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Estudio técnico y restauración

Restauración de La era o El verano, de Goya Goya y Lucientes, Francisco de 13 de julio de 2015

La restauración de esta obra maestra desvela la técnica pictórica sutil y compleja que ha alcanzado Goya en esta fase de su carrera, impartiendo en este cuadro una autentica lección de pintura.

Restauración de La era o El verano, de Goya

La era, o El Verano. Francisco de Goya y Lucientes. 1786. Óleo sobre lienzo, 276 x 641 cm.

Patrocinada por:
Fundación Iberdrola

La restauración

La tonalidad apagada y oscura de la obra provocada por la fuerte oxidación de los barnices de resina natural que cubrían la superficie hizo necesario acometer la restauración de La era, trabajo que se realizó en las mismas salas de exposición dadas sus grandes dimensiones (2,76 x 6,41m.).

Como su estado de conservación era bastante bueno, el principal objetivo de esta restauración era la eliminación de las densas capas de barniz oxidado que ensombrecían la riqueza cromática de la pintura, ocultando la gran variedad de recursos técnicos característicos del genial artista.

La limpieza del cuadro ha permitido recuperar el cielo azul intenso, brillante y transparente característico de los cartones de Goya. Al descubierto queda ahora la luz del verano con las nubes claras y algodonosas, al tiempo que son visibles en el extremo derecho del cuadro, las nubes grises que anuncian la inminente tormenta. Los rostros enrojecidos de los hombres que caen exhaustos por la risa o el del pobre individuo al que sus compañeros emborrachan con vino han recuperado la intensidad de los tonos y la fuerza expresiva con los que Goya narra los hechos.

Por otro lado, esta limpieza deja al descubierto la gran variedad de recursos técnicos que caracterizan el lenguaje pictórico de Goya. Se aprecian así los distintos tipos de pincelada, amplia y enérgica en el cielo, donde aplica la pintura espesa para dejar el surco de la brocha en la superficie, creando un relieve táctil y vibrante. Para pintar el trigo arrastra un pincel más fino pero cargado de materia, que va descargándola en el recorrido de la pincelada consiguiendo el relieve de las espigas.

La superficie pictórica ahora nítida y transparente, permite apreciar también el uso que hace de la preparación roja, presente en la superficie como tono medio. Goya la deja sin cubrir en aquellos puntos donde le interesa utilizarla para separar elementos de la composición, como se puede ver en el personaje que duerme sobre el trigo, donde una línea roja de la preparación recorre el contorno de su pecho para distanciarlo de su cuello y del personaje que está detrás. Muy interesante también, es la sombra de la gran montaña de gavillas elaborada con veladuras muy ligeras aplicadas sobre la preparación roja, al igual que crea el volumen en el escorzo del caballo que está de pie a base de color muy líquido que deja entrever la base rojiza.

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