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Blay y Fábrega, Miguel

Olot, Gerona, 04-10-1866 - Madrid, 22-01-1936

Miguel Blay y Fábrega nació el 4 de octubre de 1866 en Olot. Su juventud estuvo marcada por una fuerte tradición artística de escultura religiosa en esa ciudad, y condicionada por la estética de una empresa, "El Arte Cristiano", fundada en 1880 y vinculada a la Escuela Pública de Dibujo, donde se formó junto a José Berga (1837-1914). Este, abnegado maestro y a quien Blay apreció mucho, le abrió los ojos al mundo del arte. Entró como aprendiz en esa fábrica artesanal con catorce años, y allí, en el taller de santos que dirigían Berga y los hermanos Vayreda, dio sus primeros pasos.
Pero Blay necesitaba avanzar; le faltaba poder jugar con la luz, abrirse a nuevos asuntos y ensayar otras formas expresivas, puesto que ya dominaba la talla de santos. Su primera oportunidad le llegó al obtener una beca en 1888 concedida por la Diputación de Gerona y encaminar sus pasos a París, por consejo de Antonio Cava, director de la Escuela de Bellas Artes de Barcelona.
Los principios fueron difíciles al no hablar francés y tener que vivir de manera ciertamente austera para mandar parte del dinero de la beca a sus padres.
Durante un tiempo combinó la enseñanza reglada de la Escuela de Bellas Artes de París, en la que ingresó en 1889, con las clases de dibujo en la "Académie Julian", escuela privada de pintura fundada en 1867 por el pintor Rodolphe Julian.
París le descubrió las sinuosas formas rodinianas y el mundo de la medalla, así como una nueva forma de mirar de la mano de los escultores Henri Chapu (1833-1891), su maestro, y de Constantin Meunier (1831-1905), que tanto le influiría. Pronto se iniciaron los reconocimientos oficiales, pues en 1891 recibió el Diploma Honorífico de la Exposición General de Bellas Artes de Barcelona.
A finales de 1891 Blay decidió no prolongar su estancia en París y, después de una estancia en Olot, optó por disfrutar de la prórroga de su beca en Roma, en busca de las claves de la escultura clásica, renacentista, barroca y neoclásica. En sus primeros momentos en Roma asumió las formas aprendidas de la gran escultura y las adaptó a sus propios proyectos.
Sorprende que una de sus obras de juventud más significativas, el grupo en escayola "Contra el invasor", su tercer envío a la Diputación de Gerona en octubre de 1891, muestre un profundo conocimiento de la obra de Bernini y un paralelismo innegable con el David de este maestro barroco, ya que, según parece, Blay llegó a Roma después de haberlo entregado. Es posible que su maestro Chapu, que había completado su formación en la Ciudad Eterna, le sugiriera el planteamiento y le hubiera facilitado información, fotos y grabados de la obra berniniana, o bien que hubiera conocido en París reproducciones tridimensionales de esa escultura.
Trabajó en Roma también en composiciones sobrias, con una preocupación social y unos planteamientos, compartidos con otros grandes artistas del momento como Joaquín Sorolla o Ramón Casas, que buscaban la expresión, con realismo y crudeza, de los sentimientos de abandono. Esa actitud inequívoca es la que se manifiesta en el grupo "Los primeros fríos", donde lo emocional cobra todo su sentido y la verdad desnuda llega al espectador. Con este grupo de dos figuras desnudas, obtuvo la Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1892. Fue su verdadera presentación en la sociedad artística madrileña, que apreció, sin duda, su lenguaje directo y franco (en relación con esta obra, vid. Museo del Prado, E793).
Fueron años gratificantes para Blay, pero también duros por la pérdida de su padre en 1895 a causa de un accidente laboral, lo que hizo que aún se esforzara más por ayudar económicamente a su madre.
La relación de Blay con miembros de la alta sociedad española le reportó a lo largo de su vida encargos y satisfacciones, y entre ellos encontró la especial protección de la mecenas Trinidad von Scholtz Hermensdorff (1867-1937), señora de Iturbe por su primer matrimonio en 1888, y duquesa de Parcent tras quedar viuda en 1904 y volver a casarse en 1914. Se trataba de una dama de gran sensibilidad artística, culta y activa, a la que Blay retrató en diversas ocasiones.
