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Noticia

El Museo del Prado y la Fundación AXA presentan la más importante exposición celebrada en España sobre Georges de La Tour (1593-1652) Viernes, 19 de febrero de 2016

El Museo del Prado y la Fundación AXA presentan la más importante exposición celebrada en España sobre Georges de La Tour (1593-1652), artista olvidado después de su muerte y que fue rescatado por los historiadores de arte ahora hace un siglo. En Francia es considerado su artista más célebre del siglo XVII y, junto a Monet, Renoir y Cézanne, uno de los más populares de toda su historia.

La muestra está integrada por treinta y una pinturas del autor, número excepcional considerando que únicamente se conservan unas cuarenta pinturas de su mano, procedentes de prestigiosas instituciones internacionales como el Museo del Louvre, el J. Paul Getty Museum o el Metropolitan de Nueva York y el Fort Worth de Texas que aportan dos de las obras imprescindibles del francés, la Buenaventura y El tramposo del as de tréboles, respectivamente. Ha sido también fundamental para la realización de esta muestra la generosa contribución de museos provinciales franceses, propietarios de una importante selección de pinturas de este artista, y el hecho de que dos de las incorporaciones recientes a las colecciones del Prado (San Jerónimo leyendo una carta y Ciego tocando la zanfonía), hayan convertido a esta institución en referencia internacional para el estudio de la obra del maestro francés. 

El Museo del Prado y la Fundación AXA presentan la más importante exposición celebrada en España sobre Georges de La Tour (1593-1652)

Pie de foto de izquierda a derecha: Miguel Falomir,director adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado; Marina Chinchilla, directora adjunta de Administración del Museo del Prado; Andrés Úbeda,jefe de Conservación de Pintura Italiana y Francesa del  Museo del Prado y co-comisario de la muestra;  Jean-Paul Rignault, presidente de la Fundación AXA; Dimitri Salmon, colaborador científico del departamento de pinturas del Musée du Louvre y co-comisario de la muestra; Josep Alfonso Caro, director de la Fundación Axa; y Miguel Zugaza,director del Museo del Prado. Foto © Museo Nacional del Prado

El próximo 23 de febrero, el Museo del Prado abrirá al público, en la sala C del edificio Jerónimos, “Georges de La Tour. 1593-1652”, una exposición, patrocinada por la Fundación AXA, que permitirá al visitante explorar su personalidad artística, tanto en el tratamiento realista de personajes humildes como en sus delicadas escenas religiosas. 

Ahora que se cumple un siglo de su recuperación gracias a la publicación de un artículo del historiador Hermann Voss en la revista alemana Archiv für Kunstgeschichte, el Museo del Prado reúne treinta y una de las cuarenta obras conservadas de este artista lorenés. Antes de su “descubrimiento” en 1915, sus obras conocidas eran atribuidas a pintores nórdicos (sobre todo sus célebres nocturnos) y a pintores españoles, principalmente Zurbarán, Ribera o Velázquez. El San Jerónimo leyendo una carta del Prado, por ejemplo, porta en el reverso la inscripción: “Zurbaran”, a quien sin duda fue atribuido y que constituye la probable causa de que recalara en una colección española.

Esta exposición realiza un recorrido cronológico por la trayectoria profesional de La Tour que está directamente relacionada con los acontecimientos históricos de su tiempo.

La exposición

La personalidad artística de Georges de La Tour ha sido descubierta recientemente. Poco se sabe de su primera formación en la ciudad católica de Vic-sur- Seille, en la Lorena francesa, que debió concluir hacia 1610, en torno a los 17 años. La documentación posterior lo muestra como un pintor acomodado en lo económico, desabrido en lo personal y reconocido en lo profesional, alcanzando en el culmen de su carrera el nombramiento de pintor de Luis XIII.

La Tour vivió en un momento crítico para la historia de la Lorena que finalizó con la pérdida de la independencia política del ducado. En estas adversas condiciones concibió una pintura dotada de lirismo sorprendente, sobre todo en sus escenas nocturnas, casi todas ellas religiosas. Son pinturas de colorido casi monocromo y formas monumentales, impregnadas de soledad y silencio.

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