiedad de la Gemäldegalerie de Berlín. Estas tres obras, las únicas que desde fechas tempranas se encontraban en España y eran consideradas del autor, se reúnen en esta muestra por primera vez en la historia. A ellas se sumará uno de los grupos escultóricos del llamado Retablo de Belén de la iglesia de Santa María de la Asunción de Laredo realizado hacia 1440 en Bruselas para plantear una sugerente confrontación visual tanto entre las figuras de esta obra, muy similares a las del Descendimiento y el Calvario, como entre los pequeños relieves de las arquivoltas, semejantes a los del Tríptico de Miraflores.

Esta muestra plantea también la posibilidad de contemplar el mismo asunto iconográfico del Calvario en otras obras del artista o vinculadas a su taller como el Retablo de los Siete Sacramentos del Koninklijk Museum de Amberes, uno de los originales más exquisitos de Van der Weyden. La obra de inspiración a la versión del tema realizada por uno de sus discípulos directos, el Maestro de la Redención del Prado, llamado así por su obra cumbre, el Tríptico de la Redención, cuya tabla central, la
Crucifixión, puede contemplarse en esta exposición.

Asimismo, la muestra destaca la relevancia de los mecenas y coleccionistas contemporáneos del artista que estimaron sus creaciones. Se presentan los retratos de Felipe el Bueno y de su hijo Carlos el Temerario, que aparecen en un manuscrito florentino de tema histórico y que copian originales de Van der Weyden. Isabel de Portugal, esposa y madre de estos dos duques de Borgoña, fue también una importante mecenas de Rogier van der Weyden, como revela el retrato encargado al artista conservado en elJ. Paul Getty Museum de Los Ángeles y su comisión de un gran retablo para el monasterio de Santa María de la Victoria (Batalha), enviado a Lisboa en 1445. Este retablo, hoy destruido, es conocido únicamente por un dibujo de 1808 que puede igualmente apreciarse en la exposición. Del mismo modo, también se puede contemplar el tapiz que representa la Historia de Jefté, del Museo Diocesiano de Zaragoza, diseñado bajo modelos de Van der Weyden y que pudo pertenecer al condestable Pedro de Portugal (m. 1466) o a Juana Enríquez (m. 1468), madre de Fernando el Católico.

Las copias y versiones de obras de Van der Weyden fueron también muy estimadas desde muy pronto en la Península Ibérica. La Virgen con el Niño de Rogier, también llamada Virgen Durán del Prado, otra de las piezas destacadas de la muestra, era conocida en España en vida del artista pues fue muy copiada ya en el siglo XV, como ejemplificará la versión del Maestro de don Álvaro de Luna en Castilla. A su vez, Isabel la Católica encargó a su pintor de corte, Juan de Flandes, una copia del Tríptico de Miraflores para la Capilla Real de Granada, del que se podrá ver una de las tablas, prestada por el Metropolitan Museum de Nueva York
. El fuerte impacto de las creaciones de Van der Weyden en la Península Ibérica también tiene una presencia significativa en la muestra, visible en la obra del portugués Nuno Gonçalves y especialmente a través de las composiciones del escultor de origen flamenco Egas Cueman, de quien se presentan diversos dibujos para un sepulcro inspirados claramente en composiciones de Van der Weyden. Egas Cueman es también el autor de la excepcional escultura funeraria de Lope de Barrientos, confesor de Juan II de Castilla y obispo de Ávila, Segovia y Cuenca. La pieza en la que este artista mejor expresó su dominio técnico en el tratamiento de un material tan frágil como el alabastro, convirtiéndola en una de las joyas de la estética de la estética de Rogier van der Weyden en la Castilla del siglo XV, tan exquisita, que nunca había sido prestada anteriormente.

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