Uno de los proyectos monumentales más importantes en la carrera de Blay, en este caso de tipo funerario y en París, fue el encargado en vida por Ramón de Errazu Rubio (1840-1904), mecenas y coleccionista perteneciente a una familia de grandes empresarios españoles que hicieron fortuna en México y que se afincó en la ciudad francesa. Errazu había encargado su propio panteón para el cementerio de Père-Lachaise al escultor francés Mathieu Meusnier (1824-1896), quien hizo el diseño arquitectónico y una propuesta de esculturas. Sin embargo, Errazu quedó disconforme con el resultado de la parte escultórica: encontraba las esculturas de mármol de poca calidad y, habiendo fallecido el escultor sin completar el proyecto, decidió en 1898 encargar a Blay cuatro grupos para enmarcar su túmulo funerario, con la representación de las virtudes teologales y la alegoría de la Inmortalidad, así como el gran escudo de armas en la puerta de acceso. Los grupos escultóricos tienen tanta calidad que Blay expuso en París en 1899, en escayola, los de la "Fe y la "Esperanza", y los cuatro, "Fe", "Esperanza", "Caridad" e "Inmortalidad", ya fundidos en bronce, en la Exposición Universal de 1900.
Esa Exposición Universal de París fue un verdadero hito en la trayectoria de Blay y, entre las obras presentadas, se pudo contemplar su grupo "Al ideal" (Museo del Prado, E941), en el que mostraba ya otro tipo de inquietudes en el ámbito del movimiento simbolista. No era fácil ni habitual que un español lograra ese galardón, pero ese año fueron dos los escultores de esa nacionalidad los que lo alcanzaron: Blay y Mariano Benlliure (1862-1947).
Pero París no era solo su ciudad de adopción. Aunque durante esos años no dejó de estar presente en otros certámenes españoles e internacionales, en esa ciudad figuraba como residente en 1894, y domiciliado desde 1898 con casa y taller en el número 5 del Passage Saint-Ferdinand en la localidad cercana de Neuilly-sur-Seine. Además en 1895 se casó con una joven francesa de veintitrés años, Berthe (Berta) Pichard Moreau.
La serenidad y la seguridad que le daba su experiencia artística parisina, completada y tamizada por el conocimiento del mundo clásico, renacentista, barroco y neoclásico adquirido en Italia, se veían reforzadas por la asimilación de las claves expresivas de algunos grandes maestros contemporáneos, y muy especialmente del escultor belga Constantin Meunier, un referente esencial del reflejo del mundo industrial y obrero a través de la escultura, en la que él plasmó una visión social, realista y descarnada.
En esta línea Blay modeló, por encargo del Ayuntamiento de Portugalete, una de sus grandes composiciones, el monumento a Víctor Chávarri, realizado en memoria del destacado inversor y empresario vasco, fallecido en 1900, con cuarenta y seis años, que había desarrollado e inaugurado, entre otros, grandes proyectos en el campo de la minería y el ferrocarril.
En París por entonces no le llegaban suficientes encargos, ya que tenía que mantener a una familia de cuatro hijos. Así, aunque su experiencia parisina había sido magnífica, viendo que las oportunidades en Madrid se incrementaban, decidió volver a su patria e instalarse en la capital en 1906, donde fue muy bien recibido.
En Madrid recibió tanto encargos de tipo oficial como de la nobleza y la burguesía, con las que ya había tenido contacto. Uno de ellos, del que ya había iniciado diversos bocetos en 1902, fue el espectacular grupo de "La Paz", concebido para un proyecto coral en el que trabajaron los más importantes escultores del momento: el gran monumento a Alfonso XII levantado en el madrileño parque del Retiro, diseñado por el arquitecto José Grases, que se dilató mucho en el tiempo y no se concluyó hasta 1922.
Aunque instalado en Madrid, Blay mantuvo siempre relaciones con el ámbito cultural catalán y colaboró con importantes arquitectos de allí. En 1906 en el Palau de la Música Catalana de Barcelona, esculpió el grupo "La canción popular".
1908 fue el año de su total consolidación en el panorama escultórico español, al obtener la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes con "Eclosión" (Museo del Prado, E788), aunque tras una doble votación, pues en la primera vuelta, a pesar de tener la mayoría de los votos, no alcanzaba el total necesario, que consiguió en la segunda, tras la retirada voluntaria de los también candidatos Eliseo Meifrén y Santiago Rusiñol, que le dejaron el camino completamente despejado como candidato único.
Su plena madurez artística le fue reconocida con el nombramiento de académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1909, para cubrir la vacante dejada por el escultor Juan Samsó. Tomó posesión el 22 de mayo de 1910. Su discurso, que tituló "El monumento público", fue un texto de reflexión sobre la escultura en el que mostraba sus convicciones y los valores que consideraba esenciales.
Ese año de 1910 obtuvo la plaza de Modelado del Natural y Composición en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de la Real Academia, primero como interino y a los pocos meses como profesor numerario: ese cargo le proporcionó muchas gratificaciones por su implicación con los alumnos y su afable trato con ellos. De hecho, llegó a ser director de esta Escuela en 1918.
