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El Prado expone por primera vez El vino de la fiesta de San Martín de Pieter Bruegel el Viejo Martes, 13 de dicieMbre de 2011

La singular obra de Pieter Bruegel el Viejo adquirida por el Museo del Prado a finales de 2010 gracias a una dotación extraordinaria aportada por el Ministerio de Cultura, se exhibe por primera vez en las salas del Museo tras concluir su largo y laborioso proceso de restauración. Confirmada como obra Bruegel el Viejo en la primera fase de su intervención en los talleres del Prado, abordada para estudiar la obra antes de su posible compra, El vino de la fiesta de San Martín ha sido sometida desde entonces a la parte más difícil de su restauración, patrocinada por la Fundación Iberdrola como miembro protector del programa de restauraciones del Museo. Con el fin de subrayar la importancia tanto de la propia adquisición como del delicado proceso realizado sobre la obra para su estabilización y la recuperación de su textura y colores originales, el Prado ha optado por presentarla por primera vez al público de forma aislada y con una instalación especial durante algo más de tres meses.

El Prado expone por primera vez El vino de la fiesta de San Martín de Pieter Bruegel el Viejo

El vino de la fiesta de San Martín después de la restauración

El Museo del Prado muestra al público, por primera vez, El vino de la fiesta de San Martín, obra de Pieter Bruegel, el Viejo, la figura más importante de la pintura flamenca del siglo XVI. Recientemente incorporada a sus colecciones y una vez concluida su restauración, la obra se exhibirá temporalmente en la sala D del edificio Jerónimos, hasta el 25 de marzo. Además de destacar la excepcionalidad de la identificación y adquisición de una obra de Pieter Bruegel el Viejo (del que se conocen 41 pinturas) en nuestros días y la importancia de la obra en sí, la presentación de la misma en este espacio, junto a su radiografía y un video explicativo de su restauración, permitirá al público conocer los momentos claves del complejo proceso y poner en valor el resultado final de la intervención.

La identificación de El vino de la fiesta de San Martín como obra autógrafa de Pieter Bruegel el Viejo ha sido uno de los descubrimientos de mayor relevancia que se ha realizado en muchos años respecto a la obra de este gran pintor flamenco, cuya figura supera incluso a Quintin Massys y Joachim Patinir, artistas que, junto a él, conforman la triada de pintores flamencos más destacada de su centuria. Con su incorporación a las colecciones del Prado, el Museo suma una de las composiciones más geniales y complejas de Pieter Bruegel el Viejo a la única pintura del artista que hasta ahora atesoraba en sus colecciones y única también que se conserva en España, El triunfo de la muerte (cat. 1393, Museo Nacional del Prado. Óleo sobre tabla, 117x162 cm.; h. 1562), obra maestra del pintor procedente de la Colección Real.

  • Visor interactivo: El vino en la fiesta de San Martín antes y después de la restauración
  • Restauración de El vino en la fiesta de San Martín

La obra

El vino de la fiesta de San Martín, Pieter Bruegel el Viejo. 1566-1567. Temple de cola sobre lienzo. 148 x 270,5 cm.

La obra es una sarga o tüchlein pintada con temple de cola sobre una tela sin preparación, siguiendo una técnica habitual en Flandes en los siglos XV y XVI, aunque sobreviven relativamente pocos ejemplares. El soporte original de la pintura es lino con ligamento de tafetán, una tela sumamente fina y regular, de color claro, muy utilizada en esa época. Sobre la tela sólo se ha aplicado un apresto de cola de origen animal, forma de trabajar habitual en las sargas, que se solían colgar en la pared sin bastidor. La factura de la pintura es muy sencilla, con una o dos capas de pintura, dado que el temple de cola no permite empastar o el uso de veladuras y apenas presenta dibujo subyacente, debido a la forma en que se ejecutan estas sargas, directamente, a la prima.

En esta sarga se representa la fiesta del vino de San Martín. El 11 de noviembre, festividad del santo, se comía la oca de San Martín –coincidiendo con la matanza de otoño-. La víspera se degustaba el primer vino de la nueva estación, denominado vino de San Martín. Precisamente la coincidencia de la fiesta con el fin de la vendimia, en pleno otoño, asociaba con las celebraciones del santo una distribución de vino al pueblo, que tenía lugar fuera de las puertas de la ciudad. De esta manera, pese a la presencia de san Martín a la derecha, no es un cuadro religioso ni una obra de devoción, aunque tampoco una escena de género. Lo que centra la representación es la celebración de la fiesta dedicada al santo tal como tenía lugar en Flandes y en los países germánicos en esa época, casi una bacanal, preludio del carnaval en los meses de invierno. Se pone de manifiesto en ella la tensión irónica entre la caridad de san Martín –vestido como un caballero a la moda desde el siglo XV- y los excesos de la fiesta que lleva su nombre.