En paralelo, durante esos años su interés por Iberoamérica fue creciendo, y en muchas de sus manifestaciones demostraba un sincero y afectuoso sentimiento por sus naciones. Para la ciudad de Buenos Aires realizó el monumento al prócer Mariano Moreno, inaugurado en 1910, y el dedicado a los fundadores de la Facultad de Medicina, comisionado en 1911. En noviembre de 1911 Blay recibió el homenaje del Club Español de Buenos Aires, donde hoy se conservan su gran relieve titulado "La intelectualidad y el trabajo", un busto de Carlos Casado del Alisal y la medalla "Pro España". De otras provincias argentinas también recibió encargos, como el monumento dedicado a san Francisco Solano, en Santiago del Estero, de hacia 1912-14, o los dos levantados en 1912 y 1914 en honor del coleccionista de arte y estanciero bonaerense Ramón Santamarina, en Tandil.
En diciembre de 1918 se inauguró en Montevideo el monumento más complejo seguramente que Blay había acometido, dedicado a José Pedro Varela (1845-1879). Varela fue un periodista, político y pedagogo uruguayo a quien se homenajeaba por su defensa de la educación como medio para igualar a todas las clases sociales, y de la ilustración del pueblo como "locomotora del progreso". Blay recibió este encargo en 1911, financiado con una aportación del Estado junto con el dinero recaudado por suscripción popular.
En 1919 realizó el retrato póstumo de su hijo "Miguelito" (Museo del Prado, E940).
Durante el mes de mayo de 1925 el Museo de Arte Moderno le dedicó en Madrid una exposición homenaje, y ese mismo año fue nombrado director de la Academia Española de Bellas Artes de Roma, decisión que se valoró muy positivamente en el ambiente cultural. En 1929 presentó un proyecto de modificación de los estatutos que hubiera agilizado la gestión de esta institución si se hubiera puesto en marcha, y se ocupó de la restauración del templete de San Pietro in Montorio de Bramante, en la que colaboró su propio hijo Jaime.
Debido a importantes desencuentros con los pensionados, afectados por las obras de ampliación y reforma y por desajustes internos, lo que les llevó a una situación de enfrentamiento, que provocó su dimisión en enero de 1932. Quería volver a Madrid a dedicarse a la enseñanza, por lo que solicitó su reingreso en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado. Se le concedió el 7 de marzo de 1932, como señala la "Gaceta de Madrid" de ese día, a la cátedra de Modelado del Natural y, por acumulación, a la de Grabado en Hueco.
Sus últimos trabajos se encuentran en fachadas madrileñas: la decoración exterior del edificio del Tribunal Supremo en sus dos frentes con sendas alegorías de la "Justicia" y la "Ley" amparándose en la "Equidad" y el "Derecho" -diseñadas en su estilo personal, con cuerpos muy rotundos- y, por último, el grupo de la fachada del Banco Vitalicio y el león de cinco metros que está encima de la puerta de este edificio en la calle de Alcalá, en el que estaba trabajando cuando la muerte le sorprendió y que probablemente se talló posteriormente a partir de un boceto suyo.
El 22 de enero de 1936, una semana después de haber sufrido un derrame cerebral, Blay falleció a los setenta años. El 4 de mayo de 1942 la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando inauguró una exposición de obras del artista.
Blay definió su propio camino escultórico -sobrio, moderado y elegante- obviando la gestualidad en favor de la naturalidad, modelando el movimiento sin afectación ni desmesura, con ritmos delicados, sugerentes y armónicos, buscando la belleza que emociona. El público y los artistas así lo reconocieron, y el otro escultor más importante del momento, Mariano Benlliure, recogió en su necrológica que fue definido como "el príncipe de la elegancia y la corrección". Consiguió su meta y se consagró como un gran maestro que ennobleció la escultura (Azcue, L.: Solidez y belleza. Miguel Blay en el Museo del Prado, Museo Nacional del Prado, 2016, pp. 4-21).

Obras (24)

Academia. Desnudo masculino
Lápiz compuesto sobre papel verjurado, Hacia 1891
Blay y Fábrega, Miguel
Academia. Desnudo masculino
Lápiz compuesto sobre papel verjurado, 1891
Blay y Fábrega, Miguel
Desnudo de mujer sentada con paipay
Lápiz compuesto sobre papel verjurado, 1893
Blay y Fábrega, Miguel
Retrato de muchacho
Carboncillo sobre papel verjurado, 1893
Blay y Fábrega, Miguel
Desnudo de mujer sentada
Carboncillo sobre papel verjurado, 1893
Blay y Fábrega, Miguel
Apunte de un hombre dormido
Lápiz compuesto sobre papel verjurado, 1894
Blay y Fábrega, Miguel
Muchacha sentada
Carboncillo sobre papel verjurado, 1894
Blay y Fábrega, Miguel
Apunte de un joven sentado
Lápiz compuesto sobre papel verjurado, 1894
Blay y Fábrega, Miguel
Apunte de muchacho de pie
Carboncillo sobre papel verjurado, azulado, 1903
Blay y Fábrega, Miguel

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