Avanzado el otoño, con muchos árboles sin hojas, fuera de la puerta de la ciudad –arquitectura que recuerda la Puerta de Hal de Bruselas- y próximo a las casas de la campiña, se ha dispuesto en el centro un enorme tonel de vino, que Bruegel pinta de rojo, sobre un andamio de madera. En torno a él se amontonan personajes de muy distinta condición: hombres -jóvenes y viejos- y también mujeres -algunas con niños-, campesinos, mendigos, y ladrones, todos tratando de obtener la mayor cantidad posible de vino. Mientras algunos que han conseguido llenar sus recipientes tienen ya sus pies en el suelo, otros, en su intento por lograrlo, se abrazan a las vigas, se tumban sobre el tonel o se inclinan con evidente riesgo de caer para recoger un chorro del vino que sale del tonel en toda clase de recipientes, sin excluir sombreros o zapatos. El efecto que logra Bruegel, que hace gala de su enorme maestría a la hora de componer y lograr encajar a todas las figuras –en torno a cien-, es el de una montaña formada por una humanidad que se deja llevar por la gula, una especie de Torre de Babel compuesta por bebedores. De forma intencionada, Bruegel opone el círculo que conforma el grupo central en torno al tonel de vino con la disposición piramidal, mucho más estable, del grupo en el que se reproduce la caridad de san Martín, a la derecha. La composición se completa en el lado opuesto, a la izquierda de la sarga, con las figuras que se dejan llevar por los efectos del vino. El pintor plasma lo que les sucede a los que, al contrario que el santo, se han visto arrastrados por el pecado de la gula en lugar de por la virtud, como el personaje que está a punto de vomitar y el que yace en el suelo sin conocimiento sobre sus vómitos, los dos hombres peleándose o la mujer que ofrece vino a su bebé.

Identificación y adquisición

En noviembre de 2009, ingresó en el Museo del Prado a través de Sotheby's, Madrid, la sarga de El vino de la fiesta de san Martín, procedente de una colección particular española, con la atribución a Pieter Bruegel el Viejo para su estudio y posible compra. Los análisis técnicos fueron decisivos para reconocer en esta obra la singular grafía del pintor enmascarada por una gruesa capa de barniz de poliéster cuya eliminación permitió identificar su mano en superficie, confirmando la autoría de Bruegel, de la que no existe duda tras la aparición de la firma del pintor en septiembre de 2010, facilitando la adquisición de la obra que se llevó a cabo a finales de ese mismo año para formar parte de la colecciones del Prado.

Restauración

Tras las primeras intervenciones que descubrieron la firma del pintor, fragmentaria y desgastada, así como los restos de la fecha en números romanos, "MDL […]", Elisa Mora, responsable de esta restauración, continuó con el procedimiento para recuperar la textura original de la tela y eliminar los pliegues y abultamientos que se habían producido por los efectos de inadecuadas restauraciones. Se procedió a despegar los bordes añadidos del perímetro, liberar de estucos y repintes a la tela y eliminar los injertos colocados en rotos y agujeros. Tras esta operación, se retiró el reentelado y la gacha que unía el forrado a la tela original con un sistema de humidificación controlada. Mientras se llevaba a cabo esta lenta y delicada tarea, también se reemplazaron los injertos antiguos por pequeñas piezas de tela muy semejantes a la original y se reforzaron todas las zonas debilitadas localizadas en el reverso. Para concluir el tratamiento del soporte, se adhirieron bordes en todo el perímetro y se colocó la sarga en un telar metálico para corregir las deformaciones. Sobre el bastidor, y antes de clavar la tela sobre él, se montó un 'reentelado flotante' que sirve de apoyo y protección sin adherirse a la sarga original.

La reintegración de la capa pictórica se comenzó cubriendo las pérdidas de color de mayor tamaño con la finalidad de recobrar visualmente la composición, ajustando progresivamente su tonalidad, utilizando en éste retoque pigmentos aglutinados con resina. El color en este proceso se ha aplicado con una textura cercana a la que tuvo la obra, consiguiendo recuperar de esta forma el tono y luminosidad originales.

A medida que iba avanzando el proceso de limpieza, la composición, pese a su complejidad, se hacía cada vez más comprensible al ojo del espectador, se descubrían nuevos detalles e iba ganando en claridad tanto su conjunto como los grupos de figuras y recupera el paisaje profundidad y calidad la ejecución. Ahora la técnica de ejecución de Pieter Bruegel el Viejo al aplicar los contornos negros, y sus característicos toques de pincel se aprecia mejor. Recursos como el dibujo del sombreado mediante trazos paralelos y cruzados para lograr el volumen de las figuras, como se ve en la madre con el hijo del extremo izquierdo de la composición. También se ha recuperado color, sobre todo los tonos rojos, que constituye un elemento de gran importancia compositiva en la obra, junto con los amarillos y los azules, siempre relevantes en las obras de Bruegel.

Pese a que Bruegel el Viejo pudo haber hecho un dibujo previo a la realización de esta composición a la prima, y así pintar con la seguridad que le caracteriza, no por ello dejó de introducir variaciones –aunque sean escasas-, que se aprecian al eliminar suciedad y barnices en la superficie pictórica. Sin duda el 'arrepentimiento' más significativo que llevó a cabo en la fase de color es el que afecta al personaje que bebe en la zona superior de la cuba, en un principio, ocupaba menos espacio en profundidad, Bruegel había pintado a este personaje con una camisa blanca, después, al hacer más profundo el barril rojo, cubrió con este color el blanco de la camisa, que ahora se transparenta desde el fondo. Además de éste, se pueden apreciar otros 'arrepentimientos' de Bruegel en la fase de aplicación de color, como el desplazamiento del morro del caballo o la pezuña izquierda, que Bruegel varía retrasándola ligeramente.

Concluido el proceso de restauración –difícil y muy laborioso-, los resultados obtenidos han superado las expectativas más optimistas, al haber podido recobrar la textura y los colores originales. Gracias a ello, se ha podido recuperar esta obra maestra en la que Pieter Bruegel el Viejo ha hecho gala de su genialidad al idear y materializar esta composición.

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